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ABC VIERNES 31 3 2006 61 Cultura y espectáculos La novela Miserias de la guerra de Pío Baroja ve la luz libre de la censura que la cubrió de tachones La obra inédita, escrita entre 1949 y 1951, recoge su visión crepuscular sobre la Guerra Civil b Pío detestaba a los republicanos, a los socialistas, a los comunistas y, sobre todo, a los falangistas Esa visión negativa de la realidad recibió censura, explica Sánchez Ostiz, al cuidado de la obra TERESA FLAÑO SAN SEBASTIÁN. La publicación de la obra inédita de Pío Baroja Miserias de la guerra (Caro Raggio) es un acontecimiento literario de primera magnitud sostiene Miguel Sánchez Ostiz, porque se trata de una pieza imprescindible en el rompecabezas barojiano Considera que no nos podemos acercar a la obra de Baroja, sobre todo a la crepuscular, sin pasar por ese libro El tiraje ha sido de 10.000 ejemplares y- -según explica Pío Caro Baroja hijo, uno de sus herederos- por primera vez, antes de publicarla, ya teníamos vendidos 5.000. Pío Baroja sigue muy vivo y se demuestra con datos: de El árbol de la ciencia se venden al año alrededor de 40.000 volúmenes En 1951, Pío Baroja presentó su novela a la censura, que subrayó 533 líneas, en 48 páginas, y tachó, en todo o en parte, pero de manera inequívoca, 247. Los subrayados y tachaduras corresponden a apreciaciones de Baroja sobre fascistas, falangistas, el deficiente espíritu nacional español... explica Sánchez- Ostiz. Pero don Pío no incorporó ninguna de las tachaduras de la censura a la copia en la que trabajó en 1951 y que sirve de base a esta edición. Pío Baroja no incorporó ninguna de las tachaduras de la censura a la copia de su obra en la que trabajó en 1951 los de la tertulia de su casa de la calle Ruiz de Alarcón. Para la narración, Baroja recurre a su estilo habitual, con una obra que se divide en ocho partes más un epílogo. Esta estructura novelesca le atraía porque resultaba sencilla para la lectura, su verdadero objetivo explica Sánchez- Ostiz. Se trata de la traslación del diario personal de Carlos Evans, un militar y diplomático inglés que vivía en el Madrid cercado que, por distintos avatares, llega a manos del narrador. Algunas de sus opiniones son directamente pensamientos de Baroja. Después, Evans se traslada a París y esa parte se basa en unas epístolas escritas por Will, el chófer de la embajada, y de otros testimonios. De la novela no existe un manuscrito definitivo. El responsable de la edición ABC Prisionero del estilo En esa época Pío Baroja, a pesar de tener alrededor de 80 años, seguía siendo un escritor compulsivo y no tira la toalla cuando se da cuenta de que su literatura no era la del momento, algo de lo que ya se había percatado en 1935 en conversaciones con Ramón J. Sender Cuando volvió del exilio se encontró con un Madrid totalmente distinto, donde primaba la literatura de falangistas como Rafael García Serrano, la más preciosista de Sánchez Mazas y, del otro lado, empezaban a aflorar nombres como Carmen Laforet, Sánchez Ferlosio o Goytisolo. El hecho de estar pasado de moda no lo amedrentó y permaneció fiel a su estilo y también prisionero de él, pero es lo que le da profundidad En Miserias de la guerra aparecen múltiples datos de la biografía de Pío Baroja, de antes de marcharse de Madrid y de su vuelta. El personaje de Juan Elorrio está tomado de su entorno inmediato, como los miembros de la tertulia de la librería Tormos, la de la calle Jacometrezo, que era llamada El club del Papel y Nos gusta tanto que nos hemos apropiado de él En la presentación de la obra, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de San Sebastián se refirió a la polémica suscitada en la Diputación Foral de Gipuzcoa, entre representantes de PSE- EE y del PNV, sobre la conmemoración del cincuentenario del fallecimiento de Pío Baroja. El edil señaló que parece que los políticos siempre tenemos la tarea de celebrar todas las conmemoraciones y no es obligatorio, porque lo importante de la literatura es la vivencia de los textos leídos Para Etxezarreta, la discusión suscitada ha mostrado, en el fondo el poco amor que se tiene a Pío Baroja, seguramente producto de la ignorancia y suena a mezquindad la oposición de algunos sectores a la conmemoración Recordó que el euskera no está para tapar la obra de Baroja y Baroja no está para tapar el euskera Etxezarreta considera que a aquellos que nos gusta, consideramos que Baroja es un poco de nuestra propiedad. Es lo bueno que tiene, y también lo malo. Los que nos hemos acercado a él nos corresponde rescatarlo y con la presentación de hoy comienza la conmemoración Entre los eventos destaca la posibilidad de publicar, traducidos al euskera, los textos en los que el escritor hablaba de San Sebastián. La conexión con los herederos es excelente cree que son dos, fechados en 1950 y 1951, más una tercera versión que fue la presentada a la censura y la que ha llegado a la actualidad. El fondo de Miserias de la guerra es un poco tremendo en lo que respecta al propio Baroja porque tenía una visión muy pesimista de España. Daba igual de quién hablara, rojos o blancos, él se refería a la barbarie en sí; pedía un mayor espíritu nacional porque consideraba que por su carencia, la gente no intentaba solventar los problemas. Detestaba a los republicanos, a los socialistas, a los comunistas y, sobre todo, a los falangistas Precisión Una percepción del mundo que le rodeaba que fue transcrita con gran precisión: Era algo que le obsesionaba, ser fiel a los más mínimos detalles. Su novela es todo un anecdotario de los primeros momentos de la Guerra Civil española. El comienzo es como un documental periodístico que hablaba de la dificultad de conseguir leña o comida, el precio de los alquileres y aspectos similares. No quería dar gato por liebre Para Sánchez- Ostiz, por encima de unos y al margen de otros. Creo que ésa es la razón por la que la historia le atropelló. La vida en el exilio le resultó funesta, le hizo mucho daño y volvió envejecido y más descreído