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72 VIERNES 31 3 2006 ABC FIRMAS EN ABC MANUEL HERNÁNDEZ RUIGÓMEZ DIPLOMÁTICO CONTRA EL ADELANTO DE HORA EN ESPAÑA ...Este cambio trastorna el ritmo vigilia- sueño y ocasiona disfunciones al obligar al organismo a un régimen horario desnaturalizado... L aproximarse el verano, y siguiendo la Directiva 2000 84 CE de 19 de enero de 2001 de la Comisión Europea, el Gobierno decreta el adelanto de una hora en los relojes con objeto de, teóricamente, ahorrar en el gasto de energía. Además, se ganan horas de luz al atardecer. Ello supone que, con respecto al sol y a la hora universal (GMT) España se pone dos horas por delante a partir de finales de marzo hasta los últimos días de octubre, considerando que ya tenemos una más en otoño e invierno. A El adelantamiento horario actual se justificaba tal vez en una época en la que, como la de la primera crisis del petróleo (1973) los precios de los combustibles aumentaron exponencialmente en un muy corto lapso de tiempo y había que buscar soluciones ingeniosas para compensar, por vía del ahorro, esa subida. No obstante, esas economías no alcanzan ni siquiera los 60 millones de euros por año, es decir, ínfimas en comparación con el Producto Interior Bruto de España, unos 800.000 millones de euros. Según la Unión Europea, el ahorro en energía utilizada en la iluminación es de entre el cero por ciento y el 0,5 por ciento del total consumido. Como contrapartida al mini ahorro, este cambio trastorna el ritmo vi- MIGUEL ÁNGEL MANJÓN JURISTA Y ESCRITOR LA ASCESIS EXISTENCIALISTA DE FRAY LUIS DE LEÓN F RAY Luis de León, una de las cumbres de nuestro Siglo de Oro, sigue maravillando cada vez que volvemos a pasar por su palabra viva, pletórica de sentido. Nos permite constatar que si la vida no es literatura, la mejor literatura sí es en cambio vida. Cualidad que, propia de los clásicos, en él significa la armonía de religiosidad, ideales, conceptos e imágenes creadoras. Un Fray Luis de León veraz y ferviente hasta el gozo sin trampa que es capaz de trasmitirnos. Yendo del ayer al hoy, y viceversa, podemos afirmar que hay seres humanos, como el poeta agustino, que elevan su personalidad a la altura del espíritu, y a buen entendedor pocas palabras bastan. ¿Padeció el autor de De los nombres de Cristo ese sudor frío de la angustia vital que en el lenguaje culto actual denominamos existencialismo, nota caracterizadora, como pocas, de nuestra lacerante modernidad? Indudablemente sí. Fray Luis de León fue presa de un encarcelamiento vil, escandalosamente injusto. Víctima de una confabulación de necios, falsarios, injuriantes y calumniadores, movidos por una envidia cruel y una soberbia prepotente. Algo que su no- ble y preclara mente no podía cabalmente entender, pero sí ir asimilando. Y esa asimilación le fue dejando un poso amargo de tristeza, desencanto y desesperanza (deprimiéndole, diríamos hoy) Lo que le sostuvo en su mirada a la nada fue su firme convicción, su espíritu indomado y, sobre todo, su fe de roca sensible en medio de la tempestad. Por eso salió de la cárcel tan libre como había entrado (su Decíamos ayer) aunque no indemne. En su obra en verso hay un poema de su tiempo carcelario no demasiado divulgado (significativamente titulado, a modo de dedicatoria, A nuestra Señora) en el que la angustia existencial se agudiza hasta el borde de la desesperación, que sin embargo no cruza, quedándose en una desesperanza anímica aireada por la confianza esperanzada en la justicia divina (descontada la humana) que pone en manos de la Virgen. Su rasgo estilístico, un monólogo dirigido a la Madre del Salvador, no oculta lo trágico de su situación, aunque pretenda trascenderla. Es un poema concentrado y circular, de redoble repetido en variantes de ascesis existencialista. El poeta implora a la Virgen: mira un mi- serable en cárcel dura, cercado de tinieblas y tristeza. Porque no ignora la extremosidad en que se halla: mayor bajeza no conoce ni igual el juicio humano, que el estado en que estoy por culpa ajena. De nuevo, la súplica: bien podrás volver sereno un corazón de nubes rodeado, convertida en un cuasidiálogo: tu