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66 Espectáculos VIERNES 31 3 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO Candidatos Verónica Echegui Los premios de la Unión de Actores se entregarán el 29 de mayo Los cada vez más prestigiosos premios de la Unión de Actores se entregarán el 29 de mayo en Madrid. En el apartado de cine, los candidatos como mejores actores protagonistas y de reparto son Manuel Alexandre, Javier Cámara, Óscar Jaenada, Adriana Ozores, Candela Peña, Nathalie Poza, Eduard Fernández, Carmelo Gómez, Enrique Villén, Marta Etura, Pilar López de Ayala, Elvira Mínguez. Empieza a rodarse Yo soy la Juani la nueva película de Bigas Luna Ayer se presentó en Tarragona el rodaje de Yo soy la Juani la nueva película de Bigas Luna. Protagonizada por Verónica Echegui, el filme quiere retratar a uno de los grupos sociales más creativos del momento: los jóvenes de la periferia de las grandes ciudades. La Juani es, según Bigas Luna, la máxima representante de todo ese grupo social, la reina del extrarradio Instinto básico 2 Sharon Stone, cada vez peor vestida EE. UU. Dir: Michael Caton- Jones Int: Sharon Stone, David Morrissey, David Thewlis Charlotte Rampling FEDERICO MARÍN BELLÓN Sharon Stone, en una escena de la segunda parte de Instinto básico Precedida de una intensa campaña publicitaria, llega hoy a las pantallas la segunda parte de Instinto básico la película que hizo popular el cruce de piernas de Sharon Stone Lo que dura un parpadeo TEXTO: E. RODRÍGUEZ MARCHANTE El azar tiene su malicia y ha decidido que coincidan en fecha de estreno Ice age 2: el deshielo y la reina del picahielos, Sharon Stone, en la segunda parte de Instinto básico El cine es sin duda el mejor acuñador de tópicos visuales que existe y, del mismo modo que cuando uno ve a Bogart en un restaurante sabe que está en la zona de fumadores, cuando ve a Sharon Stone sentada y con las piernas cruzadas sabe que no ha de parpadear. El cigarrillo de Bogart y el aleph de Sharon Stone, he ahí dos modos que tiene el cine de ser eterno. Entre estas dos imágenes, del primer Instinto básico y de su secuela actual, han pasado casi quince años, tiempo suficiente para que el mundo haya dado más vueltas que la política educativa en España; pero, ya lo ven, el secreto sigue ahí, en ese gesto tranquilo, sereno, provocador de Sharon Stone, que sabe que tiene en la mano el La actriz, en la escena que la convirtió en un mito sexual en los noventa mismo pitillo eterno que Bogart y a todo el mundo pendiente del parpadeo de sus piernas. Y si el cine es el mejor acuñador de tópicos visuales, el tiempo, ese rollo interminable de coyuntura que se nos deslía como papel higiénico, es mejor grabador que Durero y nos permitirá ahora verle la trama y contarle las líneas al mito. Desde esta distancia, el trazo parece el mismo, y los mismos también la serenidad, el aplomo y la provocación... De igual modo se dirían mismas las ganas de no parpadear ante ninguna de ellas. Durero y el tiempo parecen haber respetado cada centímetro de la obra de arte de Sharon Stone, cada milímetro de su misterio y cada decibelio de su sonora voluptuosidad... Aunque no está claro que todo ello haya servido (cinematográficamente) para algo, pero, pase lo que pase con la secuela, nadie podrá decir que nos pilló parpadeando. an pasado 14 años, media vida para Sharon Stone, demasiados para que el sexagenario Michael Douglas siga emperrado en coger como sea a Catherine Tramell. A la escritora se le sigue muriendo la gente alrededor igualito que en sus novelas, mientras la Policía apenas se basta para espantarse la mosca que ya lleva pegada a la oreja. Semijubilado uno, alelados los otros, entra en acción el psiquiatra David Morrissey, y es entonces cuando el espectador empieza a fijarse en que el director no es Paul Verhoeven, en que la Stone no sólo le debe su impresionante físico a la naturaleza y, no hay forma de postergar más el juicio cruel, en que el protagonista es un paquete de cuidado. Dicen sus biógrafos que ha trabajado con la Royal Shakespeare Company, nada menos, pero en las distancias cortas, donde según la publicidad un hombre se la juega, el maromo es un juguete, más o menos sexual, con todas las papeletas para acabar roto en manos de la protagonista. En realidad, que Morrisey dé o no la talla es un asunto trivial. Hasta las viejas, con perdón, pagarán la entrada para escudriñar a la Stone, y lo cierto es que la chica se encuentra en su salsa, retadora y altiva, capaz de manejar su afilada lengua con la misma habilidad que un picahielos. Es ahí donde la película se comporta como cabía esperar, sin alardes, con una ambigüedad cada vez peor calculada, pero con la ironía y los dobles sentidos necesarios para que no regresen a la memoria los imperecederos versos de Jorge Manrique. Incluso David Thewlis y Charlotte Rampling acuden, desganados, a ayudar a la estrella, fotografiada con un esmero tan milimétrico que hasta el admirador más fiel sospechará algo. Pues bien, a la hora de la verdad, cuando sólo había que rematar la faena con una estocada para salir del paso, los guionistas se cambian a la comedia, el protagonista pone morritos en un intento postrero y eficaz, para su desgracia, por ser recordado, y el chiringuito se hunde. Esperemos que Charito no espere otros 14 años, porque sus genes pueden ser de piedra, pero sus compañeros de viaje degeneran. H