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ABC DOMINGO 2 4 2006 La Entrevista 11 bierno como primera noticia en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. Y que el embajador sea recibido y despedido por el Rey, por el jefe del Ejecutivo y por la vicepresidenta y que sea recibido, muy generosamente, por cierto, por la Conferencia Episcopal. -Pero su nombramiento fue interpretado como una maniobra de Zapatero para deshacerse de uno de sus principales críticos dentro del propio partido... -Los datos objetivos que le acabo de dar desmienten cualquier interpretación malsana, que no la hay. Se me ha pedido ser embajador como un servicio a España, y yo creo que puedo ser útil. De hecho, creo que lo he sido sin haber tomado aún posesión, en cuanto a imagen. Nunca se ha hablado tanto del embajador en el Vaticano, y hasta se dice que hay un nuevo clima en las relaciones con la Iglesia. Solamente por eso ha valido la pena aceptar. ¿Ha cambiado entonces la actitud del Gobierno, después de que, en vísperas de la manifestación contra la ley de Educación, la vicepresidenta se presentara de manera semiclandestina en el Vaticano o que el ministro de Asuntos Exteriores convocara en dos ocasiones al Nuncio para cuestiones menores? -Zapatero me ha transmitido que él lo que cree es que debe haber acuerdos de estabilidad. La Iglesia, y en eso coincido con él, no tiene que estar sometida al vaivén electoral de quién gobierna. La Iglesia tiene que buscar un marco cómodo que le permita, durante veinte o treinta años, saber que la política educativa va a ser esta o la política de financiación va a ser esta otra, al margen de que gobierne el PSOE o el PP. Tan malo sería negarle a la Iglesia ese reconocimiento como que la Iglesia buscara imponer sus criterios, porque generaría el rechazo de una parte de la sociedad. Hay una experiencia anterior, que son los años de gobierno de Felipe González, en los que, tras un comienzo receloso, luego hubo unas relaciones muy cordiales con las distintas Conferencias Episcopales y no hubo mayores problemas. Creo que la voluntad que hay ahora es volver a una situación como esa. -Sin embargo, se ha aprobado un anteproyecto de ley de Investigación Biomédica que permitirá la clonación terapéutica, la cual rechaza la Iglesia y sobre la que Zapatero ha dicho que no caben frenos de conciencia -La conciencia individual siempre tendrá una incidencia clara en estas cuestiones, y también las convicciones religiosas. Yo no soy un experto en este debate sobre las células madre, pero sí tengo muy claro que debe haber un respeto a la vida desde el momento de la concepción. Nadie puede imponer la generalización de sus creencias, pero tampoco la sociedad puede violentar las conciencias de las personas. En España, donde tenemos una historia reciente plagada de errores, hemos de ser muy conscientes de la necesidad de buscar siempre el punto medio, la tolerancia. Cuando la Iglesia se sintió agredida o lastimada, nunca fue bueno, siempre se produjo una desestabilización, más que política, social, una incomodidad en la propia sociedad. La polé- Apoyaría el Estatuto porque ya no tiene nada que ver con el que salió de Cataluña ¿Le sigue produciendo urticaria, como afirmó, el Estatuto de Cataluña o se la ha pasado ya tras ser aprobado? -El paso por el Congreso fue una buena pomada, un buen bálsamo, porque evidentemente el Estatuto que se está aprobando no tiene nada que ver con el que salió de Cataluña. Ahora creo que es un Estatuto claramente constitucional, no como cuando salió del Parlamento de Cataluña. ¿Si le hubiera dado tiempo a votar en el Senado, lo habría hecho a favor? -No me dará tiempo, porque dejaré de ser senador en breve, pero lo hubiera votado favorablemente. Y creo, además, que servirá de referente para otros estatutos. El gran error fue la precipitación que tuvo Pasqual Maragall, al forzar un acuerdo en el que el Estatuto no reflejaba lo convenido, lo pactado y lo que él anunció al PSOE y a la sociedad española. El debate mantenido a mí, políticamente, me