luz, alta Señora, venza esta ciega y triste noche mía. Cómo no, la antes citada mirada a la nada: el odio cunde, la amistad se olvida envidia emponzoñada, engaño agudo, lengua fementida, odio cruel, poder sin ley ninguna me hacen guerra a una. Con el corolario del angustialismo: no veo sino espanto. Si miro la morada, es peligrosa; si la salida, incierta, el favor mudo, el enemigo crudo, desnuda la verdad, muy proveída de armas y valedores la mentira. De ahí al desvalimiento del victimado: los brazos presos, de los ojos ciego, a cien flechas estoy que me rodean, que en herirme se emplean. Siento el dolor, mas no veo la mano, ni me es dado el huir ni el escudarme. Pero la fe inmarcesible en la Virgen conforta su ánimo herido: bien sabes que en ti espero desde mi tierna edad Tu clemencia tanto mostrará más su bien crecido, cuanto es más la dolencia, y yo merezco menos ser valido. Y la estrofa final, compendio de ascesis existencialista: Virgen, el dolor fiero añuda ya la lengua, y no consiente que publique la voz cuanto desea; mas oye tú al doliente ánimo que continuo a ti vocea. La nada y el todo, extremos en secreto contacto cuya conexión inmaterial nuestra contemporaneidad olvida o desprecia. Fray Luis de León no sólo fue excelso conocedor de su indescifrable escala. Somos testigos de que la transitó y la sintió vivamente. gilia- sueño y ocasiona disfunciones físicas y metabólicas- -especialmente en ancianos y bebés- -al obligar al organismo a un régimen horario desnaturalizado en nada acorde con lo que son sus hábitos. Esto explica que, al levantarnos temprano, nos sintamos anormalmente cansados considerando que, si lo hacemos a las siete de la mañana, en realidad son las cinco en el horario solar y en el de nuestro cuerpo. En países donde no se practica este adelanto, el amanecer e iniciar las labores cotidianas se hace mucho más llevadero. El adelanto horario implica también el absurdo de que tengamos la misma hora que países tan apartados de España como los centroeuropeos (Austria, Hungría, Eslovaquia) que nos coloquemos, en verano, a sólo una hora menos que Irak (un avión en vuelo directo Madrid- Bagdad tardaría 5 horas) dos horas y media menos que en Afganistán; o a una hora más que el Reino Unido cuando el meridiano de Greenwich, el que marca la hora universal, pasa también por nuestro territorio nacional, concretamente por Cataluña. Lo absurdo es que tenemos mucho más territorio al oeste de esa raya que la propia Gran Bretaña. A la vez, el adelanto supone alejarnos en el tiempo de los países de nuestra comunidad histórica, lo que complica sobremanera los contactos tanto personales, empresariales, como oficiales. Por ejemplo, en verano, nos situamos a ocho horas de los países centroamericanos y de México, siete de Perú, seis de la República Dominicana, etc. No se entiende que tras haberse convertido España en sede de la Secretaría General Iberoamericana (2005) nos sitúen tan artificialmente lejos en el reloj de nuestra América. España debería tener la misma hora que el Reino Unido y Portugal, es decir, una hora menos tanto en horario de verano como en el de invierno. Si estos países, ubicados más o menos en la misma longitud que España y miembros igualmente de la Unión Europea, pueden tener un horario distinto del CET (Central European Time) ¿por qué nuestro país no puede hacer lo mismo? Y ello a pesar de que nuestra vecina Francia- -cuyo territorio es también atravesado por el meridiano de Greenwich- -haya adoptado el CET. Además, si la razón del adelanto horario es económica habría que preguntarse porqué nosotros, los españoles, en el extremo occidente de Europa, estamos obligados a ahorrar, mientras que los orientales- -Eslovaquia, Hungría- -no disfrutan por su situación geográfica, a parte de por estar adscritos al CET, de las mismas horas de luz solar a la caída de la tarde. La vigencia del Real Decreto 236 2002 por el que España incorpora la Directiva 2000 84 CE es de cinco años, esto es, hasta marzo de 2007. El Gobierno tiene, por tanto, un año para pensarse el mantenimiento de esta absurda decisión. En España, la luz solar sobra y no es necesario prolongar artificialmente su duración.