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ABC VIERNES 7 4 2006 Sociedad 53 Ciencia Descubren en Pakistán pruebas de cirugía dental avanzada en plena Edad de Piedra Once muelas perforadas con un taladro hace 9.000 años revelan una técnica sofisticada b Los dientes pertenecieron a nue- ve individuos adultos que fueron operados en vivo, sin anestesia y usando un taladro de piedra diseñado para hacer adornos JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. No hace falta remontarse a la prehistoria para recuperar mentalmente la desagradable imagen de una boca sin dientes, o con un gran número de piezas agujereadas, renegridas o desgastadas por el uso. Basta con retroceder apenas unas décadas para encontrar esa imagen repetida una y mil veces, en personas de ambos sexos y cualquier edad, tanto en zonas rurales como en los principales centros urbanos de todo el mundo. En numerosas culturas, hoy en día, la pérdida de la dentadura sigue estando íntimamente asociada a la imposibilidad física de seguir alimentándose. Imposibilidad cuya única salida es, a menudo, la muerte del individuo que la padece. Por eso, la evolución de la cultura humana se puede medir, también, por su capacidad para elaborar alimentos más y más fáciles de masticar e ingerir, lo que redunda en una garantía extra de supervivencia para los individuos menos capacitados de cualquier sociedad. Así, de las duras carnes que consumían crudas nuestros antepasados cazadores se fue pasando a las más tiernas piezas cocinadas de mil formas posibles. Y la masticación (ruinosa para dientes y muelas) de cereales y raíces en estado salvaje fue dejando paso al consumo mucho más civilizado de alimentos molidos y fácilmente asimilables, como panes, galletas y pastas, todo de alto contenido energético. No resulta extraño, pues, que el cuidado de la boca haya sido, desde siempre, una prioridad para el ser humano. Y que las técnicas para preservar la funcionalidad de las piezas dentales hayan empezado a desarrollarse casi al mismo tiempo que la agricultura. En su artículo, los investigadores describen con todo detalle el hallazgo, en un cementerio neolítico en Mehrgarh, en Pakistán, de once coronas molares perforadas con un taladro de pedernal. Las piezas pertenecieron a nueve individuos adultos (cuatro mujeres, dos hombres y otros tres de género aún sin determinar) que, además, fueron operados en vivo, sin anestesia y utilizando una herramienta que originariamente estaba pensada para diseñar piezas ornamentales. La técnica usada por estos primitivos dentistas permitía su aplicación tanto en el maxilar (cuatro de los once molares) como en la mandíbula. Los orificios tienen diámetros comprendidos entre 1, 3 y 3,2 milímetros y profundidades que oscilan entre los 0,5 y 3,5 milímetros, lo que es suficiente para dar una idea de la pericia de sus autores. Marcas de taladro El estudio más detallado de estas pequeñas cavidades, realizado con microscopio electrónico, revela formas cónicas, cilíndricas o trapezoidales, en cuyas paredes, además, son visibles las marcas dejadas por el taladro. El molar de por lo menos uno de los individuos muestra signos evidentes de que después de taladrar, el paciente fue sometido a otra serie de delicadas operaciones realizadas con instrumental especializado. En todos los casos, las marcas de desgaste de los molares confirman que las perforaciones se realizaron sobre personas vivas, que continuaron masticando con normalidad después de la intervención. El director del estudio, Roberto Macchiarelli, explica que cuatro de los dientes mostraban señales de caries asociadas al agujero, lo que demuestra que la intervención en algunos casos podía haber sido terapéutica o paliativa A pesar de que no se ha conservado ningún relleno, Macchiarelli cree muy probable que los agujeros se taparan con algo, porque en caso contrario habría sido muy doloroso. Los investigadores descartan la posibilidad de que las perforaciones se hicieran por motivos estéticos o decorativos ya que los molares agujereados se encuentran en la zona posterior de la boca y resultan, por lo tanto, invisibles para otras personas. Tres mil años de diferencia Ahora, un grupo de investigadores italianos, franceses y mexicanos ha conseguido rizar el rizo y demostrar con sólidas pruebas la existencia de una sofisticada cirugía dental en plena Edad de Piedra, hace 9.000 años, mucho antes de lo que se pensaba. Hasta ahora, las únicas pruebas de una actividad similar se reducían a unos pocos casos aislados, realizados tres mil años antes de los que aparecen publicados esta semana en Nature Técnica al descubierto. dLas imágenes sobre estas líneas muestran dos perforaciones hechas en vivo. Arriba (a) foto de los agujeros, con diámetros de 1,6 y 1,3 milímetros, respectivamente. La imágen de microscopio electrónico (b) muestran el negativo de las perforaciones y revelan detalles de su forma. Una reconstrucción tridimensional de la pieza dental (c) permite, además, calcular con exactitud el volumen de material dental eliminado. Cuatro de los dientes muestran caries asociadas al agujero, prueba de que se curaban