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ABC MIÉRCOLES 5 4 2006 93 Deportes Koeman y la falta de gol, amenazas del Barcelona hoy ante el Benfica en busca de la semifinal de la Champions El Barça arrasa al Madrid (72- 58) en el primer acto de la Euroliga, mientras el TAU cae en Atenas (84- 72) Los jugadores del Villarreal festejaron el triunfo al final del partido, mientras Materazzi, a la derecha, abandonaba el campo AP Un gran Villarreal entró en éxtasis Guiado por un omnipresente Riquelme, arrolló al Inter en la segunda parte y ya está semifinales ENRIQUE ORTEGO VILLARREAL. ¡Que pase el siguiente! El Villarreal demostró ayer, en una segunda parte sensacional, que las semifinales de la Champions están hechas a su medida. A la horma de un equipo ambicioso, ofensivo, que necesita el balón para desarrollar sus ideas y que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Cuando entra en faena, cuando se siente cómodo, es capaz de representar noches como la de ayer, la más importante, sin duda, de sus 83 años de vida. Todo ello conducido de la mano de Riquelme, un futbolista distinto y que demuestra su grandeza apareciendo en los partidos señalados. Es su forma de entender este bendito deporte y no les ha ido tan mal a los italianos desde que el fútbol es fútbol, pero el Inter, glorioso en décadas pasadas, busca ahora su identidad perdida con un estilo que no vale ni para ganar batallas, con lo que es imposible que pueda ganar guerras. Y desde luego lo que nunca ganará serán adeptos para su causa. Los que tiene y ninguno más. Y menos con elementos como el tal Materazzi. Un cazador a sueldo que ayer volvió a sacar su codo a pasear y le abrió el párpado a Sorín (la acción era penalti y expulsión) como ha hecho an- tes con otros rivales. Un peligro para la humanidad. Para ganar nuevos aficionados a su causa ya existe este inmenso Villarreal. Haga lo que haga en semifinales ya ha hecho historia y ya puede sentirse miembro cualificado y de pleno derecho de la elite europea del fútbol. Su segunda parte ayer fue pletórica. Digna de un equipo grande, ganador. Desde que marcó su tanto se comió al Inter. No cometió el error de ceder terreno, de meterse atrás. No. Mantuvo su ritmo endiablado y siempre estuvo más cerca el segundo tanto que el Inter del empate. Un equipo menor, incapaz de cambiar el paso. Vino a defender el resultado y no supo cambiar de tercio cuando le era menester. Un desastre. VILLARREAL INTER DE MILÁN Villarreal (4- 3- 1- 2) Viera; Javi Venta, Quique Álvarez, Peña, Arruabarrena; Senna, Tacchinardi, Sorín (Josico, m. 77) Riquelme; Forlán (Calleja, m. 89) y José Mari (Guille Franco, m. 77) Inter (4- 4- 2) Toldo; J. Zantetti, Materazzi, Samuel, Córdoba; Figo (Mihajlovic, m. 74) Cambiasso, Verón (Cruz, m. 84) Stankovic; Recoba (Martins, m. 55) y Adriano. Árbitro Kyros Vassaras (Gre. Mostró cartulinas amarillas a Tacchinardi y Figo Goles 1- 0. m. 57: Arruabarrena. 1 0 El milagro del descanso En la primera mitad, el Villarreal no había sido el Villarreal. Querer, quiso, pero poder, no pudo. La ansiedad le jugó una mala pasada. Habían jugado los del submarino amarillo tantas veces el partido que les podía meter en la gloria de unas semifinales de la Champions que parecían cansados, extenuados, saturados. Se veían tan cerca de conseguir un logro tan importante, quizás único en la carrera de muchos jugadores, que casi en ningún momento consiguieron ser el equipo que había logrado llegar a estos cuartos de final. Algo debió pasar en la pequeña caseta local en el descanso, porque la salida del equipo fue totalmente distinta. Al medio tiempo nos fuimos sin una sola ocasión de gol por parte de los dos equipos. Ni una. El Villarreal llegó un par de veces a balón parado- ¡cómo defienden los córners Samuel y compañía, todos en su área y como si fuera lucha libre! -y el Inter, ni eso. La se- gunda salió mucho más descosida. Afortunadamente. Al minuto, José Mari hizo estirarse a Toldo y se les notó ya mucho más sueltos a los de Pellegrini. El Inter seguía a lo suyo, demasiado seguro de que podía aguantar así los noventa minutos. Y por eso no supo reaccionar cuando el Villarreal acertó en una jugada de estrategia. Riquelme- ¡cómo no! -puso el balón en el área y allí apareció Arruabarrena para peinar a la red. Y ahí, al sentirse en semifinales, sí que el Villarreal fue fiel a él mismo. Aprovechó los espacios motivados por el teórico adelantamiento de líneas del equipo italiano para desarrollar su fútbol combinativo y profundo. Forlán pudo sentenciar, pero Toldo demostró su categoría. Luego otra acción de José Mari... En cada llegada al área de Toldo se mascaba el gol. Tremenda demostración de poderío del equipo hasta el final. Aupado por todo un estadio, por toda una ciudad, consumó la clasificación con orgullo, sin ceder un palmo de terreno y ante un Inter vulgar y entregado en su inferioridad. Los amarillos tuvieron que salir a saludar después del partido, como los toreros en las grandes tardes. Y es que ayer esta ciudad vivió su gran noche.