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ABC DOMINGO 2 4 2006 61 Toros MONUMENTAL DE LAS VENTAS El último paseíllo de Rafael de Paula Monumental de las Ventas. Sábado, 1 de abril de 2006. Festival homenaje a Rafael de Paula. Lleno de no hay billetes Toros de El Vellosino, Nuñéz del Cuvillo (2 y 6 Daniel Ruiz (3 y el devuelto 5 Gavira, devuelto; y dos sobreros de Sayalero y El Tajo, 4 y 5 bis; terciados en exceso, todos sin fuerza ni casta. Joselito, pinchazo y estocada desprendida (saludos) En el tercero, estocada y descabello (saludos) En el quinto, estocada delantera y desprendida (saludos) Morante de la Puebla, media tendida y descabello (saludos) En el cuarto, media muy atravesada y descabello (silencio) En el sexto, estocada que hace guardia (silencio) mista y difícil de Rafael. Las muñecas rotas. El arte basado únicamente en la inspiración, en la llama pura del espíritu, el bajío, los años en blanco, la olla vacía, el resurgir, las luces, las sombras, rojos y azabaches, vuelos azules, o verdes, o morados, del capote mágico de un torero que ha vivido sin reloj, parado en la pereza de una concepción que dormía las telas y las embestidas sin saber por qué. Todo quedaba atrás. En los medios Paula se destocó, y giró los trescientos sesenta grados de un saludo emocionante. Y volvió sobre sus pasos, desandando el camino andado, cabizbajo, secándose las lágrimas que bajo la sombra del sombrero, nuevamente calado, caían en un discreto pañuelo. Ahí empezó el homenaje, ahí murió el homenaje, con el último paseíllo de Rafael de Paula sobre la arena de Madrid. El éxito del festival radicó en el llenazo de no hay billetes el único éxito de una tarde de detalles, de una tarde que te baja de la nube de lirismo y romanticismo y te devuelve a la triste realidad, burda realidad: los taurinos son tontos del culo. Nadie iba a pedir en Madrid nada más allá de lo que se pide en cualquier festival de Madrid. Un novillo normal, de Madrid, o un toro normal de cualquier parte. Pero se pasaron seleccionando por abajo. Y para mal de males, ni fuerza, ni bravura, ni nada de nada. Un desastre, dos sobreros. El ruedo que aún recuerda la faena al toro de Benavides del 87 merecía mucho más, aparte de la generosidad indiscutible de Joselito y Morante de la Puebla. Las verónicas de Morante, con el mentón hundido en la pechera, al torete ZABALA DE LA SERNA MADRID. Rafael de Paula se apareció sobre la arena. Encajó los botines entre las rayas, como si fuese a mecer una verónica sorda, y caminó hacia los medios con la lentitud de la eternidad, quebrado el paso, sobre la frágil desarmonía de sus rodillas, que sostiene todavía un empaque macizo y gitano. El sombrero de ala ancha calado en la ceja derecha. Impecable la camisa blanca, inmaculada, abrochada hasta el último botón del cuello. El traje gris marengo perfecto. La plaza en pie. Una senda de huellas quedaba atrás como la vida. El jerezano barrio de Santiago de los años cincuenta, la calle Cantarería, las fatiguitas de mamá Tomasa, los primeros pases con el paño de la estufa, las primeras tapias, los primeros tentaderos, los primeros sueños, su leyenda: música negra y desgarrada más que música callada. Notas de bronce. Y la filosofía tímida, honrada, inti- de Núñez del Cuvillo que se desinfló, crujieron el ambiente. Runrún de gran presagio. Nada más que runrún, nada más que presagio. Un par de trincherazos, unos derechazos a cámara lenta. La lentitud de la agonía del toro. El de Gavira fue devuelto. Salió uno de Sayalero que apenas permitió unos ayudados por alto con sabor añejo y unos pases en la querencia antes de vaciarse por completo. El último cartucho, también nuñezdelcuvillo, se sostenía sobre unos alfileres clavados en el aire. O sea que no se sostenía, y aquella trincherilla o este cambio de mano pasaron de puntillas, como la oportunidad de Morante para haber apostado con mentalidad de figura en la selección de los enemigos Joselito se estrelló con un mansurrón y gazapón bruto de El Vellosino, al que le dibujó un principio torero y una serie acoplada en redondo. El de Daniel Ruiz fue un inválido al que despenó de soberbia estocada, y el sobrero de El Tajo permitió al menos el goce de la parroquia joselitista con un quite por crinolinas, ese malabarismo capotero que a la mayoría no les sale ni en el cuarto de baño con la toalla. Después todo se apagó. Rafael de Paula no pudo contener las EFE lágrimas ante el cariño de Madrid