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30 Internacional ISRAEL Y PALESTINA, GUERRA ENTRE GOBIERNOS SÁBADO 1 4 2006 ABC Si Hamás vuelve al terrorismo, todos sus dirigentes serán posible objetivo de asesinatos selectivos árabes y musulmanas para paliar las más que previsibles sanciones que impondrá a su Gobierno, mientras no reconozca a Israel y abandone la violencia, la comunidad internacional. En la acera de enfrente aspira a colocarse, en contra de la opinión del Kadima, el líder del Partido Laborista, el sindicalista Amir Peretz, quien entiende más de cuestiones sociales que de negociaciones territoriales con los palestinos pero apuesta por dar una oportunidad a la palabra, nunca se la daría en cualquier caso a Abdel Razeq, antes de tomar una senda unilateral. Ni el esfuerzo de mirarse Ismail Haniyeh, jefe del Ejecutivo palestino, no tiene, eso dice, nada de qué hablar con Ehud Olmert, primer ministro israelí designado por las urnas. Olmert no tiene interés alguno en dialogar con Haniyeh, representante máximo de una organización terrorista que, como tal, ha convertido a toda la ANP en una entidad terrorista al hacerse cargo el Gobierno palestino Si se cruzaran por la calle les resultaría muy difícil verse, rodeados de fornidos guardaespaldas como andan, pero sobre todo porque ni siquiera harían el esfuerzo de mirarse. Sin embargo, hasta la vida del primero depende de una orden del segundo. Olmert ha dejado claro, también lo han hecho Mofaz y Livni, por ahora no lo ha dicho Peretz, que si Hamás vuelve a las andadas terroristas, aparcadas desde febrero de 2005, todos sus dirigentes serán objetivo de un posible asesinato selectivo del Ejército israelí, incluido, claro está, su principal exponente: el primer ministro, Ismail Haniyeh. Los enemigos jurados, israelíes y palestinos, palestinos e israelíes, no se miran a la cara. Ni se hablan. Ni se comunican. Pero se tienen y se tendrán muy en cuenta. Hoy más que ayer y menos que mañana. Siam, Haniyeh, Abbas y Al- Zahar, la flor y nata del Gobierno de Hamás y el presidente de la ANP, el miércoles en Gaza REUTERS Los ministros de Hamás ya ejercen, mientras los israelíes esperan a su gobierno de coalición, aunque se intuye quiénes serán sus barones. No se hablarán unos y otros, pero lo que hagan los judíos influirá en los palestinos, y viceversa Las caras de los enemigos jurados JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Mahmud al- Zahar, líder político de Hamás en Gaza hasta que sus compañeros de viaje decidieron poner en primer plano al menos radical, Ismail Haniyeh, hoy jefe del Gobierno palestino, no se encuentra cómodo en compañía de mujeres que no sean de su familia. Fiel a su ideología fundamentalista islámica, no les da siquiera la mano al saludarlas y no considera a la mujer, mucho menos si es occidental, un ser al mismo nivel que el hombre. Las periodistas extranjeras que le han entrevistado en su casa de Gaza puedan dar buena fe de ello. Pese a todo, en la distancia larga, seguro que el nuevo jefe de la diplomacia palestina mirará en más de una ocasión de reojo hacia Jerusalén para saber qué dice, qué hace, qué urde su colega (nunca una palabra pegó tan poco en una frase) israelí, Tzipi Livni, baronesa con todas las de la ley del Kadima y del nuevo Gobierno que se pacte en las próximas semanas, del que no sólo será ministra de Asuntos Exteriores sino también vicepresidenta. Livni es, sin duda, la estrella más brillante en el horizonte político hebreo que acabará por arrinconar a Ehud Olmert. Tiempo al tiempo. Said Siam, nuevo titular de Interior, sin duda uno de los puestos clave del Gabinete por la anarquía y el caos que campan a sus anchas entre los diversos y enfrentados cuerpos de seguri- dad palestinos, no tiene nada en común con el que a buen seguro repetirá al otro lado del muro ilegal como ministro de Defensa hebreo, Saúl Mofaz. Efecto dominó Sin embargo, cualquier operación que pueda ordenar Mofaz a sus hombres tendrá un efecto dominó inmediato entre las Fuerzas de Seguridad palestinas que, a su vez, deben en muchas ocasiones coordinarse con las israelíes aunque sólo sea para cederse el testigo de la protección de los jefes de Gobierno o de Estado extranjeros que visitan primero Israel y luego los Territorios Ocupados. Omar Abdel Razeq, recién liberado de una prisión israelí, ha tomado a sus 48 años las riendas de la maltrecha economía palestina, a la que pretende sacar de la profunda crisis en la que pena. Su tarea no será otra que la de encontrar dinero debajo de las piedras Hamás prueba su propia medicina al asistir impotente a las luchas armadas en Gaza J. CIERCO JERUSALÉN. No es lo mismo rezar y matar que gobernar. La frase se ha convertido en lema de Al Fatah cuando opina sobre el Ejecutivo de Hamás. Los radicales islámicos comenzaron a comprobarlo ayer mismo. A media mañana, el líder de los Comités Populares de Resistencia (CPR) en Gaza, Abu Yusuf al- Quqa, moría en el centro de la Franja como consecuencia de la explosión de su vehículo. Todas las miradas de la gente y las acusaciones sin veladuras se dirigie- ron inmediatamente hacia Israel, que negó tener relación alguna con el suceso. Horas después, grupos armados de los CPR se enfrentaron a tiro limpio en el funeral de Al Quqa con las Fuerzas de Seguridad palestinas, a las que acusaban de estar detrás del asesinato de su líder o de, al menos, haber colaborado con Israel para ello. Tres personas resultaron muertas y dos decenas, heridas. Y ahí tuvo que aparecer Ismail Haniyeh, al frente de su Gobierno, para hacer un llamamiento a la calma, prometer una investigación e intentar evitar que la sangre que ya había llegado al río acabara por ahogar a todos en un baño turco. También salió a la palestra el Ejecutivo radical islámico para justificar el atentado de la víspera en Cisjordania que costó la vida a cuatro israelíes. El suicida había sido liberado de una cárcel palestina un mes antes. Y ahí volvió a probar Hamás su propia medicina al sufrir de inmediato un tirón de orejas desde Suráfrica, en viaje oficial, de Mahmud Abbas, quien condenó el ataque. Abbas ya ha advertido a Hamás estar dispuesto a destituir a todo el Gobierno, la Ley Básica se lo permite, si sus actos dañan al pueblo palestino. Pronto tendrá que enfrentarse a sus propias palabras.