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ABC LUNES 3 4 2006 57 El cantautor Quique González grabó en directo en febrero Ajuste de cuentas que hoy sale a la venta El tenor Josep Bros publica, junto a su esposa María Gallego, un disco con romanzas y dúos de zarzuela ADOLF MUSCHG Escritor El humor negro es algo católico Uno de los más grandes de la literatura germánica presenta mañana en Madrid Eikan, llegas tarde (RD Ediciones) Rebelde, provocador, cosmopolita, admite que la técnica ha cambiado tanto la comunicación que hoy ya nadie ama su lengua TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA BERLÍN. A sus 73 años, Adolf Muschg (Zúrich) es uno de los últimos grandes nombres de la literatura germánica y se le trata como sucesor de Max Frisch, pero en España está empezando. De sus dos docenas de novelas y ensayos sobre Goehte, Keller o la identidad suiza, sólo se ha publicado Baiyun o la sociedad de la amistad y La veleta -Su hombre es frágil, sus mujeres son fuertes. -No es buscado, pero, por lo que sabemos del tal cromosoma X, en realidad debe pensarse en el hombre como el sexo débil. Y tal vez la ciencia haga pronto al hombre innecesario incluso en la reproducción. Tras una fachada masculina, gran parte de la vida es dirigida por la mujer, empezando por cada economía, lo que es poder. Esto ha hecho a la mujer más fuerte. La literatura está hecha frecuentemente de caracteres masculinos débiles. El hombre es un cazador y rastreador, incluso de sí mismo. Se siente un ser inacabado, la mujer se determina antes. -En Eikan no se sabe si usted odia o ama la música. -La música es un filtro de la vida, el chelista se esconde del mundo en ella, ésta lo protege, pero le roba la libertad y el desarrollo. Lo descubre cuando la abandona. Busca un yo, pero en el fondo espera que le sea dado por una mujer y esto no funciona así. -Usted deja al lector sólo ante su historia, ¿no tenía soluciones? -El libro es campo de juego del lector. ¿Qué hay de su trayectoria? -La música refleja tanto lo que he vivido como lo que me ha faltado. Me viene el Goethe de las Afinidades electivas no hay una palabra no vivida, ni una que exprese cómo lo que he vivido. ¿Huye usted de Japón a Suiza? -Conozco Japón desde hace mucho pero sólo recientemente he aprendido lo poco que sé: viviendo con una persona de aquella cultura. Mi biografía está unida a ese país porque mi hermana, mucho mayor que yo, había sido institutriz allí en los años 30 y a su regreso escribió sus experiencias. Fue mi primer libro y podía entenderlo porque reconocía de entrada mi propia cultura familiar. Mi vida se convirtió en una elipse con dos focos: mi casa real de Suiza y aquella casa narrada de Japón. ¿Sigue obsesionado con la naturaleza de la identidad suiza? -La identidad no es propia, es algo otorgado. Cuando Suiza es creada, en 1948, era objetivamente más diferente de lo que Europa es hoy. Pero te enseñan que nosotros estamos dentro y los otros están ahí fuera. El truco suizo es además muy conveniente porque permite creerte parte de Occidente y hacer negocios con todos. ¿La identidad es libro de colegio? -Es el que te explica la unidad frente a Hitler y que nuestro ejército ciuda- Adolf Muschg ABC dano lo asustó aunque en realidad fuésemos cómodamente hasta el último día su supermercado. Son mitos fundacionales como Guillermo Tell. ¿Son ustedes europeos? -La especifidad ha dado un problema para adaptarse mentalmente a los cambios y al nuevo sistema europeo. Cometimos un error al rechazar el espacio económico común, pero a la UE le interesa que exista Suiza: la empresa la necesita para actividades allí. ¿Por qué un europeo convencido le suena tan mal como un buen americano -Un convencimiento patriótico tal creo que sería el fin de Europa. Tampoco me gusta lo de una economía europea o esa representación de Occidente carolingia. Hitler lo intentó y vea. En cambio, veo que España, como el único país occidental con una larga experiencia musulmana, debería aprovechar esos recursos para recordar al mundo islámico que hubo otro tipo de Islam. Córdoba fue una gran capital. ¿La tolerancia es un producto de la paz burguesa? -En cuanto hay guerra se acaba y se vio a muchos intelectuales en tiempos de Hitler diciendo ahora soy más alemán que nunca Apenas sólo Hesse dijo no y argumentó que esta guerra acabará con lo que somos Hoy reprocho a los EE. UU. que hayan caído en el juego reduciendo la identidad americana a la de meros enemigos de Sadam o del Islam. Rebajarse a la altura del enemigo es hacerle un gran favor. ¿Por qué esta insatisfacción en los escritores alpinos? -La introspección es algo protestante. La Reforma puso una enorme responsabilidad sobre el hombre solo y éste se pasa la vida buscando un destino que además sabe que está escrito. ¿No hay con quién compartir? -Así es, mientras los católicos viven una cultura más apocalíptica, entre la vida y la muerte, o sea barroca: disfrutan, pecan, se confiesan, pero la tumba está cerca. El catolicismo tiene ese gran sistema de reciclaje del alma humana y diversificación de la culpa. No viven en la plaza, todo son secretos de familia. El catolicismo tiene una parte de show barroco que transforma; la idea de metamorfosis es muy católica. ¿El catolicismo propicia humor negro? -El humor requiere irresponsabilidad, lo que es tabú para el protestante. El gusto por el cambio, por no dejar títere con cabeza, el humor negro, es algo católico. Los judíos son los otros maestros del humor negro, pero el alemán o el suizo carecen de autoironía. -El Siglo de Oro no estuvo tan mal. -Las cumbres culturales no coinciden con los momentos álgidos de poder, tampoco en Alemania, que, en su cumbre de los años 30, es culturalmente estéril.