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110 Los sábados de ABC SÁBADO 1 4 2006 ABC DISEÑO Y FORMA Dos siglos y medio después de que recreara en España su universo rococó, el alma napolitana de Corrado Giaquinto vuelve al Palacio Real de Madrid. Una exposición en el alcázar reúne por primera vez su obra y recupera para el público del siglo XXI a uno de los primeros maestros de la pintura del XVIII Una vuelta al rococó DeCo POR VIRGINIA RÓDENAS rrado Giaquinto ha dicho el profesor Alfonso Pérez Sánchez, comisario de la exposición que se inaugura el próximo martes, que es el artista que mejor encarna en los países mediterráneos, las delicadezas y los caprichos del rococó Una sensibilidad del barroco extremo que impregnó para siempre los frescos con que decoró los palacios de la Corona durante los diez años que permaneció en España a las órdenes del Rey Fernando VI, y que culminaron con el despido ordenado por su sucesor, Carlos III, que pretendía también con este gesto restituir la imagen de su madre Isabel de Farnesio- -otrora la madrastra odiada y desterrada de la Corte por su antecesor, y, por supuesto, excluida por mandato regio de cualquier representación ornamental. Y así como Giaquinto sustituyó en la gracia real a Lucas Jordán, Rafael Mengs ocuparía a partir de ese momento su lugar. Otro renglón de esa Historia con mayúscula que ya sabemos cómo se escribe, y que no es sino el preciso devenir del Arte, con el que comparte la misma médula. También ha subrayado Pérez Sánchez con motivo de esta vuelta de Giaquinto que fue genial maestro para orquestar cúpulas y bóvedas rebosantes de coros teatrales, que equivalen a los de las óperas de su tiempo, tratados con un colorido exquisito, y en los lienzos de caballete, de temas clásicos y mitológicos, e incluso religiosos, los llena de personajes que parecen salidos de las tragedias de Metastasio, de los oratorios de Haydn, o de las óperas napolitanas Un universo que Patrimonio Nacional y la Fundación Santander Central Hispano han recuperado a través de cerca de setenta y cinco obras, para dar al visitante a estas salas de exposiciones temporales del Palacio Real, donde se alojan, una visión completa del artista en sus diversos aspectos: decorador brillante, pintor mitológico de delicada sensualidad rococó; pintor religioso de lenguaje ex- presivo y teatral; paisajista de amplio vuelo y, en ocasiones, retratista cortesano. Una exhibición de la compleja personalidad de este gran artista, por medio no sólo de los cuadros que posee Patrimonio Nacional, propietario de uno de los más importantes conjuntos de su obra tanto en frescos como en lienzos, sino de los cedidos por el Prado, que conserva numerosas obras procedentes, en su mayor parte, de las colecciones reales, así como del Museo de Capodimonte, y de otros espacios museísticos españoles y europeos, además de un selecto grupo de piezas de colecciones privadas, italianas y españolas. El nacimiento del Sol y el triunfo de Baco principal tema del Salón de Columnas del Palacio Real (arriba) Debajo, Farinelli, el castrato que calmaba las depresiones de Felipe V Impulsor de la Real Fábrica de Tapices Corrado Giaquinto (1703- 1765) viene a España en 1753- -donde viviría diez años- -reclamado por el Rey Fernando VI. Su primer trabajo consiste en restaurar el fresco del Palacio del Buen Retiro La Orden del Toisón de Oro que tanto interesó al monarca- -y que era obra de su maestro Lucas Jordán- Fue nombrado primer pintor de Cámara, director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y director de la Real Fábrica de Tapices. De su paso por esta última, como hoy recuerda María Dolores Asensi, su directora, sobresale la creación de la serie titulada Historia de José, David y Salomón considerada una de las obras más importantes realizada por la Real Fábrica. Estos tapices, destinados en principio al Cuarto del Rey, y adaptados luego al de la Reina, decoraron durante el reinado de Carlos III en la saleta y antecámara de este soberano Asensi apunta que la Real Fábrica de Tapices vivió su periodo de máximo esplendor durante el siglo XVIII al amparo y bajo la decidida promoción de los primeros borbones, en cuya época los pintores del Rey se ponen al servicio de la manufactura. Y entre ellos, uno de los más destacados fue precisamente Corrado Giaquinto, que la dirigió de 1753 a 1762. Silla de manos de Bárbara de Braganza, de Patrimonio Nacional