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68 Cultura SÁBADO 1 4 2006 ABC TEMPLOS DE LA CULTURA Mañana, con ABC, la duodécima entrega de la colección Museos del mundo ofrece el tomo correspondiente a las Tate Galleries de Londres, por tan sólo 10,95 euros más La última sorpresa de Londres TEXTO: ANDRÉS ÚBEDA DE LOS COBOS La visita a las Tate es una de las experiencias más satisfactorias del itinerario cultural londinense. Nunca decepciona, sobre todo a los visitantes que no se resignan a la rutina impuesta por las guías al uso, que encadenan a sus lectores como si de galeotes se tratara. Todo empezó con el generoso ofrecimiento del magnate Henry Tate, el rey de los terrones de azúcar, de donar sesenta y cinco pinturas inglesas a la nación, las cuales fueron finalmente presentadas en 1897 en el edificio que hoy ocupa la Tate Britain. El éxito de la iniciativa fue tal que desde entonces no dejó de crecer. Primero, en su sede original ampliada en numerosas ocasiones; después en sucursales situadas en puntos distintos de Inglaterra (Tate Liverpool, Tate St. Ives, en Cornwall) y, finalmente, desde el año 2000, en una antigua fábrica situada en la orilla opuesta del Támesis, la Tate Modern, la última sorpresa de Londres. Poco queda del entusiasta aunque modesto proyecto de Tate, los límites cronológicos y geográficos que entonces encorsetaban la institución fueron felizmente superados, de forma que sus visitantes pueden ahora contemplar arte preferentemente británico desde comienzos del siglo XVI hasta el XXI y no sólo óleos, como preveía el proyecto original, sino acuarelas (las célebres que Turner legó a su muerte) estampas, dibujos, esculturas o todo tipo de montajes impuestos por el arte estrictamente contemporáneo. El recorrido propuesto por la galería es simplemente fascinante. A caballo entre la historia y la historia del arte, desde los retratos de la dinastía Tudor hasta la descarnada visión de Lucian Freud, el visitante se adentra en los mundos propuestos por artistas de la talla de Nicholas Hilliard, que muestra un envarado retrato de la Reina Isabel I; o los sofisticados personajes retratados por Van Dyck o Peter Lely, en el siglo XVII. Ya en el XVIII merece especial mención William Hogart, con En la imagen, fachada principal de la Tate en Londres, que nació de una donación del magnate Henry Tate su moralismo puritano que inaugura algunas de las características que hoy reconocemos como propias en la pintura británica, libre de grandes patronos que encorsetaran la creatividad de sus artistas al imponer un estilo oficial con normas dictadas por la etiqueta, la tradición o el decoro. Por todo ello, hoy no pueden dejar de sorprender las obras de Thomas Gainsborough, Joshua Reynolds, George Romney o Thomas Lawrence, autores de algunos de ABC Podemos contemplar arte preferentemente británico desde comienzos del siglo XVI hasta el XXI los mejores retratos ingleses de todos los tiempos. La existencia de un mercado más libre y de clientes más permisivos a la hora de juzgar la originalidad permitieron las experiencias visionarias de William Blake, Henry Fuseli y John Flaxman, magníficamente representados en este museo; las ensoñaciones paisajísticas de William Turner, cuya colección en la Tate es, simplemente, envidiable; o la pureza primitivista de los prerrafaelitas. Difícilmente pudo imaginar Henry Tate que su iniciativa podría dar como resultado la Modern Tate, donde pueden contemplarse obras del fauvismo en adelante, con conjuntos imprescindibles de Pollock o Rothko y donde no faltan los nombres más importantes de la pintura del siglo XX: Picasso, Matisse, Miró, Warhol, Bacon, etc...