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ABC SÁBADO 1 4 2006 Nacional 19 En el barrio de la Alquerieta, en Alcira (Valencia) los familiares de los cuatro miembros de un clan gitano acribillados a balazos mascullan sus deseos de venganza mientras velan los cadáveres. Los mataron a traición y lo pagarán dicen Es la ley gitana: si vuelven, los matamos TEXTO: ISABEL RODRÍGUEZ DE LA TORRE VALENCIA. Sois las mujeres. Lo envenenáis tó La mejor, ahorcá masculla sentado en una escalera un gitano viejo. Su maldición se funde con el quiquiriquí de los gallos con los que juegan dos pequeños en la calle y el grito lastimero de una anciana, que quiebra el silencio con un ¡ay! mis hijos, mis nietos, que me los han quitao Lo repite como una letanía sentada en una silla ante la vivienda de los Moreno Muñoz, conocidos como los Kung Fu donde la tarde antes se vivió una orgía de sangre tras la visita inesperada de varios miembros de otra familia rival, los Maniguos Donde los vean los matan como vuelvan, hacemos una hoguera con ellos el día que se los crucen, los liquidan Es la ley de los gitanos afirma una mujer, borracha de ira mientras otra va de un lado a otro con una bolsa de plástico recaudando fondos para el funeral. El ánimo de venganzase masca en la barriada de la Alquerieta, en Alcira (Valencia) donde la noche, bajo la estrecha vigilancia de la Policía, ha sido muy larga. Los cadáveres de José Moreno, de 53 años, de sus dos hijos, Isidro, de 26, y Ramón, de 22, y de su hermano Luis, de 37, están en el Instituto de Medicina Legal de Valencia, pero un centenar de amigos y familiares nosotros somos todos primos dicen) los velan en su ausencia ante la puerta de la casa en la que fueron acribillados a tiros. está el Luca uno de los Maniguos los presuntos agresores, que resultó herido en el ataque al recibir un fuerte golpe en la cabeza. El recuerdo de la Juani, la esposa de José y madre de los dos chavales fallecidos, irrumpe en las conversaciones. Se debate entre la vida y la muerte tras recibir dos tiros. Ayer quedó en libertad. La Policía detuvo a otra mujer. Ya son cinco los arrestados. Los hombres se dispersan en corrillos; y comentan, y mascullan y urden... Las mujeres se preocupan por los ritos. Sustituyen las coloridas zapatillas de los familiares directos de las víctimas por unas negras; y ellas, doloridas, se dejan hacer; cortan y reparten varios metros de tela negra para improvisar pañuelos, delantales, faldas... El funeral se celebrará previsiblemente hoy. En la Alquerieta ya nada será igual. Los Manigua habían abandonado ayer sus casas. Desavenencias familiares La Policía mantiene que la espita saltó por desavenencias familiares por la custodia de un menor fruto de la relación entre dos adolescentes, Ramón, de los Kung Fu y Emilia, una Manigua Pero quienes ayer velaban a los muertos lo niegan: no existe ese hijo en común, dicen. Cuentan que los dos jóvenes discutieron por el uso de una cabina telefónica, que el padre de él habló con el de ella para poner paz Al día siguiente, a media tarde, cuando los Kung Fu tomaban cafe y el barrio mataba las horas viendo la telenovela, llamaron a la puerta. Eran los Maniguas Muchos. Diez, quince, o veinte. Muchos. Descendieron de una fugoneta y un coche, Lucían gabardinas para ocultar las armas. Algunos tenían una en cada mano. Pistolas, escopetas, cuchillos y palos. Venimos a gloria. En son de paz dice que dijeron. Entonces, pasad le respondió el cabeza de familia de los Moreno Muñoz. Y entonces, tatatatatá Abrieron fuego. Los mataron cuando estaban bebiendo café, a traición. Ha sido una matanza se lamenta una gitana incapaz de entender por qué los hombres, esos que guardan el luto a las puertas de las vivienda de los muertos, no hacen justicia incapaz de comprender por qué no se ponen una bata blanca y entran en el hospital donde