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ABC JUEVES 30 3 2006 27 La revuelta en Francia contra el CPE convoca una nueva jornada de huelgas y manifestaciones para el 4 de abril Charles Taylor, señor de la guerra en Liberia, será juzgado por un Tribunal de la ONU por crímenes de guerra Dos abuelos son los grandes triunfadores de los comicios en Israel. Uno, Ariel Sharón, desde la cama del hospital. Otro, Rafi Eitan, a la cabeza del Partido de los Pensionistas. Tras ellos asoman quienes han decepcionado por no haber sabido estar a la altura de los veteranos Ni Olmert ni Bibi son Sharón J. CIERCO JERUSALÉN. Ehud Olmert no es Ariel Sharón. El líder por accidente, en este caso por enfermedad, del Kadima tenía todos los triunfos en su mano, todos los ases en su manga, para haber logrado una rotunda victoria en las elecciones celebradas el pasado martes en Israel. Las ha ganado, cierto, pero con un margen mucho más estrecho del anunciado por las encuestas. Benjamín Netanyahu no es Ariel Sharón. Bibi como le conocen los israelíes, heredó el Likud partido en dos tras el portazo de Arik y lo ha dejado en los peores números de toda su historia. Como botón de muestra valga recordar que en las anteriores elecciones, las de 2003, el Likud obtuvo un triunfo arrollador con 38 escaños, lideró el Gobierno de coalición y dictó las reglas políticas a seguir en el país de la mano de Sharón. Hoy el Likud es el quinto partido de Israel, apenas ha conseguido 11 escaños, no tiene capacidad alguna de influir en las próximas decisiones del Estado, y a su líder, en lugar de aclamarle, le llueven las críticas y las peticiones de dimisión. Benjamín Netanyahu saluda a sus seguidores tras los resultados electorales REUTERS (Netanyahu, Uzi Landau, Katz) que boicotearon hasta provocar una crisis de Gobierno la evacuación de los colonos y los soldados israelíes de Gaza. El segundo, responsable del Partido de los Pensionistas, la verdadera sensación de estos comicios con sus siete escaños, Rafi Eitan, de ochenta años, antiguo agente de los servicios del Mossad, y artífice, entre otras cosas, de la captura en Argentina en 1960 del criminal de guerra nazi, Adolph Eichmann, posteriormente juzgado, condenado a muerte y ahorcado en Israel. ción con el Kadima y los laboristas, del que a buen seguro formará parte. Pero tiene un problema. Eitan, responsable de captar como espía para Israel a Jonathan Pollard, encarcelado en Estados Unidos por traición a la patria, está por ello en la lista negra del FBI y es reclamado por la Justicia norteamericana. Sería pues el primer ministro hebreo en ser buscado por Washington. Su objetivo: mejorar la calidad de vida de los 700.000 jubilados israelíes, de los que uno de cada dos vive en la pobreza y cobra de media 244 euros al mes. Para eso tendrá que dejar sus esculturas y sus negocios, entre ellos, el de importador de delfines para los parques acuáticos de Eilat. Rafi y Arik, Arik y Rafi, otra vez, en el frente, en este caso político, del Israel que ayudaron a crear. Paradoja muy significativa de unas elecciones carentes de los líderes de peso que exige la sociedad hebrea. Generación de pioneros Olmert ha ganado, pero menos. Netanyahu ha perdido, pero más. Aunque, en realidad, los dos grandes vencedores de estos comicios no son sino dos abuelos de la misma quinta, amigos de juventud, héroes de guerras y operaciones especiales y miembros de la generación que creó el Estado de Israel. El primero, por supuesto, el propio Sharón, quien a sus 78 años de edad, en coma, en la cama del hospital Hadassah de Jerusalén, ha logrado su última victoria política y ha consumado su particular y ansiada venganza contra aquellos rebeldes del Likud Un atípico jubilado Con esos siete escaños en su mochila, Rafi Eitan, que no es precisamente un jubilado maltratado por su pensión de más de 3.500 euros al mes como antiguo servidor del Estado en asuntos de seguridad, podría incluso exigir un ministerio en el Gobierno de coali- Olmert abraza a Peres en la celebración de su victoria electoral AP