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50 DOMINGO 2 4 2006 ABC Sociedad Los peregrinos rendían ayer su homenaje a Karol Wojtyla ante su tumba en el Vaticano AP Decenas de miles de fieles rinden hoy homenaje a Juan Pablo II en San Pedro Cuatro millones de personas han visitado la tumba durante el primer año después de su muerte se han vuelto a llenar de peregrinos de todas las razas y todas las lenguas para renovar su homenaje a Juan Pablo el Grande JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. La plaza de San Pedro se desbordará hoy con una multitud que renueva su homenaje a Juan Pablo II. El rosario comenzará, igual que hace un año, a las nueve de la tarde. A las 21.37, aniversario exacto del fallecimiento, Benedicto XVI dirigirá la palabra desde la ventana de su apartamento. Las calles de Roma están otra vez llenas de peregrinos de todas las razas y todas las lenguas. Desde hace un año, pero sobre todo desde hace varios días, millares de personas pasan continuamente por las Grutas Vaticanas antes de subir a la basílica de San Pedro. La tumba de Juan Pablo II, en una pequeña capilla lateral presidida por un altorrelieve de la Virgen, es un rincón luminoso con flores frescas que rodean una sencilla lápida de mármol blanco de Carrab Las calles de Roma ra. A ese lugar, donde se siente la presencia de un santo, acuden hoy los pensamientos y los corazones de infinidad de personas del mundo entero. Cuatro millones de peregrinos han pasado, durante un año, a saludar a Juan Pablo II en su última morada. La afluencia de veinte mil personas diarias ha obligado a crear un nuevo recorrido bajo la basílica y forma una cola que suele comenzar en la columnata de Bernini. Nadie había previsto esta magnitud, como nadie esperaba en abril del 2005 la llegada a Roma de más de tres millones de personas que hicieron colas de hasta veinte horas para rendir un último homenaje al cuerpo exánime de Juan Pablo el Grande antes de que el cierre del féretro hiciese ya imposible volver a ver su rostro. intuido una mujer italiana no creyente que despidió al Papa con un poema el día de sus funerales: El ruido te acompaña todavía pero después llegará el silencio. El silencio de la semilla que se descompone en la tierra empezando a convertirse en planta Emoción intensa La cripta de Juan Pablo II es un lugar de emociones intensas. Justo antes de llegar, cuando la expectación aumenta en los últimos metros, muchos no se dan cuenta de que pasan al lado de las tumbas de Pablo VI y de Juan Pablo I, de Cristina de Suecia y de Carlota de Chipre. Al ver la de Juan Pablo II, los peregrinos contienen la respiración. Unos se arrodillan, otros inclinan la cabeza. En muchos se nota el miedo a tocar el cordón rojo como quien teme Ha llegado a los corazones Lentamente me despojo del brillo de las palabras había escrito Karol Wojtyla en 1944, cuando era seminarista clandestino y trabajaba en una planta química de Cracovia bajo la ocupación alemana. El Papa que más habló a las gentes, durante 26 años, llega ahora directamente a los corazones. Lo había Veinte mil devotos acuden cada día a contemplar la última morada de Karol Wojtyla romper algo sagrado. Unos toman fotos y otros se olvidan de hacerlas, acordándose de la cámara cuando ya están lejos y el flujo de peregrinos les impide volver atrás. Quien llegue a las siete de la mañana- -la hora de apertura- -puede ahorrarse la cola, lo mismo que a las dos y media de la tarde. El resto del día la espera en la fila es larga y sólo es posible pararse ante la lápida unos breves segundos. Se puede rezar con un poco más de calma desde un pequeño espacio en segundo plano, pero la mayoría de los peregrinos, que pasan con los ojos clavados en la lápida, ni siquiera llegan a verlo. Allí suele rezar sor Tobiana, la religiosa y antigua enfermera que gobernó la casa de Karol Wojtyla desde que era arzobispo de Cracovia. Quienes reconocen a la superiora de la pequeña comunidad de cuatro hermanas que atendían el apartamento papal, le agradecen aquel servicio de todo corazón. Don Stanislaw, secretario personal durante casi cuarenta años, y sor Tobiana eran las personas más cercanas al Pontífice, quien dirigió precisamente a ella sus últimas pala-