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ABC VIERNES 7 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL ZOO DE CRISTAL U LA REPÚBLICA DE RODRÍGUEZ ODRÍGUEZ Zapatero es, efectivamente, fiel al ideal republicano: es exactamente igual de sectario que lo eran muchos de sus correligionarios del PSOE en los años treinta. Con una desventaja añadida: es mucho más ignorante que aquellos. En su última perorata republicana, este misionero de las libertades a tiempo parcial de la historia ha centrado en el año 31 las tierras doradas de la política española, la génesis de las libertades, el suelo desde el que saltar al techo del progreso. La Segunda República- -tendemos a olvidar que hubo una Primera y que su bandera, por cierto, era la misma que ahora- -centró las ansias modernizadoras de unas clases políticas y sociales que aspiraban legítimamente a dinamizar los anticuados esquemas en los que se movía la España de la época. Cierto. Pero la recuperación CARLOS para el debate de aquellos años no HERRERA resulta completa si no se efectúa críticamente y se complementa con la información sobre el sectarismo, cainismo y extremismo que se vivió en el seno mismo del régimen y que espolearon políticos de perfil muy semejante al del actual presidente del Gobierno. No hacerlo así es pretender disecar el tiempo, vivir en la peor de las nostalgias- -aquella que evoca lo que no existió- -y legitimar de forma más o menos explícita el ajuste de cuentas. Rodríguez pertenece a una generación de políticos en cuyo seno abundan aquellos que quieren protagonizar su Transición: no les sirve la que han heredado y precisan colgarse la medalla de algún tipo de cambio. Para ello dan el salto hacia atrás y enarbolan un discurso detestable basado en la recuperación de afrentas ya resueltas. Así se asigna a la izquierda eternamente doliente el papel de sucesor de los torturados y al PP el de heredero directo de Franco y su dictadura. Plis, R plas. A ver si les saco algo a los odios y consigo que nadie hable de la violencia política, de la violencia religiosa, del odio social de los años treinta, y, en cambio, sí de mi abuelo, cuyo asesinato me ha hecho sufrir tanto como la ETA a Irene Villa. Todos estos sumos sacerdotes del ajuste de cuentas deberían pararse a pensar que aquella experiencia que fue, fundamentalmente, desleal a sí misma, difícilmente puede servir de rampa de convivencia futura para unos españoles a los que no les interesa nada volver al pasado. El imaginario popular de futuras generaciones no pasa por desenterrar restos humanos de las cunetas, por mucho que familiares de represaliados- -de todas las tendencias- -quieran saber dónde están los suyos y tengan derecho a saberlo. Que la secta que pasa las horas evocando a Largo Caballero y a las Checas de Madrid no se plantee, de verdad, por qué fracasó aquél régimen y qué errores no habría que volver a cometer, habla de la insolvencia intelectual de este grupo de sujetos para los que no hay otro nirvana político que aquellos años republicanos enmarcados en una Europa convulsa y totalitaria, fascistoide o comunista. Nuestro punto de apoyo, el de los españoles que hoy trabajamos, salimos, entramos, holgamos o buscamos cómo ser felices razonablemente, no está en la proclama del 31, por mucho que un puñado de ignorantes lo celebre como si ninguna otra cosa hubiera pasado. Nuestra puesta a cero y nuestra base de despegue está en el 78, que es cuando los españoles hicimos tabla rasa y nos pusimos hombro a hombro a mirar hacia el futuro. Lo demás, todas las soflamas republicanistas, no pasan de ser nostalgias absurdas llenas de mala fe. Si la República que nos espera es lo que encarnan tipos como Carod, Puigcercós o los reventadores de conferencias al estilo de los comunistas sevillanos que impidieron la comparecencia de Raúl Rivero en la Universidad, que Dios nos coja confesados. NO se proponía escribir hoy del furor republicano de Zapatero, que se ha envuelto en la tricolor para arropar su segunda Transición en busca de la ruptura que el consenso evitó durante la primera. Pero qué columnista dejaría escapar un regalo como el del zoo disecado hallado por la Policía en las mansiones de los corruptos de Marbella. En pleno Viernes de Dolores, los hermanos de la cofradía de la Santa Columna nos hemos encontrado un jornal ganado, como dice el maestro Antonio Burgos, con este delirio de taxidermistas en el que se gastaba los caudales robados la tropa de Alí Babá en la Costa del Sol... -Oiga, un respeto para Alí Babá. Vale, deacuerdo; loscuaIGNACIO renta ladrones eran unos CAMACHO aprendices al lado de esta tribu. Pero un poco de cueva de las Mil y Una Noches, en versión hortera, tienen estos casoplones de nuevos ricos llenos de elefantes disecados, leones, jirafas- ¿me puede contar alguien en qué aduana se puede pasar una jirafa? purasangres en las cuadras, mirós en el jacuzzi y jaguares... en el garaje. -Oiga, perdone otra vez la interrupción: ¿y Hacienda no se enteraba de nada? Porque el tal Roca declaraba ganar 150.000 euros al año... -No, en Hacienda están muy ocupados inspeccionando las nóminas de los trabajadores de clase media. ¿Puedo seguir? Pues decía que esta estética de derroche estridente y de opulencia sobrevenida, tan de Marbella, tiene algo de falsa mitología de paraíso omeya, con sus alfombras de tigre y sus inodoros dorados, que los he visto yo en una tienda que hay, o había, frente a ese supermercado de El Corte Inglés en cuya carísima boutique de gourmets hacen la compra diaria las mujeres de los jeques del petróleo. Y en la casa de Kashogui, durante los años felices del despilfarro, había un piano ¡de metacrilato! con un mecanismo que tocaba solo Para Elisa Palabra de honor. Y un cuarto de los niños que era para denunciarlo directamente al Tutelar de Menores. Ése era el canon en el que se movían estos próceres del pelotazo y la recalificación que, por si les faltaban mandamientos contra los que pecar y preceptos del Código penal que infringir, son reos de un delito de leso mal gusto penado con el repudio de cualquier sociedad medianamente instruida. Pero lo más llamativo es la acumulación. No se saciaban nunca: más dinero, más cohechos, más casas, más coches. ¿Cuánto habrá robado esta gente? En una película de Oliver Stone, Wall Street un personaje le preguntaba al tiburón bursátil que encarnaba Michael Douglas si no tenía un tope de ambición con el que conformarse. Y el tipo, un amo del universo como los que pintó Tom Wolfe, daba la clave: No se trata de dinero; se trata de poder Pues eso. La cuestión esencial no reside en el horrendo zoo de cristal de Roca y sus cómplices, sino en el poder que han acumulado durante década y media ante la mirada pasiva de unas autoridades que ahora se hacen cruces como si acabasen de descubrir la degradación de Babilonia.