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ABC MARTES 28 3 2006 65 Toros RAFAEL DE PAULA Torero Creí que iba a ser eterno En vísperas del festival de lujo con el que Madrid le rendirá tributo el próximo sábado, el genial torero de Jerez habla del esperado mano a mano entre Joselito y Morante TEXTO: ROSARIO PÉREZ FOTO: PACO MARTÍN Curro Romero: Paula ha aportado belleza a la Fiesta Naturalidad, belleza, torería, arte... Son algunos de los elogios que dedican sus compañeros de profesión a Rafael de Paula, un torero irrepetible, un mito vivo. Lo más granado de la torería se refiere en ABC a las aportaciones del gitano de Jerez. Curro Romero: Rafael de Paula ha aportado belleza a la Fiesta, que es lo más bonito de la vida, y este hombre era bello toreando. Yo lo conozco desde novillero, le he visto en el campo, sin público, cuando se está más a gusto y más relajado, y le he visto realizar maravillas, aunque sea con una becerra. Hemos toreado muchísimo juntos y hemos pasado muchas fatigas, porque somos toreros irregulares, pero también le he visto hacer el toreo con naturalidad, que es lo más bonito que existe. Si mañana se anunciase en cualquier plaza, recorrería los kilómetros que hiciesen falta por disfrutar de su toreo Cayetano: Todos debemos tener en cuenta su forma de interpretar el toreo. Es muy bonito ser considerado torero de toreros, y Rafael de Paula es un torero en el que nos fijamos. Me gusta ver vídeos suyos, con los que disfruto y aprendo. Me hubiese encantado participar en el homenaje, pero en una plaza como Madrid no podía presentarme en un festival sin antes haberme anunciado de luces. Eso sí, intentaré acudir como espectador, pese a que al día siguiente toreo en Sanlúcar Curro Vázquez: Rafael ha sido un torero al que he admirado desde mis inicios, porque desde chiquitillo me habló mi padre de él. Todos los profesionales le admiramos por su forma de interpretar y su concepto. Este homenaje es muy merecido. Paula es arte, sentimiento, estética, toreo puro, un torero en el que todos nos fijamos para intentar hacer las cosas como él Gregorio Sánchez: Es el torero al que, a lo largo de mi vida, mejor he visto torear con el capote. Tiene arte en el cuerpo, por eso torea tan bien. Lo que hace falta es que el buen tiempo acompañe y vaya gente a la plaza, para que así se llene y le quede dinero Julio Aparicio: Yo le di la alternativa en Ronda, con Antonio Ordóñez de testigo. Me parece un torero extraordinario, con mucho gusto y clase. Su principal aportación es la personalidad. No se parece a nadie. Es muy distinto y siempre ha sido fiel a sí mismo. En el escalafón es importantísimo que haya toreros diferentes, que no se parezcan, porque eso supone grandeza para la Fiesta -Las Ventas le rendirá tributo el próximo sábado. ¿Cómo se siente en vísperas del festival? -Estoy muy agradecido a todos los que han colaborado, en especial a Joselito y Morante, que han demostrado ser, además de dos buenos toreros, fantásticas personas. También le agradezco su apoyo a la afición de toros de Madrid, pues, pese a haber sido un torero controvertido, sé que gozo de su afecto. -El mano a mano es de lujo. ¿Se esperaba que le brindaran un reconocimiento de este calibre? -Nunca pensé que recibiría un homenaje así. Lo que más me ilusiona es que la plaza se llene con aficionados de todas partes de España. Sería lo más bonito: si la gente se vuelca, será señal de que yo he hecho algo bueno en la Fiesta. -Joselito y Morante se declaran fervientes admiradores de usted. ¿Cómo les definiría a ellos? -Joselito no está en activo, pero ha sido una primera figura del toreo, y eso está demostrado. Morante acapara la atención de la afición en la actualidad. Sencillamente, diría que son dos buenos toreros que han conseguido torear muy bien. -Son muchos los que han tratado de beber de su fuente. ¿Qué significa ser considerado espejo de toreros? -No soy yo quién para hablar de eso. Si lo dicen los demás, me siento halagado, pero no soy presuntuoso. Con mis defectos y virtudes, he sido yo mismo. Me reconozco un torero con muchos defectos, pero siempre me he mostrado al natural. Se torea como se es decía Juan Belmonte; yo, con todas mis cosas, toreando soy como soy. -El festival es nada menos que en Madrid. ¿Qué representa este escenario en su carrera? -Se quiera o no, es la plaza más importante del mundo y marca la trayectoria de cualquier profesional del toro. Así ha sido a lo largo de la historia. Yo siempre dije que, de recibir un homenaje, tendría que ser en Las Ventas. Aunque soy consciente de que no he sido un torero de Madrid, aquí he estado muchas veces mal, pero otras he estado bien y la gente todavía lo conserva en su mente. -La afición aún rememora su faena al toro de Benavides. ¿Hasta qué punto marcó un antes y un después en su camino? -Ese toro de Benavides puso el toreo en mis manos. Sin duda, es la faena que más ha trascendido. Son esas tardes que se graban en la retina del aficionado, algo maravilloso. ¿Se imaginaba el hijo del cochero de Cantarería que tendría tantos partidarios y ocuparía el lugar que hoy ostenta en la historia del toreo? -La verdad es que no, no lo pensé. Es cierto que he estado muy a merced de los Rafael de Paula confiesa que aún le pega cuatro lances al viento toros y muy limitado por mis condiciones físicas, porque, de lo contrario, hubiese realizado más cosas. Me refiero al valor, que, según palabras textuales de Domingo Ortega, es estar fuerte físicamente Y no lo digo yo, lo dijo nada menos que Ortega. Pero, ante todo, destacaría mi amor y respeto por el toreo. En lo bueno y en lo malo, por esos derroteros ha transcurrido mi vida profesional. Claro que yo creí que iba a ser eterno. Sin embargo, la realidad es que los años se van y aquí estamos todos de paso. -Su toreo sí es eterno. -Es muy grato oírlo, muy grato que me recuerden. ¿Torea aún Rafael de Paula en sus ratos de soledad y en sueños? -Los sueños, sueños son... Pero mientras hay vida, existe la esperanza. Aún pienso que si me quitase los kilos que me sobran... Como sé manejar los brazos, que es donde está el toreo... Mis manos se mueven por un impulso interior y, sin darme cuenta, todavía le pego cuatro lances al viento. (Y Paula, el genial torero gitano rubio de Jerez, con un habano en la izquierda y una copa en la derecha, para los relojes con una verónica imaginaria, una verónica de seda, templada como sus palabras, con el sabor añejo de sus sentencias)