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ABC JUEVES 6 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA MUSTAFÁ USTAFÁ Ahmed, cuyo nombre, tan común en árabe, salió el otro día en casi todos los periódicos, no era un inmigrante ilegal, ni un imán fundamentalista, ni un presunto terrorista del 11- M. Mustafá Ahmed era concejal por Izquierda Unida en Ceuta, trabajaba de peón municipal y vivía en la barriada Príncipe Alfonso, la más próxima a la frontera marroquí, una zona deprimida y problemática a la que muchos ceutíes consideran ya territorio prohibido El Príncipe, la llaman: más de doce mil habitantes, la inmensa mayoría musulmanes, agrupados en viviendas humildes y con un grave conflicto de exclusión social. Allí vivía también el joven Hassan (llamémosle así) de 15 años, un chico de carácter hosco y conducta violenta, de ésos IGNACIO que los psicopedagogos CAMACHO califican con el eufemismo de difíciles En El Príncipe, sin apenas policías y con dificultades para que entren hasta los carteros, un muchacho difícil es carne de cañón, sin otro horizonte que la marginalidad: trapicheo de hachís, ingesta de pastillas, quema de contenedores, asaltos a comercios, pandilleo hostil. Así era, más o menos Hassan, al que Mustafá Ahmed conocía del vecindario, y sabía del drama y de la angustia de sus padres. Mustafá, que se sentía socialmente comprometido con su gente y con su barrio, asumió como propia la tarea de reconducir a aquel chaval que iba derecho a la autodestrucción. Pero no tenía otra herramienta que la palabra: el resto era cosa de los escasos trabajadores sociales que se fajan allí en condiciones críticas con un entorno decididamente desfavorable. Así que no desperdiciaba ocasión de darle la prédica; le decía que así no iba a ninguna parte, que tenía que intentar un esfuerzo de integración, buscarse un curro, salir del círculo del vandalismo y la droga. El chico lo escuchaba en silencio y desgana, con la cabeza baja y gesto torvo, y luego se marchaba y volvía a lo suyo; quién se habría creído aquel tipo, se le estaban subiendo los humos por ser concejal, ni que fuera su padre. A la mierda con sus sermones; a él, el amo del barrio. Su padre hacía tiempo que había tirado la toalla, horrorizado desde el día en que, con 13 años, el niño le dio a otro una puñalada en el pecho. La familia vivía entre la desesperación y el miedo. El sábado pasado, Mustafá vio, o se enteró, de que Hassan le había robado el móvil a un pequeñajo. Se fue a por él y le echó una bronca delante de su pandilla. El mozalbete, airado, marchó a su casa y volvió con una pistola. Buscó a Mustafá por las calles y le apuntó con el arma. Las crónicas cuentan que el hombre le mostró el pecho con entereza. Venga, dispara le retó. Hassan apretó el gatillo y huyó; doce horas anduvo escondido por la barriada. Mustafá Ahmed ingresó cadáver en el hospital. Su asesino estaba en libertad porque a los 13 años, cuando acuchilló a un colega, la ley del Menor le protegía impidiendo que pudiese ingresar en un reformatorio. Podía apuñalar gente, guardar un revólver y saber usarlo, pero era penalmente irresponsable. M ¿PEDIR PERDÓN O HACER LA PAZ? AY fuerzas constructoras y destructoras. Para desarrollar esta enseñanza, el maestrillo ha necesitado años. Europa ha sido en los últimos seis siglos una gran fuerza constructora. La democracia directa funcionaba en pequeñas comunidades suizas desde el siglo XV; fue ejemplo para la revolución inglesa de 1641, sigue el maestrillo, y para la americana de 1776. Al crear el estado omnipresente, Luis XIV se convirtió, según François Furet, en padre de la Revolución Francesa de 1789 (el maestrillo conoce a Furet) A pesar de la guerra (la guerra total sólo llegará con Bonaparte) Europa no conoció la destrucción hasta 1914- 18, sobre todo en 1945. En 1945- 55, Norteamérica empujó el formidable esfuerzo reconstructor europeo, llevado a cabo en menos de un decenio, con el apoyo de Eisenhower y Marshall, dos grandes vencedores en 1945. El maestro siguió su explicación: todo es extremadamente frágil pero tamDARÍO bién flexible, fuerte, irrompible a veVALCÁRCEL ces. Einstein encontró una cantidad prácticamente infinita de energía vibratoria en el espacio subatómico. La tradición había entreabierto la puerta a Einstein: desde los Vedas y los presocráticos hasta Spinoza y Leibniz. Su versión del universo no puede traducirse a lengua vulgar. Pero el maestrillo captó lo esencial: entre los subátomos vive una interminable acumulación de energía. Energía suave, de buen comportamiento. Con otro elemento, indescifrable, Einstein lo llamó inteligencia: capacidad organizativa, infinita racionalidad. Inteligencia y energía impiden que el caos reine. La lucha contra el desorden es un forcejeo incesante. Las grandes religiones, siguió nuestro hombre, son como vastos resúmenes para las mayorías... Henri Bergson, judío de origen, creyente cristiano, replicaba a Arthur Schopenhauer: no son resúmenes sino fragmentos de verdad. ¿Se nos permite saltar a un asunto terreno, en el extremo oeste de Europa, el pacto entre los dos grandes H partidos españoles en busca del fin del terrorismo? La necesidad de la paz parece hoy irreversible para quienes han practicado el asesinato. No son, es obvio, delincuentes comunes. Son gentes que han optado por la eliminación física del discrepante, como se hizo en el Gulag o en el partido nacionalsocialista. Un inteligente observador de la derecha plantea una cuestión previa: el posible diálogo con ETA tiene que comenzar por la petición de perdón a las víctimas y a la sociedad Lo cual es justo pero inviable. Nuestro comunicante acierta en otros problemas, el referéndum, la kale borroka, el chantaje a las empresas, Navarra... Pero yerra en este punto. Si entregan para siempre las armas y no piden perdón, ¿qué hacer? ¿No aceptar? Los cardenales de la Iglesia Romana no suelen intervenir en conflictos provocados por delincuentes comunes. Pero sí lo hacen en este diálogo con ETA. El mediador es el cardenal vascofrancés Roger Etchegaray, antiguo presidente de Justicia y Paz, hoy octogenario pero muy activo: dirigió la diplomacia de emergencia de Juan Pablo II, al margen de la Secretaría de Estado: en los Balcanes, Chechenia, Irak, Cachemira, China... Con éxito en unos casos, no en otros. La Iglesia trabaja precisamente en defensa de la Justicia y la Paz: intenta lograrlas a toda costa, como compromisos complementarios, no excluyentes. No necesita el público perdón: busca resultados. Un antiguo líder comunista lo recuerda. El arrepentimiento no puede ser público: es dominio de la conciencia individual. Tiene razón. El proceso abierto por ETA y el desgarramiento que creará en el movimiento terrorista no permiten adivinar el final. Pero el Gobierno y el Partido Popular tienen el deber de correr el riesgo. El trabajo conjunto de los servicios españoles, franceses y alemanes durante diez años ha acabado por dar resultados: 1.600 contactos de ETA, más de dos tercios, han sido infiltrados. Desde la captura de Mikel Antza, el aire en el interior de ETA es irrespirable. Ha sido lento, pero al final está: los tres servicios, coordinados por Europol, han hecho un trabajo metódico.