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ABC JUEVES 6 4 2006 67 FIRMAS EN ABC ro la suerte de subir, arranca camino de Bucarest. Un buen tren, a poco que se le deje echar humo, hace una buena película. Lo mismo decimos de una buena estación solitaria en la que los hilos del telégrafo hayan sido cortados, como la de Saratusk, tan parecida a esa en que Peter Fleming ambientó su relato sobre el hombre- lobo y en la que Alexandra y Uranoff, huidos de Kalinsky, pasan la noche a espera de la llegada del tren 617 a Kazán, Mocú y Petrogrado. Pasa siempre a las dos y veinte, les dice un jefe de estación que cada día, a esa hora, sopla su silbato y agita su banderín para recibir y despedir a un convoy invisible. Y es que los que se ven, aclara, no interesan, pues pueden ser volados fácilmente por los saboteadores. El 617 no defrauda nuestras expectativas. Es un espléndido tren. Todos creemos que no existe y, sin embargo, cuando más falta hace, llega. Y, si le animamos, en cualquier momento nos traslada hasta Siberia con la mejor disposición. También es muy bueno el que el viajero toma al principio de la película. Une la Estación Victoria con la Estación Finlandia y cuenta con magníficos pasillos para conspirar, fumar, perseguir o ser perseguido. ¡Muy cómodos, además, los asientos de su coche restaurante, y más íntimos que esos tan bajos de Testigo accidental o Con la muerte en los talones! Uno de los habitantes del país de la Condesa Alexandra es el teniente Gagarin ¡Teniente Gagarin, busque jabón para la Condesa! Un hombre leal al Zar en tiempo de deslealtades. ¿Pariente de Yuri, el conquistador del cosmos? Nadie nos lo dice, y la curiosidad justifica ese salto de la butaca a la pantalla a que nos invita Woody Allen. ¿Te gustaría también saber que habría pasado de no haber tomado los rojos Saratusk? Viaja, pues, al país de la Condesa Adrakshin y arrima el hombro. Tú también puedes ser jefe de estación. JOAQUÍN ALBAICÍN ESCRITOR LA CONDESA ALEXANDRA ...Y allí te quedas, a la vera de la dama del bosque, a disfrutar de la vida mientras la proteges de la canalla nihilista. En caso de escuchar pasos, basta con que te camufles tapando tu cuerpo durante un rato con un montón de hojas... XISTE un país tallado a medida del amante del acordeón y de las voces y danzas cosacas y en el que la gente, antes de subir a los trenes, los para echándose en masa sobre los raíles. Así era en 1917 y así continúa siendo en 2006. Es la única forma de hacerse con una plaza en ellos. Mas, pese a su fisonomía caótica y cruel, ese imperio desfalleciente donde apenas hay carbón para las calderas de las locomotoras, los estómagos crujen de hambre y rojos y blancos no cesan de vaciar cargadores de ametralladora sobre hileras de espías harapientos, alberga un oasis, una reserva de microclima edénico. Se trata, en efecto, del bosque de la Condesa Adrakshin, nacida Vladinoff, en cuya espesura puede uno, con toda tranquilidad, beber brandy, saborear mermelada y langosta y disfrutar de Marlene Dietrich nadando desnuda en su lago mientras el resto del mundo huye despavorido, degüella con saña al prójimo o mete la cara entre las rodillas en el suelo sembrado de paja de los vagones de ganado. ¿Conoces el bosque? -le preguntas tú, Pyotr Uranoff, el falso comisario. -Claro. Es mío- -responde ella- E O, más bien, era mío. Y allí te quedas, a la vera de la dama del bosque, a disfrutar de la vida mientras la proteges de la canalla nihilista. En caso de escuchar pasos, basta con que te camufles tapando tu cuerpo durante un rato con un montón de hojas. Cuando el sonido de las botas del intruso se haya perdido en la distancia... a nadar con Marlene otra vez. A dicho país, claro, no puede ya llegarse por las fronteras al uso. Sólo, a través de las puertas que, en un blanco y negro con toques verdosos, construyeron y dejaron abiertas los carpinteros de Hollywood contratados por Jacques Feyder para recrear la Rusia en conmoción de La Condesa Alexandra. Imperecedera, la escena del jardín vacío abandonado por los sirvientes, de la Condesa buscándoles entre leones de piedra y templetes decadentes, de la lavandera huyendo despavorida al verla y de los bolcheviques avanzando hacia ella ávidos de violación, profanación y saqueo. La imagen más intensa