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58 Cultura MIÉRCOLES 29 3 2006 ABC (Viene de la página anterior) Derrotados: funeral de Vereschauguin- -donde lo que parecen flores se convierten en siembra de cadáveres a medida que uno se acerca- -que dotan al paisaje de fuerte carga moral. El cuadro Herido de muerte del mismo autor anuncia la foto de Capa de un miliciano en Cerro Muriano. El arte de Europa sigue presente en colecciones y museos, como la de Pavel Tretiakov- -hoy convertida en Galería Nacional- que alientan en buena proporción el surgimiento de las vanguardias históricas de Rusia. Esta vanguardia es otra de las joyas de la exposición bilbaína, lo mismo que del socialismo realista. Las lecciones del impresionismo, fauvismo o cubismo, en las colecciones de los comerciantes moscovitas, impactan en los artistas de los inicios del siglo XX, en una vuelta de tuerca hacia la propia sensibilidad que bien representan los grandes Kandinski, Goncharova, Malevich o Konchalovski, que vuelven la mirada a su propia tradición, desde los iconos a la pintura social, con un lenguaje revolucionario. Bajo su influencia los ismos se mezclan y radicalizan: rayonismo, suprematismo, constructivismo... Y a partir de los años treinta, una nueva mutación. En las filas del realismo socialista vemos artistas de gran talento, como Isaac Brodski, quien pintaría algunos de los iconos que protagonizan Lenin o Stalin, junto con otros artistas que llegaron a inventar su propia visión artística sin salir de aquellas coordenadas colectivizantes, como Alexander Deineka, que convierte al piloto derribado en moderno ángel caído. La representación de los grandes sacrificios de una guerra patriótica, la Segunda Guerra Mundial, tendrá que convivir con la rigidez de la propaganda estalinista. A su sombra cruel, una generación de escritores y artistas es deportada y depurada, los coetáneos de Mandelstam o Tsvietáieva. Desde entonces, esta historia marca el arte ruso, para bien y para mal, con el deshielo de Jrushev o la reacción posterior, hasta que el arte anuncia la Perestroika. Elena Poniatowska: Soy una mujer revolucionaria, también literariamente La escritora novela la huelga ferrocarrilera de 1959 que paralizó México b La autora del escalofriante testi- monio La noche de Tlatelolco publica ahora El tren pasa primero (Alfaguara) una denuncia del sindicalismo corrupto ANTONIO ASTORGA MADRID. La vida de Elena Poniatowska Amor es apasionante, de novela, de flor de lis. Nacida en París, su padre era el último heredero de la Corona de Polonia- -Jean Evremont Poniatowski Sperry- -y su madre, una hacendada mexicana: Paula Amor. Junto a ella y a su hermana Sofía huyó a México para refugiarse de la II Guerra Mundial. Un día tomaron el último tren en la estación de Bilbao y ella y Sofía escenificaron un teatrillo sobre el andén disfrazadas de Hitler y Mussolini. Mi hermana era Hitler porque era más alta que yo y servidora, Mussolini. Las dos nos tiramos al suelo muertas. Mi padre estaba muy triste porque no le íbamos a volver a ver en siete años, pero conseguimos que sonriera Luego surcaron los mares del sur a bordo de El marqués de Comillas surcaron el mar y atracaron en México. Su madre odiaba a Zapata. Pertenecía a una familia de hacendados y perdieron todo con la Revolución- -describe Elena- No quería revolucionarios en casa. Mi mamá me contaba que los peones le decían: ¡Ay que mal la Revolución, doña! ¿Ahora quién nos va a dar nuestros dulces? Porque ellos iban por el campo repartiendo dulces. Al final de cuentas mi mamá no era muy partidaria del subcomandante Marcos, aunque yo influí mucho en ella. Estando muy malita, desde la cama del hospital, me preguntaba cuándo salía en la tele. Y luego Marcos me envió un recado preguntándome: ¿Cómo está la Princesa? ¿De dónde surgió su espíritu revolucionario? Pues no sé, pero salió. Soy una mujer revolucionaria, también litera- Elena Poniatowska durante la entrevista ayer con ABC riamente Poniatowska da voz a los postergados, a los sans- culottes de la literatura, como en su novela El tren pasa primero título prestado de un letrero que hay en Mérida (Yucatán) para que la gente sepa que no tiene que cruzar porque el tren puede arrollar. Pancho Villa volaba trenes para ganar batallas y destruir rieles y Poniatowska sostiene que la revolución mexicana se hizo en tren porque dentro iban los caballos y colgados de los furgones la gente, que se mojaba y se moría de frío, que aguantaba la nieve o la escarcha. Lo que había que cuidar eran los caballos El tren pasa prime- CHEMA BARROSO ro es el relato de la gran huelga ferrocarrilera de 1959 que paralizó México: La obra pinta la ausencia del ferrocarril. De repente, desapareció el tren de pasajeros y supuso una gran pérdida. Se debió a la influencia de EE. UU. que quiso meter sus autobuses, trailers, camiones y coches en México El protagonista es Trinidad Pineda Chiñas, que algunos identifican con el líder Demetrio Vallejo, pero Poniatowska aclara: Trinidad no es Demetrio porque se enojaría y regresaría a jalarme los pies por lo que cuento de sus muchas historias con mujeres. Vallejo decía que un líder no tiene vida personal