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2 4 06 SIETE DE SIETE (Viene de la página anterior) cia y discreción que con su compromiso personal y político se enfrentó a la enfermedad, llegando a decir: No soy una mujer que esté llorando por las esquinas. Quizá echo de menos el ajetreo de las maletas y los viajes, pero creo que aún me queda para rato Así será sin duda, porque la española más mexicana como la llaman los hermanos mexicanos, acaba de entrar en la mitología de la canción y su leyenda. Rocío Durcal tenía cara de ángel, como los que se pueden adivinar en el trazo prematuramente magistral del pintor Luis Moro, que acaba de inaugurarse en la Galería Dolores de Sierra de Madrid. Sobre su trabajo, asegura el plástico y director de cine Julián Schnabel, autor entre otras cosas del galardonadísimo filme Antes que anochezca la vida del también malogrado Reynaldo Arenas, que contemplando la obra de Moro percibes una gran cantidad de energía y elementos figurativos en un tipo de pintura enormemente expresiva A caballo entre la abstracción y la figuración, Luis Moro desarrolla un trabajo de una enorme contundencia estética, emocionante y sorprendente. Un pintor y una carrera que hay que a seguir y perseguir. Más que de ángeles sabía de demonios el escritor polaco Stanislaw Lem, novelista, ensayista y filósofo. Intelectual sufridor de las guerras mundiales, en especial de las persecuciones de Hitler, ha muerto en Cracovia esta semana. Su última obra en castellano es Provocación en la editorial Funambulista, un lúcido testimonio sobre el holocausto nazi y todo un testamento político. Su visión irónica e inteligente de la crueldad humana ha sido y seguirá siendo un referente a tener en cuenta, tanto como la sutileza de la poesía visual del poeta escocés Ian Hamilton Finlay, que acaba de abandonarnos, y que también padeció el horror de la guerra contra la que luchó con armas y versos. La utilidad de los ponchos Pasarela ROSA BELMONTE Barbra Streisand, una mujer de lo más organizada y activa ay quien no sabe vestirse para las ocasiones. Tantos cuartos y resulta que Alcalde (esa) al Trullo III se presenta a declarar ante el juez en chándal. Como si fuera al súper a comprar caviar para el gato. Y para taparse las esposas se echa sobre las manos una chaqueta. En el otro extremo del buen uso del fondo de armario, Naomi Campbell y su chic comisarial. Va esposada, sí, pero con un vistoso poncho de piel blanco y las manos debajo. Disimulando. Gracias a Naomi he descubierto que los ponchos tienen alguna utilidad, cosa que ni el gran Clint Eastwood había logrado. Voy a comprarme uno por si me hago delincuente de guante blanco y mano larga. Aunque siempre me ha tirado más lo de asesina a sueldo a lo Kathleen Turner en El honor de los Prizzi La modelo fue detenida en Nueva York porque dice su asistenta que le ha zurrado con un teléfono. Vale que la tía tiene un carácter tirando a agrio, pero qué curioso que la acusen de lo mismo de lo que ella se declaró culpable hace tiempo. Más que reincidencia (es ridículo hablar de reincidencia en el lanzamiento de teléfono) sería como copiarse a sí misma, justo eso que ha ofendido tanto a Margarida Rebelo, la escritora portuguesa que ha pedido el secuestro del libro de un crítico porque afirma (y demuestra) que la chica repite frases de unos libros a otros. Yo también me copio de unos artículos para otros. Son míos y hago H con ellos lo que quiero. En fin, volviendo a los objetos voladores identificados como teléfonos, después del telefonazo de Russell Crowe en el hotel Mercer y del primero de Naomi empiezo a pensar que las acusaciones posteriores forman parte de lo que Doris Lessing llamaría un movimiento histérico de masas (aunque ella se refería a la preocupación de finales Vale que la tía tiene un carácter tirando a agrio, pero qué curioso que la acusen de lo mismo de lo que ella se declaró culpable hace tiempo. Sería como copiarse a sí misma MENA, UN CHISPAZO DE HUMOR eguro que a pesar de lo fúnebre de esta crónica mi compañero José Luis Martín Mena, padrino de lujo con sus viñetas desde mi aparición en estas páginas del diario ABC, haría una obra de arte divertida y ocurrente con tanto óbito, incluso del suyo. Estés donde estés, tu ahijado y estas páginas echarán de menos la compañía de tus trazos, tu talento y tu fino sentido del humor S Naomi Campbell y Clinton, sonrientes a pesar de todo