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ABC VIERNES 31 3 2006 Nacional 25 TRAMA DE CORRUPCIÓN EN MARBELLA Políticos- pantalla, tránsfugas, una alcaldesa de paja y un cerebro urbanístico en la sombra, claves de la turbia recta final del post- gilismo Los títeres de monipodio POR IGNACIO CAMACHO Cuando Julián Muñoz, alias Cachuli o El Pantojo ganó por mayoría absoluta las elecciones de 2003 al frente de una lista aún respaldada por Jesús Gil, lo primero que pensó es que había llegado la hora de dar el golpe con el que soñaba desde que heredó la Alcaldía un año antes, tras la inhabilitación de su padrino político. Muñoz conocía los entresijos de la turbia gestión municipal del gilismo, en la que había participado con pingües beneficios- -pasó de humilde camarero en San Pedro de Alcántara a coleccionista de relojes de lujo y coches de alta cilindrada- -y algún que otro sobresalto penal, y decidió que era momento de ponerse a los mandos del tinglado. Con un lavado de cara formal y un arreglo con las autoridades de la Junta, el nuevo alcalde, moralmente crecido por su romance con la tonadillera Isabel Pantoja, se creyó en condiciones de jubilar a sus mentores. Calculó mal. En verano de ese mismo año, una extraña moción de censura lo derribó del poder y le entregó la vara de mando a Marisol Yagüe, una concejala del GIL cuya huella política más profunda era su papel de vocalista en un coro rociero local. Le arropaban los dos cabezas de cartel de la oposición, la socialista Isabel García Marcos, azote público del anterior alcalde- -que la llama puta en los plenos- y el andalucista Carlos Fernández, desertor del gilismo que en una sesión municipal enseñó a Gil una foto de sus tiempos de presidiario. Pero el detalle crucial de la operación estaba en la gerencia de Urbanismo, cuyo titular, Jo- sé Luis Roca, había sido defenestrado por Muñoz como primer paso para tomar el control de una ciudad colapsada por 30.000 viviendas ilegales y un Plan General rechazado por la Junta. Roca, autor del peculiar diseño urbanístico de la Marbella de Gil, el de los famosos convenios bilaterales que permitían recalificar cualquier parcela a cambio de cuantiosas contrapartidas, era el verdadero cerebro de la moción de censura, capaz de convencer a Fernández y García Marcos para convertirse en tránsfugas de un audaz golpe de mano que destrozó el GIL partiéndolo en tres grupos, y liquidó al PSOE, que tuvo que expulsar a su portavoz, y al PA. Multimillonario sobrevenido que se desplazaba en helicóptero privado, Roca volvía al timón tras pasar en dos ocasiones por la cárcel en compañía del propio Gil y Gil. Marisol Yagüe era la típica mujer de paja, un prototipo político que Gil utilizó como escudo durante sus trece años de mandato. Personas de escasa vocación política y situación socioeconómica modesta que, a cambio de una rápida prosperidad, pasaban a ocuparse de la firma de la mayoría de las operaciones o se ponían al frente de la trama de sociedades municipales tejida por Roca para dispersar el gasto presupuestario. Antes lo había sido Pedro Román, retirado tras su estancia en prisión con un patrimonio sorprendente, y el propio Julián Muñoz, envuelto en un centenar de causas procesales. Hace escasas semanas, la nueva alcaldesa hubo de hacer frente a un embargo de su nueva vivienda por valor de... ¡más de 940.000 euros! cifra impensable en su anterior modo de vida. El tripartito marbellí hizo crisis bien pronto, llevándose por delante a Carlos Fernández, condenado también en primera instancia tras un largo proceso judicial. Isabel García Marcos se convirtió en la alcaldesa en la sombra, mientras Yagüe lucía aparatosos vestidos y joyas, se sometía a operaciones de cirugía estética y proclamaba su entusiasmo ante la representatividad de su cargo. Pero el Ayuntamiento, simplemente, había dejado de existir. Nunca existió, realmente, desde la llegada de Gil, que controlaba la Corporación desde su despacho del Club Financiero en la Milla de Oro, mientras Roca hacía y deshacía al frente de una Gerencia instalada en un enorme bunker de cristal azul marino. Tras la moción, el Consistorio se descompuso al igual que la mayoría de los partidos que lo formaban. Sólo el PP logró aguantar el tipo con María Ángeles Muñoz, antigua colaboradora de Javier Arenas en el Ministerio de Trabajo, a la espe- Las elecciones de 2007 requerirán una refundación del Ayuntamiento, para la que se espera una cruel batalla política entre PSOE y PP ra de convertirse en alternativa. Con Roca siempre al frente, ahora como asesor las gestiones para normalizar el urbanismo a través de un pacto con la Junta fracasaron ante la profundidad y el número de las irregularidades. A un año y medio de las municipales de 2003, el presidente Chaves- -que en los años 90 pactó con Gil, para enterrar las denuncias de corrupción socialista de las que el alcalde había mostrado pruebas- -decidió organizar el asalto. Eligió a su consejero de Turismo, el malagueño Paulino Plata, a quien ordenó mimar a Marbella en su gestión, y en diciembre dio el golpe decisivo: retiró las competencias urbanísticas al Ayuntamiento, lo que equivalía a quitarle el poder a Roca y su tripartito- títere. El último capítulo de esta compleja partida ocurrió el miércoles, con la monumental redada policial ordenada por el juez Miguel Ángel Torres a partir de unas escuchas derivadas de la operación Ballena Blanca El fantasma del blanqueo de capitales asoma ahora tras la corrupción urbanística y de contratas de servicios. La realidad administrativa de la capital turística de la Costa del Sol, una ciudad de inmensas plusvalías inmobiliarias con más de 100.000 habitantes estables sin zonas verdes ni equipamientos, con las infraestructuras colapsadas, es la de un caos al que no se le ven límites. Las elecciones de 2007 requerirán una refundación del Ayuntamiento, para la que se espera una cruel batalla política entre PSOE y PP que, de hecho, ya ha comenzado.