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ABC DOMINGO 2 4 2006 Internacional 37 El régimen comunista chino lanza una gran cruzada contra la prostitución Culpan a los extranjeros del creciente negocio del sexo en el país b Los turistas o residentes no na- Burdeles en peluquerías, hoteles y karaokes P. M. DÍEZ PEKÍN. Aunque el régimen culpe a los extranjeros, la prostitución tiene una larga tradición en China. Muchas meretrices se ocultan en las pequeñas peluquerías que abundan en el país, donde, con bastante poco disimulo, se sientan ante el escaparate para atraer a la clientela con poses provocativas y ropas ceñidas. También es raro el hotel donde sus huéspedes no reciban llamadas en su habitación de chicas ofreciendo masajes, pues las redes ocupan tales establecimientos ante la pasividad de sus responsables. Por último, buena parte de los populares karaokes son auténticos burdeles donde, tras reservar un cuarto para cantar y beber, aparece una hilera de señoritas de compañía para que los clientes elijan. cionales que tengan tratos con prostitutas podrán ser expulsados del país, tal y como se hace con los acusados de narcotráfico PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Un extranjero que sea sorprendido in fraganti en China con una prostituta, podrá ser expulsado del país por la Policía, que acaba de ver incrementados sus poderes para luchar contra la delincuencia. Mediante una nueva ley, la norma de orden público 238 los agentes tendrán legitimidad para deportar a todos aquellos turistas o residentes no nacionales que sean detenidos por su vinculación con la prostitución- -tanto clientes como trabajadoras del sexo- así como a los implicados en narcotráfico o consumo de drogas, delitos religiosos, violentas peleas o en graves alteraciones de la estabilidad social. Aunque el Ministerio de Seguridad o los gobiernos locales tendrán que aprobar la expatriación, la información no aclara qué papel jugarán los tri- bunales en este proceso, por lo que todo parece indicar que será la propia Policía la que lleve a cabo las expulsiones. Los agentes ya pueden enviar a los infractores de algunos delitos a campos para la reeducación mediante el trabajo sin necesidad de pasar por ningún juzgado. Limpiar las calles Aunque la orden 238 también endurece los castigos para quienes envíen mensajes obscenos a través de sus teléfonos móviles o para quienes molesten a los vecinos con sus perros y mascotas, su objetivo principal consiste en erradicar la prostitución- -cada vez más extendida en China- -y, de paso, tener una excusa válida para deshacerse de extranjeros molestos. Y es que el oficio más antiguo del mundo se halla a la orden del día en el coloso oriental pese e a estar prohibido. En esta cruzada, los medios de comunicación oficiales culpan del problema al cada vez mayor número de extranjeros. Los locales más famosos y concurridos de las grandes ciudades se encuentran plagados de meretrices. Pero no todas proceden, como insiste la propa- ganda gubernamental, de Rusia, Mongolia, Filipinas o Tailandia. De hecho, la mayoría son jovencitas chinas con buen físico, pocos escrúpulos que, tras estudiar durante el día en la Universidad o trabajar como dependientas y camareras, acuden a las discotecas para captar clientes, a los que seducen como si se tratara de un ligue nocturno para luego pedirles entre 400 y 1.000 yuanes (entre 41 y 120 euros) La situación está tan consentida que algunas zonas en Shangai parecen ya Bangkok o algún otro destino del turismo sexual, con chicas provocando y llamando a gritos a los clientes en plena calle ante la indiferencia de la Policía. Por su parte, Hong Kong ha heredado de su pasado colonial una de las noche más desenfrenadas y picantes de Asia. Propaganda sexual En Pekín, cada día son repartidas por debajo de la puerta de los apartamentos de lujo miles de tarjetas con números de teléfonos móviles y sugerentes imágenes de bellezas orientales ofreciendo masajes las 24 horas del día, con servicios que oscilan entre los 50 y los 300 yuanes (entre 5 y 31 euros) y que comprenden técnicas tradicionales como la tailandesa o más innovadoras como la de hielo y fuego Lo malo es que, desde ahora, más de un laowai (extranjero, en mandarín) se va a quedar frío con tanto calor.