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60 Sociedad SÁBADO 1 4 2006 ABC Religión El secretario personal de Juan Pablo II y su médico revelan en un libro presentado recientemente el adiós de un Papa sin miedo al dolor y sin miedo a la muerte. En el primer aniversario de su muerte recordamos sus últimos problemas de salud en su heroica etapa final Si no puedo cumplir mi misión, quizá sea mejor que me muera TEXTO: JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Si no puedo cumplir mi misión, quizá sea mejor que me muera comentó Juan Pablo II el Domingo de Pascua del pasado año cuando se retiraba de la ventana después de haber sido incapaz de pronunciar la bendición Urbi et Orbi La traqueotomía le había impuesto silencio durante la Semana Santa, y el Papa reservaba todas sus fuerzas para ese momento, pero el cuerpo le traicionó. Durante un minuto, luchó por sobreponerse al párkinson y articular la primera palabra, pero sólo se oyó un estertor y un jadeo, mientras su rostro se deformaba por el tremendo dolor, primero físico y después moral. La muchedumbre rompió en un aplauso atronador, mientras las lágrimas brotaban a raudales en la Plaza de San Pedro y, simultáneamente, en todos los rincones del planeta, pues 104 cadenas retransmitían en directo a 74 países la fiesta más importante del año. Juan Pablo II reza el Ángelus en una habitación del Gemelli, el 6 de marzo de 2005 Aquel momento dramático del 27 de marzo de 2005 lo fue mucho más de lo que el mundo pudo ver, seLos golpes a la salud gún ha revelado el secretario Stanislaw Dziwisz en el libro Dejadme ir... 1981. Atentado del 13 de mayo: sobre la heroica etapa final de la vida pierde buena parte del intestino. de Juan Pablo II. El ahora cardenal ar 1991. Síntomas de párkinson: no zobispo de Cracovia relata sobriamenreconoce el problema hasta 1996. te aquel episodio en muy pocas líneas: 1992. Extirpación de un tumor: El Santo Padre había sufrido un duríestaba ya convirtiéndose en maligno. simo golpe. Después de alejarse de la 1993. Luxación de espalda: debida a ventana dijo: Quizá sea mejor que yo una caída. Requiere operación. me muera, si no puedo cumplir mi mi 1994. Fractura del fémur: por una sión y enseguida añadió: Hágase tu caída. Se le implanta una prótesis. voluntad... Totus tuus En toda su vi 1996. Operación de apéndice: la da no había deseado ninguna otra coretrasó diez meses por trabajo. sa 2002. Artrosis de rodilla: se niega a drama- -el secretario personal Stanislaw Dziwisz y el médico de cabecera Renato Buzzonetti- -empiezan a levantar parte de un secreto profesional que ya no debe serlo pues los detalles de la santidad de vida de Juan Pablo II pertenecen ya al patrimonio del cristianismo. La primera entrega llega en el libro que recoge en su título las últimas palabras de Karol Wojtyla- Dejadme ir a la casa del Padre pronunciadas aquel 2 de abril de 2005 a las tres y media de la tarde, seis horas antes de fallecer. Resistencia a los tratamientos Se descubre así que el Papa era muy preciso con su médico a la hora de explicar los síntomas, en el intento de acelerar la curación para volver a su trabajo Otras veces, en cambio, rechazaba o retrasaba tratamienREUTERS tos que hubiesen frenado su actividad. En abril de 1994, resbaló y se rompió el fémur derecho la víspera de un viaje a Sicilia, al que no quería renunciar. Según el doctor Buzzonetti, para convencerle de la gravedad de lo sucedido, realizamos en plena noche una radiografía en el mismo apartamento pontificio La imagen dejó claro que la única salida sería hacia el hospital, donde se le implantó una prótesis de cadera. Juan Pablo II se resistió mucho más frente a la apendicitis aguda que se manifestó el día de Navidad de 1995, cuando fue incapaz de terminar de leer el mensaje de felicitación. Durante meses y meses insistió en los tratamientos intentando evitar el quirófano, y aceptó volver de nuevo al Gemelli el 8 de octubre, cuando físicamente ya no podía más. En 2002 apareció la artrosis en la rodilla derecha, pero el Papa se negó a que se le instalase una prótesis. Llevaba ya tiempo utilizando una plataforma móvil, que le permitía desplazarse de pie, descargando parte de su peso en la pierna izquierda y en los brazos. Desde ese momento, pasó a la silla de ruedas para el resto de sus días. Visto con la perspectiva de la historia, Karol Wojtyla tuvo siempre una fuerza de voluntad fuera de lo común, que brotaba de su intensa oración personal, y le permitió hacer, a lo largo de su vida, mucho más de lo que era físicamente posible. Los primeros síntomas de párkin- Apoyo espiritual Aunque quizá lo intuyese, Juan Pablo II no sabía que su vida terrena concluiría tan sólo seis días más tarde, a las 21.37 del sábado 2 de abril, cuando litúrgicamente se celebraba ya el Domingo de la Divina Misericordia, la fiesta que él mismo había instituido en el Año Santo de 2000 en respuesta a la petición de Jesucristo a Faustina Kowalska. El Papa no tenía miedo a la muerte, ni tampoco a la enfermedad o al dolor, cuyo misterioso valor sobrenatural había comentado en una larga carta a los enfermos de la archidiócesis de Cracovia el 8 de marzo de 1964, el día de su entrada en la catedral. El nuevo arzobispo les decía que se apoyaba espiri- implantar una prótesis. 2003: Pérdidas de voz: no puede leer en el XXV aniversario de su Pontificado. 2005: Traqueotomía: consigue hablar sólo en privado. tualmente en ellos pues aunque el sufrimiento sea un mal, por Cristo y en Cristo se convierte en un bien Veinte años más tarde, después de sufrir como Papa un grave atentado, escribiría la carta apostólica Salvifici Doloris publicada el 11 de febrero de 1984, fiesta de la Virgen de Lourdes, a cuyo santuario peregrinó de nuevo el 15 de agosto de 2004 en su viaje internacional número 104, que sería el último. A un año de su agonía y fallecimiento, los testigos más directos de aquel son aparecieron a finales de 1991. Según su médico personal, Juan Pablo II infravaloró, durante mucho tiempo, algunos de sus problemas, y sólo tardíamente comenzó a preguntar por el temblor de la mano. Yo le decía que el temblor es el síntoma más visible de esta patología neurológica, pero que del temblor no se ha muerto nadie, aunque pueda ser un grave impedimento. Fue sobre todo la pérdida de equilibrio lo que llevó a situaciones críticas y, más adelante, el dolor osteoarticular en la rodilla derecha, que le impedía permanecer en pie Poco a poco, el párkinson iba ganando el pulso, y en la primavera del año 2000 el Papa añadió a su testamento una frase que revela sus dudas interiores: A medida que se abre el siglo XXI y en el año en que mi edad llegará a los ochenta, hay que preguntarse si no es el tiempo de repetir con el bíblico Simeón: Nunc dimittis El carácter poético de un texto deliberadamente ambiguo en los párrafos siguientes permite pensar en la muerte, pero también en la renuncia al Papado por grave inca-