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32 Internacional JUEVES 30 3 2006 ABC LA MEDIA VERDAD odría titularse las dos varas de medir porque lo primero que llama la atención es el distinto criterio con que se valora lo de aquí y lo de allá. El buen corazón es muy selectivo. Casi tanto como la memoria. Muchos que saltaron de alborozo cuando el juez Baltasar Garzón hizo detener a Augusto Pinochet en Londres- -el ex dictador chileno tenía ya ochenta y dos años, y hacía una década que había dejado el poder- -argumentan que lo importante es la paz y que si el precio es soltar a los etarras presos, habrá que pagarlo. Los que aplaudían cada vez que los magistrados daban un ALFONSO susto al ex dictador, ROJO desvelaban sus cuentas secretas o le embargaban la biblioteca, dejan caer por las tertulias que habrá que montar algún tinglado, con subvenciones y cursillos, para facilitar la reinserción a los terroristas que saldrán de la cárcel sin oficio ni beneficio. Para ser exactos, sin otro oficio que el de pegar tiros en la nuca. Es encomiable la gente con buenos sentimientos y enternece ver un país ilusionado con la perspectiva de convivir por fin sin asesinatos, extorsiones y amenazas. Dicho esto, no se si han reparado que hace una semana se cumplió el trigésimo aniversario del golpe militar en la Argentina. Fue el año en que comencé a trabajar como periodista y aunque hacía poco que había muerto Franco y estábamos enfrascados en la vorágine de la transición, me acuerdo bien de aquello. De completar detalles o imágenes emborronadas en la memoria se han encargado con afán programas de televisión, diarios online y periódicos de aquí y de allá. Me he quedado con la impresión de que la masiva evocación de la tragedia ha sido bastante unilateral. El comportamiento de los militares argentinos durante los años setenta fue monstruoso. Pero el horror uniformado fue una parte de lo que pasó. Al obviar la otra porción, como se ha hecho desde los medios de comunicación e incluso desde el Gobierno argentino, se alienta la difusión de una media verdad. En otras palabras, de una mentira a medias. Pues bien, a pesar de eso y coincidiendo con los que escribieron columnas y opinaron sobre el tema en las emisoras la semana pasada, creo que quienes fueron víctimas hace treinta años en Argentina tienen todo el derecho a exigir justicia y demandar castigo para los verdugos. Lo que me choca es que esos mismos analistas, los del castigo a los de hace treinta años o al vejete perverso de ochenta y dos, no coincidían conmigo en que también debería pagar su crimen y hasta el final, quien asesinó hace diez años a Miguel Ángel Blanco. O quien organizó hace veinte la masacre de Hipercor. SVETLANA BROZ Cirujana y periodista P La guerra en los Balcanes aún es posible si Europa es irresponsable La nieta del mariscal Tito asegura que por sus venas corre sangre eslovena, croata, rusa, alemana, judía y checa. No elige ninguna de esas ramas étnicas y pregunta: ¿Por qué debo? Aunque vive en Sarajevo, se siente bien en toda la ex Yugoslavia TEXTO CARMEN MUÑOZ FOTO JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Cuando Svetlana Broz (Belgrado, 1955) estudiaba cirugía militar en el último curso de la carrera de Medicina, pensó que esa asignatura era anacrónica en Yugoslavia. Doce años más tarde su país se desangraba. En 1992 se alistó como doctora voluntaria y un año después comenzó a grabar testimonios por toda Bosnia- Herzegovina, que le robaron y tuvo que recopilar de nuevo. Testimonios de serbios, bosnios y musulmanes anónimos que se negaron a participar en la barbarie y arriesgaron sus vidas para ayudar al enemigo Testimonios que ha plasmado en su libro Buena gente en tiempos del mal (editorial Kailas) ¿Cuál fue el testimonio que más le sobrecogió? -Es difícil elegir uno. Cada uno es una tragedia para ellos y para mí tiene el mismo significado: el del sufrimiento y la bondad humana. ¿Por qué comienza su libro con el relato del habitante de un pueblo, Baljvine, donde en la guerra hubo una convivencia idílica entre musulmanes y serbios? -Lo hice de forma intencionada para demostrar que pueden convivir. Desobedecieron a sus autoridades, siguieron juntos y se protegieron. ¿A qué atribuye la recuperación de la figura de Tito en la antigua Yugoslavia? -Hay muchos yugonostálgicos y Titonostálgicos En Bosnia- Herzegovina se han creado numerosas ONG llamadas Josip Broz Tito para transmitir su herencia política a los Svetlana Broz jóvenes. Demuestra que la gente quiere aprender de su pasado. ¿Se imaginaba su abuelo el futuro de división y guerra que le esperaba a la Yugoslavia que él creó y mantuvo unida? -Mi impresión es que nunca pensó que sería posible, pero no estoy segura. ¿Sería posible una reunificación, al menos dentro de la UE? -El futuro es cómo incorporar a la Unión Europea a estos nuevos Estados, que lo necesitan mucho por las mismas razones que algunos países lo necesitaron después de la Segunda Guerra Mundial. Sólo pertenece Eslovenia, pero me gustaría que en poco tiempo estén los demás. Es un problema regional y la comunidad internacional tiene que resolverlo como tal. ¿Cómo considera que las independencias de Kosovo y Montenegro pueden afectar a la entidad serbia de Bosnia- Herzegovina? -En Serbia hay políticos que repiten la idea loca de que si Kosovo se independiza, tomarán la República Srpska. Si alguna vez esto se convierte en realidad, los cuatro años de derramamiento de sangre en Bosnia que la comunidad internacional permitió no significarán nada porque ésta estará cediendo a Serbia el control de un país independiente. Para mí significará la mayor vergüenza de la comunidad internacional. Yo me sentiré avergonzada de decir que he nacido en Europa y que soy europea. ¿Es posible otro estallido de violencia en los Balcanes? -Todo es posible si la comunidad internacional, que a menudo ha demostrado ser totalmente irresponsable, permite que la República Srpska se separe. ¿Le decepcionó la muerte de Slobodan Milósevic en la fase final del juicio en el Tribunal Internacional de La Haya? -Por supuesto, estaba afectada y enfadada con el tribunal por su lentitud y que se acabara muriendo sin sentencia. Esto trae muchas consecuencias políticas: para mucha gente en Serbia y parte de Bosnia seguirá siendo un héroe nacional, y no un criminal de guerra. ¿Cómo veía su ambición de parecerse a Tito? -A finales de los ochenta su política iba encaminada a ser un nuevo Tito, pero era muy agresivo y se encontró con mucha resistencia en partes de Yugoslavia. Al ver que no podía ser el gran líder de Yugoslavia, decidió que lo sería de una Serbia mayor, que al final fue cada vez más pequeña.