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2 4 06 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Charlas en familia La Reina Federica de Grecia, durante su azarosa vida marcada por la guerra, el exilio y la reconstrucción del país, y el amor a su esposo el Rey Pablo Palo y sus hijos, tomó notas que volcó en unas memorias llenas de anécdotas personales y políticas. Ofrecemos un fragmento Título: Memorias Autor: Federica de Grecia Editorial: La Esfera de los Libros Páginas: 320 Precio: 22 euros Fecha de publicación: 4 de abril lgunas veces llamaba yo a nuestros hijos monitos o mis ratoncitos pero siempre se negaban a aceptar estos ambiguos aunque cariñosos apelativos, insistiendo con firmeza en que no eran monos ni ratones sino las bendiciones de papá y mamá. En efecto, nuestros hijos fueron para los dos y lo siguen siendo para mí una bendición del Cielo. Hablar con ellos de todas las cosas era un encanto y una diversión para nosotros. Crecieron con un tremendo sentido de su responsabilidad ante nuestro país y ante sus padres, y nunca nos plantearon problemas de ninguna clase. Antes al contrario, nos ayudaban y compartían nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones y nuestras esperanzas. Habábamos de todo en familia, generalmente a la hora de las comidas, que, a menos que tuviésemos invitados, eran los momentos en que estábamos completamente solos. Teníamos la costumbre de hablar todos a la vez y acerca de temas completamente diferentes: estudios, política, filosofía, religión, perros o caballos. Cualquiera que sin pertenecer a A nuestro círculo íntimo nos oyese pensaría que no podríamos entendernos, pero estábamos tan acostumbrados unos a otros que nos resultaba facilísimo captar la onda del pensamiento de cada cual y tratar varios temas simultáneamente. Nuestros hijos han crecido con una sana filosofía de la vida y han aprendido con toda naturalidad lo que nosotros tuvimos que aprender a fuerza de experiencias. uando Irene tenía sólo cuatro años, me dijo una noche antes de irse a acostar: ¿Sabes una cosa, mamá? Que te quiero más que tú a mí y que te conozco desde mucho antes de que tú me conocieras ¿Cómo es eso? le pregunté sorprendida. Pues mira- -me dijo- cuando yo estaba allá arriba con el Niño Jesús, te vi abajo y le dije: Jesús, ésa es la mujer que yo quiero. Qusiera nacer de ella Quizá los niños traen a este mundo algunos recuerdos de otras encarnaciones anteriores, que desaparecen poco a poco para librarles de las cargas del pasado. Otro día, Irene entró en mi alcoba, se puso a charlar y me contó C La Reina Federica habla con sus nietos en su papel de abuela, uno de sus preferidos que Tino y ella habían visto, a través del ventanal del comedor, a un hada que revoloteaba fuera. Al decírmelo, Irene no estaba nerviosa ni mucho menos, como si ver a un hada fuese la cosa más natural del mundo. Puede que lo sea para algunos niños. Le pregunté cómo era el hada y me dijo que tenía unas alas blancas, el pelo corto y llevaba un pequeño calzón negro de baño. Sentí curiosidad por ver lo que me decía Tino respecto a aquel espisodio y salí a buscarle. Estaba jugando cerca de las caballerizas. Tino- -le dije- ¿me quieres decir lo que habéis visto Irene y tú? Sin titubear, con toda tranquilidad, me explicó que habían visto un hada con alas blancas, pelo corto y un calzón negro de baño, al otro lado del ventanal del comedor. Cuando fueron mayores se negaron a aceptar aquella historia y afirmaron entre gran-