Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
56 DOMINGO 2 4 2006 ABC Cultura y espectáculos Pinilla: El nacionalista lúcido ve sus propias contradicciones; el fanático abraza una fe ciega Gana de nuevo el premio de la Crítica (Narrativa) con Verdes valles, colinas rojas b Cuarenta y cuatro años después de obtener el Nadal con Ciegas hormigas Ramiro Pinilla reapareció en 2004 con una trilogía magna, látigo de los nacionalismos ANTONIO ASTORGA MADRID. Más de dos mil páginas. Medio centenar de personajes. Veinte años edificándola desde los pilares de su tierra. Cien años del valle de Guecho... Así es Verdes valles, colinas rojas la gran trilogía epopeya de Ramiro Pinilla, que fue reconocida en Lugo con el premio de la Crítica 2005 (en narrativa) por un jurado presidido por Miguel García Posada. Editada por Tusquets, el primer volumen, La tierra convulsa amaneció en las librerías en el otoño literario de 2004. En el ferragosto de 2005 asomó la segunda entrega, Los cuerpos desnudos y a final de ese año, el tercer tomo, Las cenizas del hierro Hombres de madera, hombres del hierro, a Ramiro Pinilla el premio le atrapó trabajando- -como quería Picasso con las musas- -en la cuarta parte, una especie de ramificación que lleva por título La higuera y que será más discreta sólo 300 páginas. Estoy muy contento- -expresa a ABC- No lo esperaba, ni sabía que se daba hoy Verdes valles, colinas rojas le ha ocupado dos décadas, pero estaba pensada desde hacía cuarenta años. Pinilla pretendía hablar de la idea de libertad, del hombre y del mundo. Nunca ha vivido de las letras, espiritualmente tampoco. Trabajó por las mañanas de chupatintas en una fábrica de gas de Bilbao, por las tardes en la editorial de cromos Fher, escribiendo cuentos infantiles y de biógrafo por encargo Sí, Pinilla escribía una vida al mes y le pagaban miserablemente. Hice las de Hitler, Mussolini, Einstein... Me documentaba, pero malamente Y no le duelen prendas reconocer que eso era inmoral: hacia el personaje, porque por muy cabrón que fuera el protagonista requería más dedicación. Y hacia los biógrafos, que merecían más repeto por mi parte Las biografías las escribía a lomos de una Underwood En 1960 ganó el Nadal y en 1961 el de la Crítica por Ciegas hormigas Luego sembró sus Verdes valles en un tiempo en el que los hijos ya habían volado de casa y entonces tenía más tiempo para crear. Perdió el ojo derecho y todo su cabello en tan sólo un día a consecuencia de una gran desgracia familiar: Las tensiones me sientan muy mal. En apenas veinticuatro horas me quedé calvo y se me des- Sánchez Rosillo logra el de poesía con La certeza Eloy Sánchez Rosillo (Adonais en 1977 por Maneras de estar solo lleva treinta años en la brecha poética y ayer fue reconocido con el premio de la Crítica por su poemario La certeza compitiendo con Caballero Bonald o Mantero. Es un hito en mi trayectoria que me alegra y reconforta, aunque esto de los premios es un albur. Los otros candidatos tenían igual o mayor mérito que yo, pero me favoreció la suerte Poeta primero y luego profesor (en la Universidad de Murcia) que no poeta- profesor aclara- el autor murciano vuelca en La certeza 50 poemas de los últimos años: Mis libros de antes eran elegíacos; éste es más vitalista, más optimista. Es un cambio de forma natural. Cuando uno es joven pretende lo absoluto. En la madurez se vuelve más positivo, porque relativiza las cosas y no sólo no pretende comerse el mundo, sino que piensa que las cosas pueden ir a peor No entiende la poesía como un elixir para especialistas, sino como algo destinado a todos los seres. No quiero decir que sea facilona, pero la poesía no debe ser deliberadamente oscura ni complicada. Para mí, lo fundamental es la poesía El escritor bilbaíno Ramiro Pinilla, en su estudio de trabajo prendió todo el pelo del cuerpo Un crítico norteamericano le encuadra dentro de la escuela vasca de romance épico y Pinilla pregunta: ¿Cómo el Cid? Creo que no, porque mis Verdes valles tienen un fondo humorístico PEDRO URRESTI Galardonados en otras lenguas Literatura vasca: Poesía: Gorputzeko Humoreak Los humores del cuerpo de Angel Erro; Narrativa; Neguko Zirkua Circo de invierno de Harkaitz Cano Literatura gallega: Poesía: As metamorfoses do túnel de Román Raña; Narrativa: Herba Moura de Teresa Moure. Literatura catalana: Poesía: Monstres de Josep Lluís Aguiló; Narrativa: Mistana de Núria Perpinyá sus grandes conquistas. Es inadmisible. Cualquiera lo sabe Uno de los personajes de sus Cien años de soledad vasca -como ha bautizado el crítico de ABC José María Pozuelo Yvancos esta ópera magna de Pi- El nacionalismo, lo más nefasto Verdes valles, colinas rojas es la visión del mundo de Pinilla a través del mundo vasco. Pero, por encima de todo, está el mundo Ha podido Pinilla lucubrar sobre el fenómeno nacionalista. Juntamente con la religión- -dice- lo más nefasto que ha producido la mente humana es el nacionalismo, y ahí incluyo el nacionalismo español y el vasco. Son excusas empleadas por los grandes egoístas, los grandes emperadores, para arrastrar a su pueblo a nilla- -es un maestro, don Manuel: Él es un nacionalista lúcido- -explica el escritor bilbaíno- porque ve las constradicciones de su propio nacionalismo. En cambio, un nacionalista fanático o ciego no ve esas contradicciones, abraza una fe y la fe es ciega. Don Manuel observa esas contradicciones y sufre: por el amor a su tierra, por las injusticias a las que son sometidos los hombres de allí, por los fallos en la Guerra Civil, por la traición a la República del nacionalismo vasco... Don Manuel, un ser muy honesto, no puede desprenderse del todo de su nacionalismo Yo no soy anti nada; lo que sí soy es no nacionalista proclama Ramiro Pinilla, que se siente esperanzado con el anuncio del alto el fuego permanente de la banda terrorista ETA. Y escruta los mitos más dañinos para el hombre: Por ejemplo, creer que los inventos hacen avanzar a la especie humana. En mi novela aparece una familia, los Baskardo, que trata de destruir todo lo que emerge a su alrededor: la rueda, el fuego... Creen que la esencia de la gran libertad estuvo en el Principio, cuando la vida salió de la mar a la tierra. Aquellas criaturas vivieron la gran libertad, un instante feérico. Me gusta creer que ese instante fue el de la verdadera libertad. A partir de ahí hubo un descenso de esa idea Empero, concluye: En una sociedad tan alambicada, no me considero libre