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30 Internacional MIÉRCOLES 29 3 2006 ABC Bush intenta reanimar su problemático segundo mandato con drásticos cambios de personal Andrew Card abandonará el influyente puesto de jefe de gabinete de la Casa Blanca Republicano quiere nuevas caras e ideas frescas en la Casa Blanca para evitar un revés electoral en los próximos comicios legislativos de noviembre PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Entre un aluvión de reproches sobre la efectividad de la Administración Bush durante su deslucido segundo mandato, el presidente de Estados Unidos aceptó ayer la dimisión de su jefe de gabinete Andrew Card. Con este relevo en un puesto decisivo dentro de la jerarquía de la Casa Blanca, equivalente al de ministro de la Presidencia, George W. Bush estaría empezando a ceder a los ruegos de sus propios correligionarios para dar un giro copernicano a su gestión de gobierno y contener la sangría política provocada por Irak. Andrew Card, el hombre de confianza que hace cinco años susurró al presidente Bush la tragedia del 11- S, iba camino de convertirse en el jefe de gabinete de la Casa Blanca más longevo desde que ese influyente pero extremadamente sacrificado puesto fuera creado al final de la Segunda Guerra Mundial. Pero todos los fiascos acumulados en los últimos meses- -que contrastan con la habilidad política demostrada durante los primeros cuatro años de la Administración Bush- -han terminado por forzar un cambio de equipo sobre la marcha. Ante la tormenta perfecta planteada por la desastrosa respuesta a Katrina, la fallida nominación de Harriet Miers al Supremo, el codorniz- gate del vicepresidente y el reciente escándalo sobre el control árabe de las operaciones en algunos de los principales puertos de EE. UU. el relevo confirmado ayer se considera como el comienzo de una renovación de equipo para un presidente que ha tocado fondo en las encuestas de opinión. Para suceder a Card, Bush ha recurrido a su actual director presupuestario, Joshua Bolten, de cincuenta y un años. Este veterano de la Administración Bush, formado en Princeton y Stanford pero de aficiones moteras, ha venido escalando puestos de creciente responsabilidad desde trabajar como responsable en la primera campaña presidencial de George W. Bush. Para lidiar con las múltiples responsabilidades de su nuevo puesto como cancerbero del Despacho Oval, coordinador gubernamental y encargado del b El Partido Ala Oeste de la Casa Blanca, Bolten- -hijo de un miembro de la CIA- -está considerado en Washington como un hombre discreto, pragmático y con demostrada experiencia tanto en el Congreso, Wall Street, la vida académica y el Ejecutivo federal. Lealtad fuera de toda duda Los comentarios de la Casa Blanca para este cambio de guardia han sido especialmente cuidadosos para no dañar la reputación de Andrew Card, cuya dedicación y lealtad aparecen fuera de toda duda tras más de cinco años con jornadas de trabajo que habitualmente empezaban a las cinco y media de la mañana y terminaban no antes de las nueve de la noche. Con un tono evangélico que no llama la atención dentro del actual gobierno de Estados Unidos, Andrew Card se ha despedido parafraseando una cita bíblica del Eclesiastés Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo La necesidad de cambios en la Casa Blanca venía siendo discutida abiertamente en Washington durante las últimas semanas. En su última rueda de Prensa, el presidente se limitó a decla- Andrew Card en el momento de dar a Bush la noticia de los atentados del 11- S rarse satisfecho con su equipo de colaboradores insistiendo en que hemos sido un gobierno remarcablemente estable para bien del gigante americano. De hecho, hace dos semanas, la Casa Blanca dejó saber que Andrew Card pensaba seguir como jefe de gabinete al menos hasta septiembre, fecha en la que hubiera roto la plusmarca de cinco años y nueve meses establecida hace medio siglo por Sherman Adams durante la Administración Eisenhower. A pesar de todo, el cambio anuncia- REUTERS do ayer no cumple exactamente con las peticiones formuladas dentro del Partido Republicano para que el presidente inyecte nuevas caras e ideas frescas en la Casa Blanca, con el fin de evitar una anticipado revés electoral en los próximos comicios legislativos previstos para noviembre. Aún así, Bush ha insistido ayer en que para la agenda para el resto de su mandato es excitante con el triple objetivo de proteger a nuestra gente en casa, promover la libertad en el mundo y expandir nuestra prosperidad Estados Unidos se enfrenta al espinoso reto de legalizar más de doce millones de sin papeles P. RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. En un país fundado por forasteros, pero que en estos momentos acumula más de doce millones de sin papeles la inmigración ilegal no deja de resultar una cuestión espinosa, que alcanza niveles políticos de toxicidad cuando sirve para demostrar la inquietante y contumaz porosidad de las fronteras del gigante americano después del 11- S. Entre masivas manifestaciones de hispanos, presiones de la Administración Bush y el casi inevitable pulso entre los aspirantes a ocupar la Casa Blanca en el 2009, el Senado federal se enfrenta a dos semanas de visceral debate sobre una de las cuestiones más difíciles en la política doméstica estadounidense, con millones de votos en juego. Como punto de partida de este maratón parlamentario en la colina del Capitolio, el comité judicial de la Cá- mara Alta- -con los republicanos claramente divididos- -ha forjado una propuesta para crear dos programas de permisos temporales de trabajo y un plan para legalizar a los millones de inmigrantes que se encuentran ilegalmente en Estados Unidos. Siempre que tengan trabajo, carezcan de antecedentes penales, aprendan inglés, cumplan con Hacienda y paguen las correspondientes multas por haberse colado sin permiso en el sueño americano. La propuesta, remitida al pleno del Senado tras ser aprobada en comité por doce votos a favor y seis en contra, representa el mayor esfuerzo en décadas por asimilar inmigrantes ilegales. De aprobarse finalmente por el Congreso, esta versión patrocinada por los senadores McCaine y Kennedy supondría la mayor iniciativa de permisos temporales de trabajo desde el programa de braceros que entre 1942 y 1960 permitió la entrada de 4,6 millones de trabajadores agrícolas mexicanos. Aunque de momento, este proceso se encuentra plagado de condicionales. Para empezar, cualquier medida que apruebe el Senado debe ser reconciliada con la versión adoptada en diciembre por la Cámara Baja, muchísimo más restrictiva. Ya que establece desde la construcción de una verja de seguridad en toda la frontera compartida por Estados Unidos y México, además de convertir en un delito la inmigración ilegal. Los últimos sondeos de opinión insiste en que un 60 por ciento de los estadounidenses no son partidarios de permisos de trabajo temporales, con un 75 por ciento convencidos de que no se está haciendo lo suficiente por proteger sus vulnerables fronteras. Suspicacias redobladas por la gran facilidad demostrada esta semana con que se puede introducir material radioactivo para construir bombas sucias En todo este debate, un capitidisminuido presidente Bush insiste en aprobar una reforma que facilite la entrada de inmigrantes dispuestos a ocupar puestos de trabajo que no quieren los estadounidenses.