de la calaña leninista en tareas de adoctrinamiento de desertores la plasmó Eisenstein en Octubre, pero no puedo olvidar el rostro de estos buitres rojos de Feyder, con sus papashkas y sus cananas en bandolera, fusilando a los criados de los Adrakshin después de robarles la ropa. Sus rostros son los mismos que vislumbro, puño en alto, en la foto recordatoria de un festival a beneficio del Frente Popular en el que mi tío fue convencido para bailar por los métodos habituales en estos casos. De ahí que no pueda sino hacer mías las palabras escritas por Adolfo Marsillach en Informaciones de 18 de mayo de 1930, con motivo de la partida de Trotsky hacia su confinamiento en Turkestán: Trotsky y sus compañeros en desgracia no podrán quejarse del rigor con que se les trata. ¿No querían dictadura del proletariado? Pues ya la tienen ¡Gran país, el de la Condesa Alexandra Adrakshin! El primer lugar al que llega el viajero que se interna en sus dominios es el derby de Ascot, ese que tantas veces ganara Mahmud, el caballo del Aga Khan. Pasará también por un acogedor cafetín en el que Uranoff y el representante en Rusia de Forrester Company, importadores británicos, untan mantequilla en pan y sorben té en tazas de borde cuadrado, y del que uno supone cliente asiduo a Sydney Reilly. El recorrido acabará en un andén desde el que el tren de la Cruz Roja al que, quizá, tenga el viaje- MIGUEL CID CEBRIÁN JURISTA LOS CEBRIANES, EL ABC Y EL PAULAR a historia aunque intimista y familiar no deja de ser curiosa y tiene ya cien años de vida. Fue precisamente en 1906 un 18 de febrero, cuando en una vivienda de la madrileña calle de la Princesa, se reunieron los entonces miembros de la familia Cebrián junto con los Arias, Frax y Mendoza para de forma tan solemne como cariñosa hacer una declaración de amistad inalterable y comprometerse a reunirse diez años después mediante unas escrupulosas diez bases en las que fijan con todo detalle las condiciones del futuro encuentro, quizá por aquello de que los Cebrianes tienen fama de mala memoria. Y es en la base cuarta, donde está establecida una curiosa previsión: Co- L mo quiera que el trabajo, las preocupaciones, los accidentes posibles ya que no probables y las injurias del tiempo pueden producir en el físico de los formantes deteriores lamentables que dificulten su reconocimiento, será condición precisa acudir a la cita con una señal y esta será un numero del ABC del día de esta fecha Añadiéndose en la base 10 que Deberá guardarse con todo esmero esta acta en unión del ABC citado a fin de poder cumplir con exactitud el compromiso contraído En los anales de los Cebrianes no ha quedado recogido si llegó o no a celebrarse el encuentro previsto para 1916, año en que en Europa se desarrollaba la Primera Guerra Mundial, pero el acta y el ABC del 18 de febrero de Portada de ABC del 18 de febrero de 1906 1906 quedaron celosamente guardados por algún Cebrián. Ello posibilitó que ya en el 2000 se celebrara en El Pardo un primer encuentro que sirvió para elaborar un censo preparativo del que había de ser el del centenario. Este tuvo lugar el pasado 4 de marzo y contó con la asistencia de más de cien Cebrianes provenientes de toda España y que se celebró en El Paular, un lugar emblemático para la familia donde sus miembros veraneaban en los años treinta, junto con amigos como el poeta Enrique de Mesa, el pintor Bernardo Simonet e incluso Luis Rosales, que daban a los encuentros estivales junto a su aspecto lúdico un aire romántico y artístico. El encuentro del día 4, comenzó con una misa y visita al Monasterio bajo la experta guía del prior padre Miguel, seguida de un almuerzo fraternal en el que no faltaron las peroratas y las actuaciones musicales y como despedida una espectacular traca final. Pero, para ser fieles a los antiguos Cebrianes, todos acudimos con una reproducción del ABC de 1906 como señal inequívoca de identificación. Ahora Juan Luis Lillo Cebrián, hijo de Juan Lillo el que fuera recordado Concejal de la Luz en el Ayuntamiento del Alcalde Mayalde, y que fue elegido decano de los Cebrianes, será el responsable de convocar el próximo encuentro de esta entusiasta familia Cebrián, según las nuevas bases aprobadas para que sirvan de guía a tan unida como desmemoriada parentela.