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28 Internacional EL FINAL DEL TERRORISMO EUROPEO EL ULSTER, LA BRECHA POLÍTICA, SOCIAL Y RELIGIOSA LUNES 3 4 2006 ABC Después de 30 años de lucha, la dureza y la tenacidad del Ejército británico convencieron al IRA de que no lograría sus fines por las armas. Presionadas sus finanzas por EE. UU. aceptó entrar en un proceso de hipotética autodeterminación El fracaso armado llevó al diálogo EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. La paz en Irlanda del Norte nace de la constatación por parte del Ejército Republicano Irlandés (IRA) de que su objetivo- -expulsar a la autoridad británica y proceder a la unificación política de la isla de Irlanda- -no era alcanzable mediante el uso de la violencia. Combatido duramente por el Ejército británico y finalmente muy infiltrado por el espionaje de Londres, en el movimiento republicano se fue abriendo paso, especialmente de la mano de algunos jóvenes dirigentes como Gerry Adams, el convencimiento de la necesidad de una salida pactada. Después de treinta años de violencia en el Ulster, comenzada a finales de los años 60 como radicalización de una campaña en pro de los derechos humanos de la minoría católica, el IRA aceptó que las pistolas no podían sustituir a las urnas. En esa claudicación, forzada también por la presión de la Administración Clinton sobre las ayudas que el IRA recibía de los irlandeses norteamericanos, los republicanos llegaron a aceptar la realidad democrática de Irlanda del Norte. Así, el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 reconoce que el presente deseo de una mayoría del pueblo de Irlanda del Norte, libremente ejercido y legítimo, es mantener la Unión y, por consiguiente, que el estatus de Irlanda del Norte como parte del Reino Unido refleja ese deseo y descansa en él, y que sería equivocado proceder a un cambio de ese estatus de Irlanda del Norte si no es por el consentimiento de la mayoría de su población La autodeterminación, planteada en un futuro hipotético y sujeta a una consulta que debería convocar también Dublín, que antes de dar ese paso cuidaría de no romper sus relaciones con Londres y Washington, no fue un excesivo precio pagado por el Gobierno británico. Esta es, en realidad, la gran diferencia del proceso norirlandés en comparación con el que pueda llevarse a cabo en España. La mayoría de la población de Gran Bretaña considera el Ulster como el resto de un imperio ya caduco, no realmente estratégico- -lo fue más para Estados Unidos durante la Segun- da Guerra Mundial y la Guerra Fría- y en varias ocasiones los Gobiernos de Su Majestad han estado tentados de desprenderse del territorio para evitarse problemas, según reflejan documentos secretos desvelados en los últimos años. En ello ya pensaba Margaret That- La mayoría de la población de Gran Bretaña considera el Ulster como el resto de un imperio ya caduco cher cuando en los años 80 se establecieron los primeros contactos con el IRA, y la autodeterminación ya era mencionada en la Declaración de Downing Street de diciembre 1993 que puso en marcha el proceso, con John Major como primer ministro. A raíz de esa declaración, firmada por Londres y Dublín, el IRA decretó el alto el fuego en agosto de 1994. La falta de avance, debido a la reticencia del IRA a entregar las armas, llevó en 1996 a nuevos atentados y a un definitivo cese terrorista en julio de 1997, meses después de que Tony Blair llegara al poder. El pueblo decide A cambio del cese de la violencia, Londres admitió, tal como señala otro punto del Acuerdo, la legitimidad de cualquiera que sea la elección libremente ejercida por la mayoría del pueblo de Irlanda del Norte en relación a su estatus, si prefiere continuar con el apoyo a la Unión con la Gran Bretaña o una Irlanda soberana unida Aunque ello parece indicar un cierto reconocimiento implícito del derecho de autoderterminación norirlandés, de modo explícito sólo se expresa ese derecho en el supuesto de una consulta futura en el conjunto de la isla de Irlanda. En este sentido, el texto reconoce que es sólo al pueblo de la isla de Irlanda, por acuerdo entre las dos partes y sin impedimento externo a quien corresponde ejercer su derecho de autodeterminación basado en el consentimiento, dado libre y simultáneamente, Norte y Sur, de llegar a una Irlanda unida, si ese es su deseo, aceptando que este derecho debe ser llevado a cabo y ejercido con el acuerdo y consentimiento de una mayoría del pueblo de Irlanda del Norte El sangriento atentado de Omagh, el 15 de agosto de 1998, reivindicado por el IRA Auténtico, provocó 29 muertos AP Muchos antiguos presos liberados forman mafias organizadas E. J. BLASCO LONDRES. La decisión del IRA de abandonar las armas arrastró a grupos paramilitares protestantes a adoptar treguas de diferente carácter o, como en el caso de la UDA, a plantearse igualmente su adiós definitivo a las armas. Pero el paso liderado por Gerry Adams también supuso la escisión del llamado IRA Auténtico (RIRA) que provocó el terrible atentado de Omagh de 1998. En los últimos años, todos los grupos armados se han visto implicados en procesos de ajustes de cuentas y en el crimen organizado en sus modalidades de robo, contrabando y falsificación. Periódicamente, la Comisión Independiente de Seguimiento publica sus informes sobre esa actividad delictiva, que además de ocuparse de las acciones de miembros del IRA, denuncia las protagonizadas por otros grupos católicos (CIRA, INLA, RIRA) y protestantes (LVF, UDA, UVF) La firma del Acuerdo de Viernes Santo de 1998 posibilitó la liberación de 430 presos relacionados con el terrorismo (209 del IRA, 103 de la UDA y el resto de las demás organizaciones armadas vinculadas a grupos firmantes del acuerdo) Su salida de la cárcel no supuso un salvoconducto para evitar posteriores detenciones si volvían a actividades criminales, y hasta un 14 por ciento de ellos han vuelto a prisión, bien por acciones terroristas paramilitares (3 por ciento) bien por asuntos relacionados con las mafias organizadas y la delincuencia común (11 por ciento) Por otra parte, el Gobierno británico ha paralizado por falta de consenso parlamentario una ley para permitir que los terroristas fugados del país puedan regresar con el compromiso de que, una vez presentados ante la Justicia, queden definitivamente en libertad.