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ABC MARTES 4 4 2006 51 Los obispos afirman que hay fuerzas empeñadas en desfigurar la realidad del matrimonio Reconstruyen las vejigas de siete pacientes con tejido que ha sido creado a partir de sus células RATZINGER, LA MEMORIA DEL PESCADOR IGNACIO RUIZ QUINTANO AFP Benedicto XVI se despidió pidiendo ayuda a María Madre de la Iglesia como señala el título escrito al pie de la imagen de la Virgen que preside la plaza de San Pedro desde que Juan Pablo II hizo instalar ese bellísimo mosaico en una de las esquinas del palacio apostólico. El Papa rogó a la Virgen que nos ayude a ser como él, apóstoles incansables de su divino Hijo y profetas de su amor misericordioso El Papa recibió a Dezcallar en su despedida Benedicto XVI recibió ayer al embajador de España ante la Santa Sede, Jorge Dezcallar, en su visita de despedida al cabo de dos años muy difíciles que terminan con un broche de oro: el encuentro del pasado 25 de marzo entre el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, y la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, para dejar atrás la hostilidad entre el Ejecutivo y la Iglesia española. Jorge Dezcallar ha sido un excelente embajador durante dos años, pero deja el cargo por razones personales ligadas al fallecimiento de su esposa, una circunstancia que conoce bien el Papa y ha sido comprendida por toda la comunidad diplomática. Incluso en circunstancias muy tensas debido al programa legislativo del Gobierno y sus malos modos en la relación con la Iglesia, Dezcallar intentó mejorar el tono del diálogo. Al final, lo ha conseguido, lo cual facilitará el trabajo de su sucesor, Francisco Vázquez. Una palma trenzada de Elche A medida que avanzaba la ceremonia, las ojeras de Benedicto XVI parecían volverse más oscuras. Han sido jornadas de mucha emoción, como van a serlo las de su primera Semana Santa a partir del próximo Domingo de Ramos, en que recibirá como regalo de una familia de Elche una hermosísima palma blanca trenzada por seis personas a lo largo de seis días. Esta primera Semana Santa como Papa preludia también el primer aniversario de su elección el 19 de abril, lo cual añade un manantial de recuerdos y de emociones que se sobreponen al trabajo de cada día. Al final de la ceremonia en la plaza de San Pedro, el público silencioso volvió a estallar en un bullicio de fiesta, y se levantaron de nuevo pancartas y banderas, incluidas muchas de Polonia y de tantos otros países visitados por Juan Pablo II a lo largo de un Pontificado cuyo alcance histórico y teológico parece agigantarse con el tiempo. l alemán Peter Seewald es la persona que en dos maravillosas conversaciones- La Sal de la Tierra y Dios y el Mundo -con Joseph Ratzinger más nos ha acercado a la formidable personalidad de este príncipe de la Iglesia Seewald había dejado de pertenecer a la Iglesia hacía tiempo: Antes, nada más entrar en la casa de Dios, uno se sentaba allí y en seguida se sentía torpedeado por minúsculas partículas cargadas de una fe de siglos. Ahora, en cambio, todo se ha hecho cuestionable y la Tradición queda cada vez más lejana... ¿Cómo tendría que ser, en realidad, la Iglesia y cómo podríamos volver a confiar en ella? Éste fue, allá por 1996, el asunto de la primera conversación. Cuatro años después, Seewald y Ratzinger hablaron otra vez, ahora sobre cuestiones más complejas de la fe. Abandonar la Iglesia, que desde hacía muchos años me parecía vacía y reaccionaria, no es fácil, pero regresar es mucho más difícil aún- -anotó entonces Seewald- Uno no sólo desea creer lo que sabe, sino también saber lo que cree. Montañas de preguntas insolubles obstaculizan el camino... Pero cuando el cardenal Joseph Ratzinger, gran sabio de la Iglesia, se sentó frente a mí y me contó con paciencia el evangelio, la fe cristiana desde la creación del mundo hasta su final, logré vislumbrar cada vez con mayor claridad algo del misterio que proporciona la coherencia más profunda del mundo Un gran sabio, Joseph Ratzinger, que hoy es Papa, cuyo verdadero sentido reside en ser abogado de la memoria cristiana El Papa, enseña Ratzinger, desarrolla la memoria cristiana y la defiende de las amenazas provenientes de una subjetividad olvidadiza de su fundamento, por una parte, y por la otra, de una presión del conformismo cultural y social. Nadie ha pensado mejor a Europa que Joseph Ratzinger, el autor católico más leído en los círculos culturales laicos, a quienes en su condición de creyente hace El cristianismo en la crisis de Europa una proposición intelectualmente deslumbrante: La Ilustración procuró entender y definir las normas morales fundamentales desde la afirmación de que tales normas serían válidas etsi Deus non daretu aun en el caso de que Dios no existiera... Llevar al extremo nuestro intento de comprender al hombre prescindiendo totalmente de Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, o sea, a prescindir completamente del hombre. Por tanto, tendremos que dar la vuelta al axioma de los ilustrados y afirmar que aun el que no logra encontrar el cami- E no de la libre aceptación de Dios debería tratar de vivir y organizar su vida veluti si Deus daretur como si Dios existiera. Que ése es el consejo que da Pascal a su amigo agnóstico: empieza con la locura de la fe, y terminarás en el conocimiento Ratzinger, que ha debatido la cuestión en la Universidad de Munich con Habermas, exponente máximo de la visión laicista del Estado, explica cómo la fe cristiana desterró la idea de la teocracia política. Dicho en términos modernos: promovió la laicidad del Estado. En las tentaciones de Jesús lo que está en juego es el rechazo de la teocracia política, la relatividad del Estado, el derecho propio de la razón y la libertad de elección para cada hombre. El Estado laico es resultado de la originaria opción cristiana. Este carácter secular del Estado se opone al laicismo como ideología, que querría edificar un Estado de la pura razón, separado de toda raíz histórica y que, por tanto, no puede reconocer más fundamentos morales que los que son evidentes para toda razón, de modo que al final sólo le queda el criterio positivista del principio mayoritario, del que se sigue la decadencia de un derecho gobernado por la estadística. Si Europa recorre este camino, avisa, no podrá resistir la presión ejercida por las ideologías y las teocracias políticas. No puede existir un estado cuya razón sea abstracta y ahistórica. Y cita a Murt Hübner: Se podrá evitar el choque con las culturas que hoy nos son hostiles sólo si al final conseguimos refutar la dura acusación de que hemos olvidado a Dios y recuperar plena conciencia de lo profundamente enraizada que está nuestra cultura en el cristianismo El cristianismo, insiste Ratzinger, debe recordar continuamente que es la religión del Logos. He ahí su fuerza filosófica, pues el problema está en saber si el mundo proviene del ámbito irracional, de modo que la razón no sería más que un subproducto de esa evolución, o si el mundo procede, más bien, de la razón que, en consecuencia, es su criterio y su meta. Porque una razón nacida del ámbito irracional, y que es en sí misma irracional, no es una solución a nuestros problemas. Por ejemplo: La cuestión de qué es bien, y de por qué hay que realizarlo incluso en perjuicio propio, es una pregunta fundamental todavía sin respuesta Es curioso recordar lo que el racionalista New York Times- -para Tom Wolfe, periódico católico patrocinado por judíos para chasquear a los protestantes- -decía hace exactamente un año: Ratzinger no tiene ninguna posibilidad de llegar a la cátedra de Pedro