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40 Madrid LUNES 3 4 2006 ABC Los ruteros de la Policía Municipal vigilan las líneas más conflictivas e inseguras de los autobuses de la EMT El delito viaja en autobús TEXTO: CARLOS HIDALGO MADRID. Dos y diez de la tarde en las inmediaciones del poblado marginal de Las Barranquillas. El autobús 130 de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) llega, como ocurrió 17 minutos antes, como ocurrirá 17 minutos después, al Centro de Transportes. No se escucha una sola palabra. Sólo el sonido de la inquieta respiración de alguien que, por fin, con voz letrinosa, masculla: ¡Pa abajo! El mismo al que preguntan: ¿Ande vas, Grabié? ¡A drogarme! contesta con el semblante sonriente. ¡Deja ya de fumar, coño! ¡Y ten cuidado, que te vas a caer! Son parte de la clientela menos selecta que utiliza la línea 130, que pasa por Las Barranquillas llegando desde Villaverde y rumbo a Vicálvaro. Se trata de una de las más conflictivas. Se trata, pues, de una de las constantemente frecuentadas por el Grupo Rutas de la Policía Municipal, que el pasado día 29 cumplió dos años de funcionamiento. Sus 35 hombres y mujeres han sumado en este tiempo un total de 5.999 denuncias y 921 detenciones practicadas. Cuando los ruteros que es como popularmente se les conoce, empezaron a trabajar, la idea era que estuvieran en marcha unos dos meses. Sin embargo, la experiencia les ha avalado, y su continuidad, hoy día, nadie parece discutirla. Detrás de nosotros hay mucha gente que no se ve, que hace mucho papeleo, por ejemplo inquiere uno de los responsables de la unidad. El mes de marzo, de hecho, termina con medio centenar de detenidos y más de 60 vehículos recuperados. Su trabajo, a grandes rasgos, consiste en vigilar, de incógnito, el interior de las líneas de la Empresa Municipal de Transportes que presentan una conflictividad mayor, bien sea, como la 130, porque pasan por una zona degradada como Las Barranquillas, o porque en su recorrido, como es el caso de la 27, abunden los carteristas y amigos de lo ajeno. Ahora nos encontramos a bordo de esta última línea, que recorre la plaza de Castilla hasta Embajadores. Nada más empezar su recorrido, suben dos hombres sospechosos de tener la mano ágil Uno de ellos, con melena y barba negra, como el terno que llena, se aposta en la articulación del autobús. El otro, muleta en mano, se queda un poco antes. El primero de los dos no hace más que mirar de un lado a otro, posando los ojos sobre el bolso de una señora mayor que está sentada. A mitad del paseo de la Castellana se acerca a la puerta trasera, no sin antes comprobar el ángulo de visión que da de él el espejo interior del vehículo. Saca una mano del bolsillo para meter la otra. Se le ve expectante, pero no nervioso, mientras busca a su presa. Los agentes camuflados se comunican sigilosamente entre sí. Le tienen acorralado. Así, cuando el vehículo abre sus puertas en una parada, el hombre se apea sigilosamente, rumbo a otra parada, quizá la misma, donde volverá a subir a un autobús, en búsqueda de su presa. Robaron una dentadura postiza Quizá tenga mala suerte. Quizá le ocurra lo que a otros colegas suyos, que metieron la mano en un bolso y lo que se llevaron fue una dentadura postiza; u otros que se adueñaron del audífono de una persona sorda. Mientras, el otro sospechoso continúa a bordo, pero por muy poco tiempo. Cuando se baja, un agente le sigue. Le pedirá la documentación. Se la pre- Carteristas y toxicómanos son asiduos en las líneas más peligrosas, la 27 y la 130 La unidad policial de vigilancia, el Grupo Rutas acaba de cumplir dos años desde su creación Una mujer muestra el interior de su bolso en las inmediaciones de Las Barranquillas sentará. No llevará nada que no sea suyo en los bolsillos, pero el presunto carterista, de origen ecuatoriano, ya sabe que tiene el aliento policial en su nuca. Se lo pensará dos veces antes de dar un palo Porque es ésta una de las principales labores del grupo: la prevención. Los agentes de cada turno se dividen en diferentes líneas, normalmente en parejas, para abarcar el mayor número posible de autobuses del parque madrileño. Además de carteristas y toxicómanos problemáticos, su otro caballo de batalla son los jovenzuelos- -y a veces no tanto- -que, hasta arriba de alcohol y de otras sustancias, vuelven puestos a casa los fines de semana a bordo de los búhos Los hay, incluso, que montan un partido de baloncesto en los autobuses, beben litronas, se pelean entre sí o llevan una serpiente pitón en el bolsillo del pantalón. Sorprendente, pero cierto. Carteristas al acecho El perfil de los carteristas suele ser el de hombres (en un 90 principalmente extranjeros, aunque también quedan los típicos artistas españoles indicaron fuentes policiales. Eso sí, yo sólo he visto a dos, y son los más finos apostilla otro agente. En la unidad recuerdan al primero que detuvieron, El de Montenegro habilidoso como pocos y que ha sido arrestado ya cuatro o cinco veces. Lo mismo ocurre con El Repeinao o con Caracortada ambos de origen chileno. Otro, El Coletas metió la mano en el bolso de una mujer sin percatarse de que el que iba detrás era su hijo. Eso le costó una paliza por parte del chaval. Aproximadamente hay un centenar de carteristas controlados, y el mayor botín aprehendido han sido casi 300 Los ruteros vigilan toda la red de autobuses de la EMT