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6 Opinión VIERNES 31 3 2006 ABC AD LIBITUM ÍDOLOS DE LA CUEVA DESPOTISMO RETRIBUTIVO EL HOMBRE QUE CAE 250 kilómetros por hora. EGURO que recuerdan precisamente esa fotoHe vuelto a ver la foto y a pensar en ella a propósito grafía entre las cientos de imágenes que produjo de un estupendo documental- -The Falling Man, se el día más icónico de la Historia. Se publicó en llamaba también- -programado por el Channel 4 britáThe New York Times del 12 de septiembre de 2001 y fue nico hace unos días. El argumento principal de la hisreproducida inmediatamente por todos los rotativos toria televisiva era el misterio de la identidad del homdel mundo. Luego, desapareció durante años de los pebre que cae y los intentos realizados desde el principio riódicos estadounidenses, primera víctima del pacto para averiguarla. En el reportaje se cita varias de autocensura por el que los editores decidieveces el magistral artículo de Tom Junod (publiron evitar la reiteración de las más horrendas cado en la revista Esquire en septiembre de imágenes de la tragedia. La foto- -que para mu 2003) en el que su autor se hacía eco de las peschos se convirtió en el símbolo de aquel premaquisas emprendidas hasta entonces e insinuaturo Dies irae- -se pudo seguir viendo, sin emba una posible solución al enigma. Y, aunque bargo, en innumerables cavernas de internet, no se pronunciaban de manera categórica al como un recordatorio funesto e irresistible del respecto, los autores del documental se inclinaApocalipsis televisado en tiempo real. MANUEL ban por atribuir la misma personalidad que JuLa fotografía fue tomada a las 9 horas, 41 miRODRÍGUEZ nod al hombre eternizado en la foto de Drew. Se nutos y 15 segundos de la mañana del 11- S por RIVERO trataría de Jonathan Briley, un ingeniero de soRichard Drew, de la Associated Press. Reprenido que trabajaba en el restaurante Windows of the senta a un hombre boca abajo y en caída libre, silueteaWorld, situado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte. do e insignificante contra un fondo geométrico de líBien, ¿y ahora qué? Saberlo no resuelve la ansiedad neas verticales de distinta intensidad que corresponque produce la contemplación de la foto y el recuerdo de a la fachada exterior de acero y cristal de las Torres que suscita. Se trata, en el fondo, de un conocimiento Gemelas: las de la Torre Norte, desde la que saltó, apainútil, resultado de un escrutinio inducido por la prorecen más oscuras en razón de su proximidad al objetipia condición icónica del documento. El hombre que vo. Drew eligió la toma entre las diez o doce que regiscae es uno de los muchos- -entre 100 y 200, según cálcutró la lente de 200 milímetros de su cámara digital. Es los solventes- -que tomaron la decisión de saltar desuna imagen terrible, cuya contemplación sigue hade los pisos superiores de ambas Torres. Hombres y ciendo daño. Y es, al mismo tiempo, una foto de condemujeres desesperados que evaluaron en un instante nada hermosura, perfecta en la captación del horror su situación sin salida. Y que, sofocados por el humo y enmarcado en una misteriosa abstracción vertical y por la temperatura insoportable, prefirieron un últisimétrica. mo gesto, quizás buscando fuera el milagro imposible El hombre que cae- -The Falling Man lo llamó la dentro: por ello algunos improvisaron con sus ropas prensa norteamericana, convirtiéndolo inmediatapatéticos paracaídas. Seres humanos que, si tenían mente en icono- -mantiene la pierna izquierda doblaconvicciones religiosas, debieron de llegar también a da por la rodilla y las manos unidas al cuerpo. Y así lo un pacto instantáneo con su Dios. Luego, saltaron. La conoceremos siempre: eternamente quieto, congelado foto de Drew los representa a todos, les da a todos nomen un instante mínimo e indivisible, como la flecha en bre. Y no captura su muerte, sino, todavía y para siemel argumento de Zenón de Elea. Aunque sepamos que pre, su vida. se aproxima a su destino a la vertiginosa velocidad de U NO de los debates más viejos de nuestra joven, y ya renqueante, democracia se centra en la retribución de los diputados y senadores. ¿Es alta o baja la compensación económica que perciben por ostentar nuestra representación? En principio podría sostenerse que la cantidad mensual que, hoy por hoy, llega al bolsillo de los titulares en ambas Cámaras será alta si resulta superior a sus ingresos anteriores al hecho de ser elegidos y baja en el caso contrario. Como el secretismo forma parte inseparable de nuestra vida pública resulta difícil, si no es imposible, averiguar cuántos se benefician y o perjudican con su dedicación parlamenM. MARTÍN taria. Que cada cual FERRAND eche cuentas con los que, por más próximos, conoce mejor. Esta semana, con vergonzante discreción, las mesas del Congreso y del Senado se reunieron en sesión conjunta para valorar un acuerdo ya establecido entre el PSOE y el PP. Una cosa son los enfrentamientos cara al público con rédito electorero, y otra, muy distinta, la lucha por la vida y la obligación, como definía Wenceslao Fernández Flórez, de comer mucha langosta para poder llevar unos garbanzos a casa. Por el momento, el acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales, al que no señala su repugnancia ninguno de los demás, consiste en que las Cortes garanticen a todos los diputados y senadores que alcancen los once años sentados en su escaño, aunque no lleguen a pronunciar una sola palabra ni emitir ninguna señal de inteligencia, la pensión máxima de la Seguridad Social, en la actualidad 2.230 euros mensuales. Dada la juventud con la que se nutren las listas cerradas y bloqueadas en el Congreso y básicamente partidistas en el Senado, entra dentro de lo posible, e incluso de lo probable, que en el entorno de los cuarenta años de edad, y con otros tantos de expectativa de vida, serán abundantes los padres de la Patria que, cumplidos once años de servicio puedan disfrutar de una situación que a cualquiera de sus representados le cuesta 35 años de cotización y 15, los últimos, con la base máxima prevista. No contentos con tan singular bicoca, el acuerdo fraternal y silencioso entre el PSOE y el PP conlleva también una indemnización, de hasta 24 mensualidades, por cada año de servicios prestados en el momento en que dejen la función representativa. Es una intentona burda de establecer privilegios indebidos entre quienes debieran ser ejemplo de conducta cívica y, lo que es peor, de convertir en laboral lo que, ni en la más radical de las visiones de la izquierda, es otra cosa que una distinción ciudadana. Tratar de ponerle precio a un honor es descentrar la función de las Cámaras y encubrir con trucos y disimulos una elevación salarial, un engaño en toda la regla. En esto, al PSOE y al PP no les repugna ir de la manita. S