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30 Internacional EL FINAL DEL TERRORISMO EUROPEO ITALIA, LOS AÑOS DEL PLOMO MARTES 4 4 2006 ABC Su herencia envenenada incluiría algunos rebrotes mortales, pero las Brigadas Rojas fueron derrotadas con firmeza policial y judicial, y comprando voluntades entre los arrepentidos mediante flagrantes diferencias de trato en prisión La política penitenciaria abrió brecha JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. En el peor momento de los años del plomo las Brigate Rosse llegaron a matar hasta 22 personas en 1979, y otras 30 en 1980. Parecía que ganaban la batalla pero, poco después, la ofensiva policial y la ayuda de un terrorista arrepentido permitieron llevar a cabo centenares de arrestos y desmantelar casi toda la organización. Italia ha ganado la batalla a las BR aplicando con toda energía los medios policiales y, al mismo tiempo, discriminando el trato a los terroristas apresados: descuentos de pena para los arrepentidos que colaboran o que abandonan la lucha, y cadena perpetua para quienes siguen proponiendo la violencia. Las cárceles italianas custodian hoy más de un centenar de brigadistas, mientras que otros tantos viven como fugitivos en Francia. La cascada de detenciones de 1981 llevó a cantar victoria, pero el veneno del terrorismo ideológico marxista había sido esparcido, y las Brigadas Rojas propiciaron dos graves rebrotes. El último concluyó en el año 2005 con las severas condenas a quienes dieron muerte a dos asesores del Ministerio de Trabajo asesinados a tiros a la puerta de sus casas: Massimo D Antona, en 1999 en Roma, y Marco Biagi, en 2002 en Bolonia. vaje contra magistrados, periodistas, políticos, sindicalistas y empresarios. Acumulan 8 víctimas mortales en 1976, otras 7 en 1977, 29 más en 1978, otras 22 en 1979, y luego 30 en 1980. Por desgracia para Italia, las Brigadas Rojas no tenían el monopolio del terrorismo político, sino que compartían protagonismo con otros grupos de la extrema izquierda y la extrema derecha, algunos de ellos incitados por extraños personajes dentro de los servicios secretos gubernamentales. Desde 1969, 420 muertos En ese paisaje demencial, el año 1980 se cerró con 125 muertos, la peor cifra de un fenómeno que ha costado la vida desde 1969 hasta hoy a 420 personas, incluido el ex primer ministro y jefe de la Democracia Cristiana Aldo Moro, después de 55 días de secuestro. Desde 1969, los heridos han sido más de 1.200, incluidos los casos de tiros en la rodilla a periodistas como Indro Montanelli, director del Giornale Nuovo de Milán; Vittorio Bruno, director del Secolo XIX de Génova, y Emilio Rossi, director del Telegiornale 1 de la RAI. Después de los arrestos masivos de 1980 y 1981, las BR vivieron una segunda etapa como Brigadas Rojas para la construcción del Partido Comunista Combatiente responsables de algunos secuestros espectaculares como el del general norteamericano James Lee Dozier, y de varios asesinatos, pero sin mayor impacto en la vida política de Italia. La segunda metamorfosis se dio entre 1999 y 2002, con el asesinato de los dos catedráticos asesores del Ministerio del Trabajo para la reforma laboral. Todos los culpables están en prisión, y el país confía en haber puesto punto final a la pesadilla. Renato Curcio En cambio, el fundador de las Brigadas Rojas, Renato Curcio, es un ejemplo de reinserción satisfactoria, como tantos otros brigadistas que han cortado de raíz con su vida anterior. Curcio dirige una pequeña casa editorial y, como los demás terroristas reinsertados, no habla de su pasado: Tengo 65 años y quiero ser juzgado sólo por lo que hago ahora Para enterrar las secuelas del terrorismo ideológico, el Estado italiano sigue aplicando dos pesos y dos medidas. Facilita las redenciones de pena y el régimen de semilibertad a quienes abandonan la lucha y renuncian a cualquier actividad política. En cambio, aplica rigurosamente las condenas, incluida la cadena perpetua, a algunas docenas de irreductibles; e impone el régimen de aislamiento- -como a algunos capos de la mafia- -a quienes se permiten ordenar o sugerir nuevos asesinatos desde detrás de las rejas. Aldo Moro fue asesinado el 9 de mayo de 1978, tras pasar 55 días secuestrado ABC Las cuatro mafias, de la lupara bianca a los eurobonos J. V. BOO ROMA. Durante los años 90, Italia libró una seria batalla contra la mafia tras los asesinatos de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Incluso logró arrestar al capo Totó Riína, pero al acabar la década, coincidiendo con el final del siglo, el impulso se había perdido. Triunfaba la estrategia de Bernardo Provenzano: crear una mafia invisible que apenas deja muertos por las calles y logra así minimizar la alarma social. La técnica de la lupara bianca -disolución de cadáveres en ácido o inci- El relevo de Mario Moretti Las Brigadas Rojas nacieron en 1970 de la mente calenturienta de Renato Curcio, estudiante de sociología, y varios amigos suyos igual de exaltados por las teorías marxistas. Deciden pasar a la lucha armada y lo hacen en 1974 con el secuestro de un juez, al que tuvieron que liberar sin contrapartidas. El año 1976 marca el primer asesinato y a partir de ahí, bajo el mando de Mario Moretti, sigue una escalada sal- neración secreta en crematorios- -sirvió eficazmente a Cosa Nostra, que pasó a utilizar tácticas de hostigamiento repetido en lugar de asesinatos, siempre que bastasen para sus propósitos. Bajó también el precio de las extorsiones al tiempo que ampliaba la base de los extorsionados, siguiendo un lema que bien podría asumir la hacienda pública: Que paguen poco, pero que paguen todos La metamorfosis de la mafia incluyó reinvertir en la economía legal el dinero de los contratos de obras públicas- -cuya adjudicación controla en su gran mayoría- de las extorsiones y del tráfico de drogas. La antigua lupara bianca cedió el paso a los eurobonos y las Bolsas de Milán y Nueva York tomaron el relevo a los maletines repletos de billetes. Las cuatro mafias- -Cosa Nostra, de Sicilia; la Ndrángheta, de Calabria; la Camorra, de Nápoles, y la Sacra Corona Unita, de Puglia- -controlaban el 17 por ciento de la economía legal italiana en 1999. Ahora llegan al 25 por ciento, con preferencia inversora en construcción, hoteles, agencias de viajes y otros negocios que operen simultáneamente en varios países. El peso de sus amigos en la política- -desde los ayuntamientos hasta el Parlamento- -se ha hecho mayor, y las mafias se han vuelto crónicas. Los comerciantes pagan, y la ciudadanía se conmueve cada vez menos por unos trescientos muertos anuales. En el siglo XIX se pensaba que las mafias desaparecerían con la unidad de Italia. Después, que lo harían con la llegada del siglo XX, de Mussolini o de la República. Ahora se piensa poco sobre ello. Y se habla menos.