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94 Deportes LIGA DE CAMPEONES CUARTOS DE FINAL, VUELTA MIÉRCOLES 5 4 2006 ABC CARA A CARA Riquelme resultó decisivo y Figo fue intrascendente JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Venían Riquelme y Figo con lustre adquirido en los últimos tiempos en sus equipos. Una labor brillante de ambos, sobre todo la del argentino, que hace moverse a todo el equipo. Pero los dos parecieron en un principio superados por los acontecimientos que, en realidad, son los que predominan en el reino futbolístico de hoy en día: malos tiempos para la lírica y vacas gordas para los perros de presa. Así que los italianos hicieron de italianos y Mancini puso a Cambiasso y a Verón, ambos en ayudas como si de baloncesto se tratase, encima de Román, intentando que recibiese lo menos posible y, si lo hacía, echándosele encima como mastines. Lo notó el argentino en los primeros minutos, cuando se acostó sobre la banda izquierda y le acorralaron entre todos. Figo apareció menos aún. Con su equipo concentrado en destruir e importándole un pepino la creación, el portugués se movió por la derecha, el centro y la izquierda como si de un pobrecito pordiosero se tratara rogando un balón, aunque fuera un baloncito por favor. Pues ni caso. Lo único que recibió fue viajes en un tobillo y en otro de Arruabarrena, que no estaba para tonterías. Sí, sí, sí, nos vamos a París La ciudad se acostó más tarde que nunca inmersa en la locura colectiva E. O. VILLARREAL. Tras el pitido final del colegiado, todo ocurrió en un solo instante. Primero, la fiesta; luego, el júbilo; y finalmente, el éxtasis. Todo casi a la par, con un fondo de ensordecedoras tracas y al grito unánime de todo el estadio: Sí, sí, sí, nos vamos a París Y es que la fusión entre afición y jugadores fue más estrecha que nunca al término del encuentro. Nadie de los 23.000 espectadores que abarrotaban El Madrigal quiso abandonar su localidad y perderse la fiesta que se vivía en la grada y en el césped, y que posteriormente se trasladó a las afueras del estadio y hasta las entrañas de la ciudad misma. Nadie durmió anoche en Villarreal, una ciudad inmersa más que nunca en la locura colectiva. Por su corazón corría sangre amarilla. Todo comenzó cuando se vislumbraba el final. Los gritos y las felicitaciones se compartían con el compañero de asiento. Los jugadores se vieron obligados a abandonar los vestuarios para volver a salir al campo y ser vitoreados como se merecían. No era para menos. La ciudad, capital de la cerámica española, daba forma así al merecido homenaje al equipo. Todos los miembros de la expedición amarilla, jugadores, técnicos, etc parecían haber entrado en éxtasis, conmocionados por la satisfacción del logro conseguido. Y agradecían el apoyo que la afición les había brindado en su periplo por la euforia. El presidente Fernando Roig parecía con la vista perdida, con la boca entreabierta, disfrutando ante el delirio de El Madrigal. Es muy grande que el Villarreal esté en semifinales, pero no renunciamos a nada. Nuestra ilusión es seguir haciendo historia, llegando más lejos a ver qué pasa y no quiso olvidarse de nadie al afirmar que esto es algo que hemos logrado entre todos, los aficionados, los jugadores y todos nosotros. Es la demostración del trabajo bien hecho, de la ilusión, de las ganas que hemos tenido todos hoy afirmó casi levitando. Manuel Pellegrini, entrenador del Villarreal, interpretó a la perfección lo que se estaba viviendo: Esto no es un De menos a más Con los dos estiletes mellados, Román leyó el partido con su habitual maestría. Empezó a moverse entre líneas, en los carriles del ocho y del diez, acercándose a Senna y Tacchinardi para recibir con más comodidad y entrar en contacto con el balón. El