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ABC VIERNES 7 4 2006 Espectáculos 59 V de Vendetta El cine amplifica la subversión del cómic original EE. UU. 132 m. Director: James McTeigue Intérpretes: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea E. RODRÍGUEZ MARCHANTE C La actriz tuvo que raparse la cabeza durante el rodaje de la película Uves encadenadas ANA MERINO n 1981, cuando el británico Alan Moore no sabía realmente si una gran guerra nuclear terminaría con el planeta, se imaginó la historia de un mundo desolado por una posguerra radiactiva donde los habitantes del viejo Londres se resignaban a subsistir bajo el mandato feroz de una siniestra dictadura fascista. V de Vendetta inventada por Moore, fue dibujada por el también británico David Lloyd. Tuvo dos etapas que muestran los anhelos narrativos por los que pasó Alan Moore tratando de hacer de esta pieza una serie continuada. La Revista Warrior a partir de 1982 y hasta su cierre en 1985, fue publicando la historia de un hombre E enmascarado que jugaba con las uves y homenajeaba con su disfraz a Guy Fawkes. En 1988 recuperaron la historia para concluirla, darle color y acomodarla junto a otras obras claves del propio Moore. Las piruetas de palabras o las alusioGran Bretaña se nes al universo encuentra con un de la literatura dialogan con los rostro fantasma fuegos de artifidel siglo XVII que ciales y las hogueras que dibujan transforma la las noches del cinvenganza y la co de noviembre, anarquía en un cuando se evoca argumento para a un Guy Fawkes vengativo que la resistencia juntaba barriles de pólvora para volar el parlamento británico. La ficción de una pesadilla futurista en torno a 1997 muestra un mundo que se deshace en la bisagra del cambio de siglo. La Isla de Gran Bretaña se encuentra con un rostro fantasma del siglo XVII que transforma la venganza y la anarquía en un argumento para la resistencia. La firma de una V enmarcada en un círculo parece querer ser una voz libre en una época de pensamientos manipulados y deseos torturados. A su vez, los sentimientos y las pasiones habitan en la mirada transparente de una joven que reconoce la dolorosa verdad de su tiempo en el abismo del miedo, y no se asusta. uando el tiempo no es un peso sino un alivio para una obra o una película, es que hay algo de perfección en ella, un elemento digamos inoxidable por no caer en el tópico de lo eterno. V de Vendetta es una película que corre con el tiempo a favor, hasta el punto de que hoy en día tiene un mayor (tal vez, incluso otro) significado que en los días en que se construyó la historia original (por el extravagante Alan Moore a principios de los ochenta, cuando reinaba en Londres Margaret Thatcher) Lo que entonces podía ser pura provocación hoy tiene ya reverberaciones de profecía o, para muchos, de indignidad, pues ese hecho de Londres como ciudad volada es ya también pasado. En el corazón de esta trama vive una idea profundamente insurrecta: la voladura del Parlamento británico, esencia de nuestra esencia y principio y fin del modo de ver y medir el mundo a este lado del Mississippi. Aunque esta historia propone esa subversión desde el mismo lado en el que se encuentra la virtud, pues quien pretende volarlo es el héroe de nuestra historia, y mezcla en ella (en realidad, hace barro) la tradición del pasado con la máscara de Guy Fawkes y la sospecha de un futuro intratable en el que la seguridad devore a la libertad. Se ha promocionado esta película como un producto de los hermanos Wachowski que ha dirigido James MacTeigue, todos ellos responsables de Matrix En mi opinión, V de Vendetta tiene mucho más peso ideológico, más densidad y reflexión, y aunque comparte con aquella algunos puntos clave en lo tocante a la estética, al diseño o a la indefinición de los héroes, ésta que firma James MacTeigue presenta una invitación directa a la confrontación de ideas en una misma cabeza. Y no se puede mecionar esta palabra sin referirse a su protagonista, Natalie Portman, que se hace un rapado peladilla ante la cámara. ¡Volar el Parlamento británico! una idea que es pura dinamita ahora en el caos de símbolos en que vivimos, y la película coloca el punto de vista, es decir, al espectador, en el lado de los dinamiteros: impresionante osadía ideológica en esta perfecta mezcla de la acción y la reacción, que aúna el espectáculo con la maquinaria de la razón, y que presenta un escaparate de personajes magníficamente interpretados por Stephen Rea, John Hurt, Stephen Fry, la mencionada Portman y el sigiloso Hugo Weaving detrás de la careta sonriente de la subversión.