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ABC DOMINGO 2 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA SANTIDADES OMO el tiempo de la Iglesia se espeja en el horizonte de la eternidad, la canonización exprés de Juan Pablo II, solicitada por aclamación masiva en las calles de Roma bajo el shock emocional de su desaparición, ha entrado en la vía cautelosa de una burocracia vaticana que mide sus pasos sobre la larga alfombra de la Historia. Da igual. El pueblo de Dios ya lo ha hecho santo por su cuenta, guardando en su memoria colectiva y sentimental la estampa del Papa bueno que se cargó la Cruz de la piedad a cuestas de su propio sufrimiento. Santo subito. Aplacado aquel huracán popular que se desató en todo el mundo hace un año, y que parecía remover con su viento de gracia las quencias colocadas junto al féretro de IGNACIO ciprés en San Pedro, el reCAMACHO cuerdo del Papa Wojtyla es ahora el de la serena evocación de un formidable ejemplo moral cuya herencia gravita sobre el talante más intelectual y sosegado de su sucesor, el filósofo Ratzinger. El Pontífice que cambió el signo del siglo XX al derribar con su soplo espiritual la hermética oquedad ideológica del Telón de Acero se refleja en la conciencia universal como un gigante de rectitud y de justicia, a cuya sombra la Iglesia recuperó inmensas cuotas de liderazgo en la época más secular de la Historia. La volatilidad de la opinión pública en este tiempo de liviandades conceptuales y triviales certezas ha remansado la sacudida global que provocó su muerte, pero no ha barrido un ápice de la vigencia de su legado de ejemplaridad, de rectitud, de entrega y de ese bienaventurado ejercicio de amor al prójimo que los cristianos conocemos con el nombre de caridad. Juan Pablo II no sólo revolucionó la Iglesia con su impulso apostólico, que mezclaba un rearme dogmático y un potente esfuerzo doctrinal con un inédito despliegue de carisma mediático. El Papa polaco logró también proyectar sobre el mundo, y muy especialmente sobre los jóvenes, un foco de generosidad y compromiso que lo convirtió en un icono de la paz y en un activo paladín de la justicia. En ese sentido, su labor fue mucho más que ecuménica; por encima de las creencias, Juan Pablo se elevó como un líder capaz de convocar el respeto de todos en torno a su mensaje de espiritualidad y de concordia. Éste es, sin duda, el testamento primordial de su pontificado. El de la prevalencia de los valores inmateriales frente al imperio de lo pragmático. El de la importancia de la conciencia y la fe ante el descreimiento y el utilitarismo, el de la búsqueda de la virtud y de la perfección en medio de un clima de acomodada relajación relativista. En la agónica asunción final de su propio dolor resumió con conmovedora firmeza toda la hondura de su testimonio: el de un creyente capaz de transformar el sufrimiento en un acto supremo de sacrificio y de entrega. Con o sin expedientes oficiales, la santidad contemporánea debe de ser algo muy parecido a su ejemplo. C MARBELLA TODO LO TAPA N Marbella están escenificando a todo bombo político, policial, judicial y mediático una falta de ortografía. No es la Operación Malaya. Es Malhaya la Operación. Malhaya la manipulación interesada, el gran montaje, entre Informe Semanal y Salsa Rosa, en el que Andalucía, como siempre, todo lo tapa. Los años de autonomía administrada por los socialistas no han servido para nada. Andalucía sigue siendo el tablao, la guasa, el chiste, la servicial criada seseante y salerosa de España, a la que le saca las castañas del fuego cada vez que es menester. Sin recibir nada a cambio, más que descrédito. No es que yo ponga la mano en el fuego de esas castañas por ningún mangón corrupto de la capital hortera del gilismo, donde dice Ignacio Camacho, marbellólogo con muchos trienios, que los únicos que no roban son los ladrones. Pero sí digo que al Ayuntamiento de Marbella le ANTONIO pasaba igual que al despacho de BURGOS Mienmano: que eso lo sabía todo el mundo, que la corrupción cobra allí quinquenios. Y mire usted qué puntería: han venido a poner en marcha la Operación Malaya, sin hache, ay, malhaya con hache, cuando con exacta sincronización más conveniente era para que los españoles se pusieran a mirar los caballos de pura raza intervenidos como si fueran un burro volando, y nadie dijera que los separatistas catalanes se han limpiado en las cortinas de la Constitución con su Estatuto y que los presidentes del Gobierno presentan como héroes de la paz a los cabecillas de las bandas terroristas declaradas ilegales en toda Europa, ante las que claudican, negociando por debajo de la mesa. ¡Malhaya sea Marbella! Aquí no se ha aprobado indignamente y por los pelos ningún Estatuto separatista y anticonstitucional. Aquí el Estado no ha entregado la cuchara y consagrado a Cataluña como nación. Aquí los asesinos terroristas de la ETA no le E están marcando el paso al Gobierno. Aquí el Gobierno no ha cedido ya muchísimo más de lo que le costó la vida a Miguel Ángel Blanco. ¿Por qué dejamos que lo asesinaran, si al final les íbamos a dar cuanto pedían? Aquí no hay más problema que la corrupción en Marbella. Roldán, Filesa, los fondos reservados, nunca existieron. Y en Cataluña no hay ni ha habido corrupción ninguna. El Carmel nunca existió. En Cataluña no hubo banda alguna de facinerosos de la política que cobrara la mordida institucionalizada del 3 por ciento, euríbor de la corrupción. En Cataluña no hay una mafia que hasta usa el uniforme Corleone de las camisas negras y las corbatas blancas, y que les saca el 20 por ciento del sueldo a quienes han colocado en la mangoleta. Nada, nada: el único problema que tiene España es Marbella. Cuando González estaba aún en el Gobierno, allí existía la misma corrupción que ahora. Y cuando Aznar también. Los dos grandes partidos miraban para otro lado y silbaban Paquito el Chocolatero Desde el primer día que Gil pisó el ayuntamiento, la suprema responsabilidad del control del marbellero Urbanismo depredador estaba en las mismas manos que ahora: la Junta de Andalucía. Y Chaves miraba para otro lado. Sabedor quizá de que lo que una partida de golfos apandadores hacía en Marbella era lo mismo que los dos grandes partidos realizaban en otras ciudades, aunque con más estilito. Pero, claro, da tanto juego Marbella para que nadie piense que un jefe de terroristas se jacta de haber acabado con la España de la Transición y que el presidente del Gobierno, encima, lo presenta como héroe de la paz... Da tanto juego Marbella ante la virtual secesión de Cataluña. Y gobernada por los socialistas, diz que en su tercera modernización, Andalucía, como siempre, sigue jugando su triste papel de la charlotada en la tragedia de España. ¡Malhaya!