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ABC VIERNES 31 3 2006 Espectáculos 71 LA COLECCIÓN DEFINITIVA Mañana, con ABC, vigesimocuarta entrega de la colección de Deutsche Grammophon, por tan sólo 9,95 euros más Bruckner, servido con la máxima autoridad TEXTO: JOSÉ LUIS GARCÍA DEL BUSTO Peter O Toole, junto a Anthony Quinn, en Lawrence de Arabia ÁBC La revista Premiere una de las más importantes publicaciones de cine de Estados Unidos, ha elegido las cien mejores interpretaciones de la historia Peter O Toole, Lawrence I de Hollywood TEXTO: J. B. No ganó el Oscar como mejor actor en 1963 (lo consiguió Gregory Peck) pero Peter O Toole ha logrado, más de cuarenta años después, que los críticos de la revista Premiere hayan elegido su encarnación de T. E. Lawrence como la mejor interpretación de la historia del cine. La revista mensual, una de las más leídas en Estados Unidos, ha confeccionado en su número de abril esta lista, que ha levantado una polémica polvareda por las presencias, ausencias y posiciones de los actores y actrices. La revista ha buscado ese momento mágico que se produce cuando los actores se salen de la gran pantalla y nos enganchan En un primer vistazo, se trata de una enumeración machista. Entre las veinte primeras hay únicamente cuatro actrices: Meryl Streep La decisión de Sophie Bette Davis Eva al desnudo Katharine Hepburn El León en invierno y Emily Watson Rompiendo las olas Marlon Brando, medalla de plata por su trabajo en La ley del silencio hace doblete al conseguir el puesto número 27 por su papel en El último tango en París La medalla de bronce es para Meryl Streep, que repite en la lista (71) con su interpretación en Silkwood Y para reforzar, seguramente, el argumento de que sobre gustos no hay nada escrito, presentan las interpretaciones favoritas de varios actores y actrices: Angelica Huston se decanta por Faye Dunaway en Queridísima mamá la oscarizada Reese Witherspoon quedó extasiada por la actuación de Natalie Wood en Esplendor en la hierba y Matt Dillon elige a Martin Sheen en Badlands Las mejores interpretaciones 1. Peter O Toole como T. E. Lawrence Lawrence de Arabia 1962) 2. Marlon Brando como Terry Malloy La ley del silencio 1954) 3. Meryl Streep como Sophie Zawistowska La decisión de Sophie 1982) 4. Al Pacino como Sonny Wortzik Tarde de perros 1975) 5. Bette Davis como Margo Channing Eva al desnudo 1950) 6. James Cagney como George M. Cohan Yankee Doodle Dandy 1942) 7. Dustin Hoffman como Ratso Rizzo Cowboy de medianoche 1969) 8. James Stewart como George Bailey La vida es bella 1946) 9. Gene Wilder como Dr. Frederick Frankenstein El jovencito Frankenstein 1974) 10. Robert De Niro como Jake La Motta Toro salvaje 1980) 11. Daniel Day- Lewis como Christy Brown Mi pie izquierdo 1989) 12. Jack Nicholson como Badass Buddusky El último deber 1973) 13. Katharine Hepburn como Eleanor of Aquitaine El León en invierno 1968) 14. Robert Duvall como Mac Sledge Gracias y favores 1983) 15. Tom Hanks como Josh Baskin Big 1988) 16. Cary Grant como T. R. Devlin Encadenados 1946) 17. Denzel Washington como Malcolm X Malcolm X 1992) 18. Emily Watson como Bess McNeill Rompiendo las olas 1996) 19. Paul Newman como Frank Galvin Veredicto final 1982) 20. Al Pacino como Michael Corleone El padrino 2 1974) Sin discusión, el austríaco Karl Böhm y el bávaro Eugen Jochum constituyen dos referencias de la mayor autoridad en tanto que intérpretes del sinfonismo bruckneriano. Fueron de los primerísimos que creyeron con fuerza y predicaron la categoría de las sinfonías de Anton Bruckner (1824- 1896) como colofón y cima de la gran tradición del sinfonismo clásico- romántico. Esto es hoy aceptado por muchos, pero, no hace tanto, programar las sinfonías de Bruckner ante públicos no germanos era poco menos que asustar. Estas colosales construcciones, de tupida orquestación, en las que las formas tradicionales se dilatan al máximo y en las que reapariciones temáticas y otras interrelaciones confieren al todo una coherencia palmaria, una sólida unidad, constituyen exigencias de alto grado para las orquestas, los directores- -seguramente en mayor medida- -y los oyentes, que pueden naufragar en tales océanos sonoros si no adoptan una postura de escucha activa. La expansión del sinfonismo bruckneriano se llevó a cabo con base, sobre todo, en las sinfonías Cuarta y Séptima dos auténticas obras maestras cuya belleza y grandiosidad prendió antes que las de sus hermanas en el gusto de los firlamónicos latinos. Los arranques de ambas obras son momentos realmente memorables de inspiración temática y orquestal, pero ambas ofrecen continuos motivos de admiración, acaso con cima en la excepcional emotividad que cobra la música, en el clímax del movimiento lento de la Séptima Sinfonía ese tenso y clamoroso fortissimo al que llegó Bruckner tras conocer la muerte de un músico al que veneró sin recato: Richard Wagner, al que admiraba. Karl Böhm (1894- 1981) y Eugen Jochum (1902- 1987) pertenecientes a un mismo grupo generacional de maestros europeos- -el que seguía al de los Toscanini, Furtwängler, Walter... -desarrollaron su carrera muy en paralelo y con no pocos puntos de convergencia: Filarmónicas de Berlín y de Viena, Festivales de Bayreuth y Salzburgo, dirección de varios teatros de ópera alemanes. Concretamente, en la Ópera de Hamburgo se dieron la ma- No hace tanto, programar las sinfonías de Bruckner ante públicos no germanos era poco menos que asustar no, pues Karl Böhm (1931- 1934) fue sucedido en el cargo precisamente por Eugen Jochum (1934- 1949) Ambos maestros hicieron de la línea MozartBeethoven- Wagner- BrucknerBrahms- Strauss una especie de esqueleto de sus carreras, si bien sus repertorios fueron amplios y flexibles, acogiendo con especial éxito alguna muestra de música de lenguaje más moderno, como fue el caso de Böhm con Alban Berg- -muy importantes sus interpretaciones de Wozzeck y Lulú -y el de Jochum con Carl Orff, quien colocó en el mercado una versión de Carmina Burana que algunos consideran no superada. Aun respondiendo a una misma manera de concebir y expresar la música sinfónica de Bruckner, las dos grabaciones presentan las diferencias esperables en dos personalidades musicales tan definidas y distintas, matizadas, además, por tratarse de dos orquestas igualmente bien definidas y distintas- -las Filarmónicas de Viena (Böhm) y Berlín (Jochum) -y de dos momentos: Jochum grabó la Cuarta en 1965 y Böhm, la Séptima doce años después, cerca ya del final de su gloriosa carrera.