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ABC SÁBADO 1 4 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA GILISMO SIN GUAYABERA S muy apasionante el escándalo de Marbella, con sus trincones mafiosos, su alcaldesa liposuccionada, sus cuadras de lujo y sus tesoros escondidos; apasionante y útil, porque nos distrae con su mezcla de Falcon Crest y Salsa Rosa y aparta el foco de los tejemanejes con la ETA, de las fianzas de Batasuna y del demarraje catalán, que se ha llevado unos jirones del Estado constitucional mientras los paparazzi persiguen a los famosetes de culebrón que arramplan con la pasta de las recalificaciones. Pero unos llevan la fama y otros cardan la lana; hace tiempo que en la política española, y no sólo la municipal, han florecido gilismos sin guayabera que esquilman los presupuestos y utilizan el IGNACIO poder como una máquina CAMACHO registradora. Estos pajarracos de rapiña disfrazados de próceres han crecido como rovellons al amparo del Estado de las autonomías y de una ley electoral que permite convertir a cualquier grupillo de concejales o diputados en bisagras de oro macizo. En cualquier sitio donde haya cierta presión especulativa, intereses inmobiliarios o perspectivas de crecimiento urbanístico, las instituciones se vuelven esponjosas, permeables, porosas como esos ladrillos de los que brota una riqueza repentina y fértil que hace de argamasa para levantar las estructuras financieras que pagan las costosísimas campañaselectorales. El paisaje de la costa española, desde Gerona a Ayamonte, se ha colmatado de cemento culpable, igual que las periferias residenciales de las metrópolis, convertidas en bosques de adosados que agostan el territorio y llenan las cajas de unos partidos incapaces de sostenerse con las cuotas de los militantes y las subvenciones regladas. Es el milagro multiplicador de los lápices con que se dibujan los planes urbanos y territoriales, sin que nadie se atreva a tirar de la manta que cubre las vergüenzas de una clase política transformada en un modo de vivir. Los gilistas sólo lo hicieron con mayor desahogo, con más ahínco y descaro, pero no hay mucha diferencia moral, si acaso una cuestión de escala, entre el desfalco de lasarcas de Marbella y el mecanismo recaudatorio implantado por ERC a la sombra del tripartito de Maragall. (Por cierto, ¿qué fue del tres por ciento, aquella ominosa acusación olvidada bajo la alharaca triunfal del Estatuto? Un partido antisistema que aterriza alborozado sobre el presupuesto como Escarlata O Hara bajo el árbol solitario de Lo que el viento se llevó jurándose a sí mismo no volver a pasar hambre. Y se trata, por desgracia, de un fenómeno común: créditos condonados, contratas amañadas, cajas de ahorro convertidas en cajas fuertes al servicio del poder, nombramientos clientelares al amparo de los gigantescos aparatos de las autonomías... menos mal que hay una Marbella para descargar culpas sobre la hortera procacidad de su latrocinio organizado. Los nuevos giles no llevan medallón ni guayabera, sino corbatas de seda, trajes de Armani... y a veces, camisa gris o negra. E PUNTITOS NEGROS OS partidarios de la investigación con células embrionarias rehúyen el debate científico. Les horroriza que la discusión se centre en los resultados de sus experimentos. Como subterfugio o escapatoria, desvían el debate hacia el enfrentamiento entre ciencia y religión. Así, mantienen el tinglado de la farsa y hacen creer a la sociedad que a ellos sólo los mueve el interés científico, a la vez que presentan a sus detractores como una patulea de fundamentalistas. El Progreso, sostienen, debe protegerse de los absurdos frenos impuestos por la religión. Asimismo, las revistas científicas de mayor renombre auspician y jalean las investigaciones con embriones y su generación mediante transferencia nuclear, mientras obstaculizan y denigran el trabajo mucho más exitoso de los científicos que han demostrado el valor terapéutico de las células troncales del organismo adulto. La llamada clonación teJUAN MANUEL rapéutica trata de conseguir teraDE PRADA pias regenerativas que, hasta la fecha, se han saldado siempre con estrepitosos fracasos (a la vez que han deparado algunos timos abracadabrantes, como el del coreano Hwang) Entretanto, se embauca a los enfermos con esperanzas infundadas que son mayor fraude a las expectativas de enfermos incurables y el más cruel escarnio de su dolor. Los experimentos realizados con animales nos descubren que las células de origen embrionario provocan la formación de tumores, porque son muy inestables e inmaduras. Los defensores de la llamada clonación terapéutica lo saben, pero siguen defendiendo sus experimentos por sórdidos intereses crematísticos. También saben que las células de adulto son infinitamente más provechosas y viables, pero mantienen a los enfermos en la ignorancia. Nuestra ministra Salgado (por la salud a la astenia) afirma que el proceso de transferencia nuclear no depara un embrión, sino un conjunto de células L puesto que el organismo resultante no se deriva de una fertilización con espermatozoides. Pretender que el estímulo artificial que provoca el desarrollo embrionario sea el criterio para no llamar las cosas por su nombre constituye un abuso semántico. Quizá estos escamoteos sirvan para que nuestro Gobierno burle legislaciones internacionales y forre los bolsillos de los amiguetes que experimentan con células embrionarias, pero desde luego no se sostienen en pie. No debemos olvidar que embriones animales fabricados mediante esta técnica, una vez implantados en úteros, han llegado a convertirse en animales clonados. La reflexión sobre el triste destino de estas vidas embrionarias en las que ya se agazapa la condición humana, diminutas como puntitos negros a la luz del microscopio, me trae a la memoria cierta escena de El tercer hombre Holly Martins (Joseph Cotten) se ha reunido en el Prater vienés con Harry Lime (Orson Welles) un cínico y encantador asesino que se ha enriquecido vendiendo medicamentos adulterados. Montan juntos en la noria y, cuando se hallan en lo alto, Martins pregunta, horrorizado: ¿Has visto a alguna de tus víctimas? A lo que Harry Lime responde cínicamente, apuntando a la gente que pasea por el descampado: ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira ahí abajo. ¿Sentirías compasión por alguno de esos puntitos negros si dejara de moverse? Si te ofreciera veinte mil dólares por cada puntito que se parara, ¿me dirías que me guardase mi dinero o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? ¡Y libre de impuestos, amigo, libre de impuestos! Hoy es la única manera de ganar dinero Así que ya lo saben: cuando los apóstoles de la llamada clonación terapéutica les hablen de Ciencia y Progreso y Salvación de Vidas, no les crean; donde dicen todas esas paparruchas rimbombantes quieren decir, en realidad, Dinero, que es la única religión que profesan. Dinero obtenido disparando sobre diminutos puntitos negros.