reconforta, porque vuelve a situar las cosas donde algunos decíamos que debían estar. Ha puesto en valor nuevamente a partidos constitucionales, como CiU, y ha puesto en su sitio a partidos radicales que en su día no votaron la Constitución, como es ERC. Yo admiro mucho el gran esfuerzo que han hecho mis compañeros socialistas catalanes. mica con la Iglesia nunca ha traído nada bueno para nadie. El Gobierno quiere dialogar y entenderse. ¿Lleva usted alguna idea sobre la cuestión de la financiación? -Nunca se debe olvidar que la interlocutora del Gobierno designada por el Vaticano es la Conferencia Episcopal, lo cual, además, es lógico. Es aquí donde deben negociarse esas cuestiones. -En cuanto al viaje del Papa, ¿ha habido una intención del Gobierno de que Benedicto XVI viniera a Madrid para que un encuentro con Zapatero no se produjera en un ambiente como el de Valencia, en el que el jefe del Ejecutivo pudiera sentirse incómodo? -No. En Valencia, el Papa, que además de jefe espiritual de los católicos es jefe de un Estado, va a mantener los encuentros institucionales propios de un jefe de Estado: se reunirá con el Rey, con el presidente del Gobierno y con el presidente de la comunidad autónoma, como hizo Juan Pablo II. Y a Madrid no vendrá porque no hay motivo para que venga a Madrid. El Papa viene a una cuestión concreta, que es presidir el Encuentro Mundial de las Familias en Valencia. ¿Le ha pedido Zapatero que sondee las posibilidades de intermediación o participación de la Iglesia en el proceso abierto en el País Vasco en relación con ETA? -Rotundamente, no. Lo cual no quiere decir que el Gobierno de España no RELACIONES CON EL EPISCOPADO Hay que volver a la situación que existía en la época de Felipe González en las relaciones entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal COMISIÓN MIXTA Muchos malentendidos se disiparían si se fomentaran las reuniones de la Comisión Mixta previstas en los acuerdos entre el Estado y la Santa Sede valore el papel que pueda tener la Iglesia durante el proceso. Ese papel, no tanto de la Iglesia en el País Vasco o de una persona concreta, sino de la Iglesia como tal, puede ser importante, incluso desde el punto de vista declarativo, apoyando sin reticencias un proceso de paz, y además, más con consideraciones morales que con juicios políticos. La Iglesia tiene que ser clara. La paz es un valor consustancial a la propia Iglesia. ¿Cree usted que tras el anuncio de alto el fuego de ETA se ha creado, de inmediato, un optimismo excesivo? -Yo no lo tengo. Yo soy cauteloso y receloso. Creo que de todas las circunstancias similares que hemos vivido hasta ahora, este es el mejor momento, que es el momento en que ETA está más aislada socialmente y con mayores dificultades operativas. Pero yo no creo que vaya a ser un proceso rápido. Tendrá muchos altibajos y habrá sectores en ETA contrarios al acuerdo. Yo lo que espero es que haya una gran unidad de todas las fuerzas políticas, porque en determinados momentos este proceso va a exigir generosidad. Y se lo dice un político duro en el enfoque del tema terrorista y muy claro en la concepción de España. ¿Ha leído estos días muchos libros del Papa? -Ya los había leído antes. Incluso, escribí tres artículos: uno cuando murió Juan Pablo II, otro cuando se celebró su funeral, y un tercero cuando fue elegido Benedicto XVI. Y he escrito sobre lo que representaban dos Papas que habían vivido las dos grandes dictaduras del siglo XX, nazismo y comunismo, dos Papas que tienen una gran sensibilidad histórica. Yo había leído dos libros fundamentalmente, y ahora uno sobre su vida. Y estoy empezando a leer uno muy interesante que me dio el portavoz de la Conferencia Episcopal, Martínez Camino, que son los discurso que el entonces cardenal Ratzinger dio en España cuando visitó el país. ¿Qué libro es el que más le ha impresionado? -Un sermón de Corpus Christi sobre la Eucaristía, en el que habla del concepto que tiene del amor y que se ha reflejado en la encíclica Deus caritas est una encíclica, por cierto, muy innovadora.