Villarreal comenzó a crecer y a dominar cuando Riquelme controló el balón y se movió con peligro alrededor de la frontal contraria. Tres tiros consecutivos un tanto desviados y una excelente jugada en la que se fue de cuatro jugadores rivales como quien bebe agua. Pero eso, sólo agua en la resolución final. De Figo se supo muy poco. Se le veía incómodo y sin apenas tocar el balón, con todos los suyos achicando y haciendo de italianos de los de siempre. La segunda parte acentuó las tendencias de la primera mitad. Riquelme haciéndose el rey del partido y Figo completamente intrascendente. No se fue de nadie y se limitó a tocar de primeras sin influencia alguna en el juego. El duelo acabó como tenía que acabar, con un enfrentamiento directo entre ambos. Se fue Figo detrás de Riquelme sin poder quitarle el balón. Le derribó con brusquedad y el árbitro pitó falta más tarjeta para el portugués. De ahí vendría el gol. La sacó Román y Arruabarrena se adelantó a Toldo. Sin balón que tocar ni tampoco acertado en defensa, Figo acabó en el banquillo (minuto 74) mientras que Riquelme crecía y crecía hasta hacer una jugada genial disparando desde la banda en un tiro imposible que sacó Toldo de milagro. Habría sido el gol del torneo. Los aficionados convirtieron El Madrigal en una fiesta colectiva EFE Fernando Roig: Estar en semifinales es muy grande, pero nuestra ilusión es seguir haciendo historia Pellegrini: Esto no es un sueño, ni un milagro, es fruto del trabajo y de la convicción El Milán pasa en el último suspiro ABC MILÁN. Jugó mejor el Lyon, que mereció ganar la eliminatoria, pero el Milán, como ya ocurrió en ocasiones anteriores, cazó la semifinal- -espera al ganador del Barcelona- Benfica- -en el último suspiro con dos goles de Inzaghi y Shevchenko. Se adelantó el Milán, empató el Lyon y los franceses desaprovecharon múltiples ocasiones y cuando acariciaban la clasificación les llegó el jarro de agua fría. MILÁN OLYMPIQUE LYON 3 1 Milán (4- 4- 2) Dida; Stam (Costacurta, m. 23) Nesta, Kaladze, Serginho; Gattuso (Maldini, m. 80) Pirlo (Ambrossini, m. 75) Kaka, Seedorf; Inzaghi y Shevchenko. Olympique Lyon (4- 3- 3) Coupet; Clerc, Cris, Cacapa, Abidal; Juninho, Diarra, Malouda; Wiltord, Fred (Carew, m. 75) y Govou (Revellere, m. 83) Árbitro: Terje Hauge (Noruega) Tarjeta a Gattuso, Serginho. Maldini e Inzaghi. Goles: 1- 0, m. 25: Inzaghi. 1- 1, m. 31: Diarra. 2- 1, m. 88: Inzaghi. 3- 1, m. 90: Shevchenko. sueño, ni un milagro, es el fruto del trabajo y la convicción y añadió que se ha formado un plantel bueno de jugadores y se le ha dado fe para jugar contra cualquier equipo. Salimos a la cancha con convicción y personalidad Entre tanta euforia destacó la cara de Sorín, cuyo párpado había sido cazado por Materazzi. Su ojo estaba completamente cerrado por la hinchazón. El centrocampista argentino, haciendo valer la máxima futbolística de que lo que pasa en el campo debe quedar en el campo, explicó que no sé qué ha pasado pero cuando me he dado cuenta estaba en el suelo sangrando. Me ha dado bronca porque me he perdido el mejor momento del partido Pero por encima de esto estaba su euforia: Llegar a semifinales es una demostración del trabajo, la solidaridad y las ganas de este equipo Eso sí, Verón se encaró con él al final del encuentro y tuvieron que llevarse casi amarrado al jugador interista. Eso es tener mal perder. El largo control antidopaje de Riquelme Exultante estaba también Arruabarrena, autor del gol que sumió en el delirio a la afición amarilla: Defensivamente el equipo trabajó muy bien y muy concentrado. Ofensivamente tuvimos las ocasiones más claras Mientras, Riquelme, el héroe, pasaba un control antidopaje que se prolongó una hora y media. Y es que la euforia impedía la necesaria relajación del jugador.