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ABC MARTES 4 4 2006 Internacional 31 EL PROBLEMA SAUDÍ N Laura Bush (a la izquierda) y Hillary Clinton en la Casa Blanca, en diciembre de 2000 AP En su primera biografía autorizada, Laura Bush reprocha a su antecesora, Hillary Clinton, el mal estado en que le dejó la Casa Blanca y su pésimo gusto en materia de decoración, con muchos colores chillones Primeras damas desesperadas PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. La Administración Bush no es precisamente famosa por exhibir en público su colada sucia y por facilitar el acceso periodístico a su trastienda. Precisamente por esos antecedentes de discreción y secretismo, está generando bastante atención la primera biografía autorizada de Laura Bush, que hoy sale a la venta en las librerías de Estados Unidos. Obra de Ronald Kessler, ex periodista del Washington Post y el Wall Street Journal, que ha logrado establecer un llamativo hilo directo con la cúpula del poder en Washington ofreciendo detalles que a veces parecen más propios de una teleserie que de la Casa Blanca. Entre las perlas incluidas en las 288 páginas de Laura Bush: un retrato íntimo de la primera dama (editorial Doubleday) figura un curioso y tenso traspaso de poderes domésticos en diciembre de 2000, después de que el Tribunal Supremo pusiera fin a los tumultuosos recuentos de Florida. En un tour privado ofrecido por Hillary Clinton a su sucesora, tras la retirada de Al Gore, la esposa del presidente Bush se habría quedado desagradablemente sorprendida por el mal estado de la histórica mansión presidencial, tanto la parte pública como la residencia privada. La nueva inquilina de la Casa Blanca observó con consternación muchos desperfectos y un aspecto general bastante descuidado, incluido el espectáculo de conducciones eléctricas expuestas en el Ala Oeste y de alfombras deshilachadas. Sin Portada del libro mencionar, el cuestionable gusto de Hillary Clinton en materia de decoración, con una sobredosis de colores chichones que habría llegado hasta el Despacho Oval, en el que abrumaba un exuberante despliegue cromático de rojo, azul y oro. Influencia de la señora Bush El libro también desvela que Laura Bush, pese a su reputación de ser una anti- Hillary ha jugado durante los últimos años un papel mucho más relevante dentro de la Casa Blanca a lo previamente reconocido, llegando a vetar a posibles altos cargos. Según las conclusiones de Kessler, la Administración Bush pregunta por sus opiniones, y cualquier sugerencia que pueda tener sobre posibles nombramientos, y sobre otras cuestiones que afectan a partes del gobierno que lidian con temas en los que ella tiene un fuerte interés En esta lista de preocupaciones- -que se habrían traducido en prioridades presupuestarias- -se incluirían cuestiones como educación, cultura, derechos de las mujeres y sida. La biografía, que ha contado con facilidades sin precedentes, revela que la actual primera dama, a diferencia de su marido, que presume de no perder mucho tiempo con los medios de comunicación, es una atenta lectora de periódicos y revistas. Ello le provoca continuos disgustos por la cobertura negativa que recibe su esposo, y vetos temporales a conceder entrevistas. Como habría confirmado una estrecha amiga, Laura Bush se mortifica a sí misma leyendo a diario el Washington Post y el New York Times. En este repaso a la vida de la primera dama, que al contrario que su marido mantiene envidiables porcentajes de popularidad, Kessler también desvela que Laura Bush se quedó embarazada de sus gemelas milagro Jenna y Bárbara, solamente después de someterse a un poderoso tratamiento de fertilidad. Ayuda médica a la que acudieron los Bush tras haber intentado sin éxito durante tres años tener hijos. Entre esos secretos de familia, junto al conocido accidente de tráfico que sufrió en su adolescencia y en el que resultó muerto un compañero de colegio en Texas, también se confirma que a Laura Bush le siguen gustando los cigarrillos, aunque oficialmente dejase de fumar hace diez años. o hay duda de que Al Qaida representa una amenaza para nuestra seguridad. Sus dirigentes nos han comunicado que están en guerra con nosotros, han organizado atentados terroríficos y, mientras preparan nuevos golpes, tratan de provocar una guerra civil en Irak. Sin embargo, Al Qaida no supone para nosotros el mayor problema dentro del islam radical. En gran medida podemos afirmar que Bin Laden es una figura tan mítica como incompetente. Los atentados del 11 de septiembre movilizaron a la opinión norteamericana y llevaron al desalojo de su organización de Afganistán, además de provocar un FLORENTINO cambio de régimen que PORTERO dejó fuera a sus aliados talibanes para dar paso a un sistema controlado por fuerzas más moderadas. Sus actos despiertan la dormida conciencia de la opinión pública occidental y atraen la atención de los cuerpos de Policía y los servicios de Inteligencia. Hoy se sospecha de que se apuntan como propios actos terroristas de grupos simpatizantes, pero en absoluto parte de Al Qaida. Un ejemplo es la organización de Al- Zarqaui en Irak, reconocida por Ayman al- Zawahri, el número dos de Bin Laden, cuando llevaba ya tiempo combatiendo contra las nuevas autoridades iraquíes. Al Qaida no ha conseguido derribar ningún régimen político ni, con la salvedad de España, nadie se ha plegado a su chantaje. Sin embargo, la amenaza islamista no cesa de crecer. La crisis que sufre desde hace algún tiempo el mundo árabe- -incapaz de incorporarse plenamente a las corrientes de nuestro tiempo, con economías ruinosas, bajos niveles de educación y regímenes corruptos y dictatoriales- -es fuente de frustración, de la que se benefician los islamistas. En Palestina o en Marruecos el escándalo empuja a la población hacia el radicalismo religioso, aunque esos votantes no participen de su visión religiosa. En Europa, los predicadores atraen a emigrantes que sufren el choque cultural o a descendientes de emigrantes que no han logrado incorporarse. El islamismo no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de años de organización e ingentes cantidades de dinero. No hay un único responsable, pero sí un Estado que destaca más que ningún otro: Arabia Saudí. La nación encargada de custodiar los Santos Lugares vive el islam desde el wahabismo, una corriente muy conservadora que está en el origen del islamismo. No son violentos, o no lo son necesariamente, pero su credo crea un abismo entre el islam y el resto del mundo, dificultando la integración. Preparan, voluntaria o involuntariamente, el camino a los salafistas, los más violentos, y, sobre todo, bloquean los procesos de democratización, estigmatizados como influencia corrupta del mundo judeo- cristiano. Si queremos seguridad conviene aclarar estos problemas con nuestros amigos saudíes.