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66 Cultura JUEVES 6 4 2006 ABC CLÁSICA Temporada de la OCNE Obras de Mozart, Sor y Martín y Soler. Int. ONE. Dir. J. Pons. Solista: F. P. Zimermann (violín) Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. Fecha: 3- 04- 06 CLÁSICA CDMC Bernhard Lang: A Room full of Shoes Differenz Wiederholung 2 Int. Salome Kammer, Mag. Risgr Koshnaw, Todd, Robert Lepenik, Jeanne- Marie Conquer, Ensemble Intercontemporain. Dir. Jonathan Nott. Lugar: Auditorio del Mncars. Madrid. Fecha: 3- 04- 06 Muere el cantante Gene Pitney, un segundón de primera b Pertenecía a esa segunda división de artistas del rock and roll imprescindible para rellenar los huecos que dejaban los galácticos en la década de los sesenta M. DE LA FUENTE MADRID. Si ustedes leen así, a secas, el nombre de Gene Pitney, tal vez no les diga nada, salvo que ustedes sean unos fanáticos de la historia de la música pop, en especial de la de la luminosa década de los años sesenta. Pero si añadimos que este hombre tuvo sus quince minutos de fama (quince y hasta quince mil) en aquella era dorada la cosa empieza a variar. Si, de paso, añadimos igualmente que mantuvo un idilio corto pero intenso con Marianne Faithfull, la gran musa del rock, el asunto empieza a ponerse serio. Tanto, como si recordamos que Pitney fue el primer artista en realizar una versión de una pieza de los Stones That Girl Belongs to Yesterday que convirtió en éxito antes de que lo hicieran los propios Rolling. Y es que Gene Pitney fue uno de esos tipos imprescindibles de la segunda línea de la historia del rock and roll (precisamente, Pitney ingresó en el Salón de la Fama del Rock And Roll hace cuatro años) esa segunda línea que rellenó los pocos huecos que dejaban los de la vanguardia. Pitney falleció ayer casi con las botas puestas tras un concierto en la ciudad galesa de Cardiff. Pero sus canciones, interpretadas por él o compuestas para otros, se seguirán escuchando de aquí a la eternidad con facilidad y buenas dosis de ternura. Cantante difícilmente clasificable (hasta para la estirada y ajustadísima crítica anglosajona) Gene fue comparado con Roy Orbison por su versatilidad y su varieldad de registros. Fue también uno de los mejores intérpretes para las edulcoradas piezas de Bacharach y como compositor escribió un puñado de piezas de relieve, como He s a Rebel para The Crystals, y la superfamosa Hello Mary Lou para Rick Nelson. También fue otro de los artistas en cobijarse bajo el muro de sonido de Phil Spector y valga como curiosidad que interpretó canciones como The Man Who Shot Liberty Valance que al final no se incluyó en la memorable película de Ford, Wayne y Stewart, El hombre que mató a Liberty Valance en lo que fue un anticipo de lo que tiempo después llegó a llamarse country pop. Esporádicamente su carrera continuó, durante los setenta, hasta que en 1989 volvió al número de las listas al alimón con Marc Almond. Un segundón, sí, pero de primera. ZIMMERMAN Y SU PERFECTO MOZART ANTONIO IGLESIAS JUEGO DE OPUESTOS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE os añejos viernes de la Nacional se han enriquecido con las actuaciones del genial violinista alemán, Frank Peter Zimmermann, interpretando la parte solista de tres Conciertos para violín y orquesta, K 207, 218 y 219 de Mozart, de manera perfecta. Por encima de sus poderosos medios técnicos (sonido, claridad en la más limpia traducción, doble cuerda con sentido polifónico insuperable, dominio absoluto de la dificultad) está su natural perfección estilística, sin alardes, pese a su notorio enrojecer de las orejas propio del esfuerzo traductor de un joven. Son innumerables los puntos de apoyo de mi admiración sin reservas ante la estimación mozartiana que Zimmermann merece para una incorporación a mis ya vetustos recuerdos artísticos. Josep Pons, batuta titular de la ONE, supo arropar al espléndido solista con un sabio reducir numérico de sólo treinta profesores, una magnífica plantilla que supo ponerse a la altura de tan perfecto instrumentista. La inclusión de las oberturas de Fernando Sor y Vicente Martín y Soler, sobre sus Hércules et Omphale y Una cosa rara bien traducidas por la ONE, deberían haber quedado para otra ocasión, pues fueron eclipsadas por Mozart. L iene razón el compositor austriaco Bernhard Lang (1957) El público no es tan cerrado como creemos Al menos el que escucha su obra, el que ahora la ha escuchado en el auditorio del Museo Reina Sofía. Público variopinto, de edad diversa, de aspecto muy distinto. Por supuesto, conocedor de que ante la música que habitualmente suena en el contenedor de Nouvel es mejor dejarse llevar. Hay que observar a ese público. Porque añade desinhibición a quien llega condicionado y ayuda a relativizar las conclusiones. Y hay que hacerlo con sutileza, observando cualquier detalle, porque el público de ahora ya no envía a nadie los leones y toda reacción se mantiene dentro de lo correcto. Incluso cuando es tan afirmativa como la demostrada ante la música de Lang. Ante esa amalgama de sonidos lisérgicos servidos por el Ensemble Intercontemporain, cuya reconocida excelencia está en consonancia con la mano del director Jonathan Nott: alguien capaz de ordenar el tiempo a su antojo y, de paso, encajar en él la música más compleja, como si nada. Por ejemplo, la de Berhard Lang, su Differenz Wiederholung 2 diferencia y repetición, arquitectura sonora del pensamiento estructuralista del francés Gilles Deleuze. Aquel filósofo de la escuela de París que para poner las cosas fáciles concluyó que el arte T Jonathan Nott ABC es el lugar de todas las repeticiones Tiene así sentido el fluir algo hipnótico de esa D W 2 que se ha estrenado en España y que, como toda la serie homónima, es epítome de la obra de Lang. De ahí el suceder de bucles, loops y de un repertorio ruidista que le da sustancia. Todo controlado y todo amalgamado entre elementos diversos, como las curiosas voces de Salome Kammer, Mag. Risgr Koshnaw y Todd, el cálido cabaré, los ecos kurdo- iraquís y el rap recitado. Música acústica y música electrónica que suena como prolongación de aquella. Y música que acentúa su disparidad cuando se enfrenta a la reiterativa y parsimoniosa proyección cinematográfica firmada por Laurent Goldring. Tan sólo un rostro contrapicado, una esfinge sin cuerpo dedicada a la mueca y que sólo al final finge hablar. En el justo momento en el que D W 2 agota su inagotable caudal de sonidos a base repetir y diferentes. Poco antes de que el público aplauda entusiasmado. La Sociedad Coral de Bilbao, Medalla de Honor de Bellas Artes La Sociedad Coral de Bilbao recibió ayer la Medalla de Honor de la Academia de Bellas Artes, otorgada en mayo del año pasado. En el acto estuvieron presentes el presidente de la Academia, Ramón González de Amezúa; el secretario de la Academia, Antonio Iglesias; José Ángel Sánchez Asiaín, que glosó la historia de la Coral, y su presidente, Cecilio Gerrikabeitia. La formación, dirigida por Gorka Sierra, ofreció un concierto con obras de Victoria, Guridi, Mozart y Arriaga, entre otros. JULIÁN DE DOMINGO