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26 MARTES 28 3 2006 ABC Internacional Las elecciones legislativas ponen hoy fin al sueño sionista y bíblico del Gran Israel La evacuación judía de la Cisjordania remota, primer punto del referéndum b Nadie duda de la victoria del Kadima de Olmert, con Sharón en coma, pero sí de la coalición que tendrá que formar sea cuál sea el resultado en las urnas JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Nunca en la convulsa historia de Israel se ha celebrado un referéndum. La derecha israelí y los colonos judíos se empeñaron en ello con la evacuación de Gaza de este pasado verano pero Ariel Sharón, sabía más el zorro por sabio que por viejo, no quiso ni oír hablar de esa trampa con efectos retardados. Pues bien, con el primer ministro israelí en coma profundo, con Hamás al otro lado del muro ilegal, con Irán cerca de desarrollar sin vuelta atrás su programa nuclear, ha llegado la hora de que se celebre, bajo el paraguas de unas elecciones legislativas anticipadas, un particular referéndum sobre el fin del sueño sionista, y a la par bíblico, del Gran Israel. Y es que los comicios que hoy se desarrollan en este país no son sino un referéndum sobre la pasada evacuación de la Franja de Gaza y sobre el futuro desmantelamiento de las colonias judías más aisladas de Cisjordania (los principales bloques de asentamientos serían anexionados a Israel, incluido el de Ariel, bien adentrado ya en esa Palestina que no existe, incapaz de formar un Estado ya imposible por su nula continuidad y contigüidad territorial) Sin esas tierras ocupadas junto al Mediterráneo, sin ese territorio ocupado en el corazón de las llamadas Judea y Samaria, ese sueño nada inocente del Gran Israel, por el que tanta sangre se ha vertido en las últimas décadas, quedará apolillado en el baúl de los recuerdos. amenaza árabe ha logrado lo que no consiguió en cuatro décadas la izquierda israelí Así explicaba ayer en el diario Haaretz el periodista y analista, Tom Seguev, su particular punto de vista sobre unas elecciones reconvertidas en referéndum por la fuerza de los hechos consumados. Para eso, para evacuar a 90.000 de los 240.000 colonos de la más remota Cisjordania, además de elegir por supuesto a sus próximos representantes legislativos y ejecutivos en la decimoséptima Knesset (Parlamento) están convocados hoy a las urnas, entre las siete de la mañana y las diez de la noche, cinco millones de electores, representantes de un puzzle imposible de encajar entre piezas rusas y etíopes; ashkenazíes y sefardíes; ortodoxas y laicas; árabes- israelíes y sabras; pacifistas y colonos... Un soldado israelí vota de forma anticipada en la frontera de Gaza con Egipto Likud de Benjamín Netanyahu (el Likud de Arik obtuvo en la pasada cita con las urnas, 38) y la decena larga de los ultranacionalistas de Israel Beitenu del emigrante ruso, Avigdor Lieberman, y de los ultraortodoxos del Shas. Se teme la abstención, después de la campaña electoral más aburrida de la historia de Israel; se teme la desmotivación ante la gran ventaja que atesora el Kadima, según las encuestas; se teme a las propias encuestas, no demasiado fiables por sus constantes contradicciones, que podría ofrecer como resultado otro rompecabezas tan difícil de ensamblar, en forma de coalición de Gobierno, como la propia sociedad israelí; y Previsiones de los sondeos El Kadima, el partido creado por Sharón semanas antes de caer en coma, se perfila como seguro ganador de los comicios. Los sondeos le dan entre 34 y 40 escaños, frente a los 21 del Partido Laborista de Amir Peretz; los 14 del EL DILEMA DE OLMERT IGNACIO ÁLVAREZ- OSSORIO. Profesor de la Universidad de Alicante Presión demográfica y terrorismo Casi 40 años después de la Guerra de los Seis Días, la mayoría de israelíes se ha dado cuenta de que nada bueno puede resultar de la ocupación. La mayoría ha llegado a esa conclusión bajo la influencia de la amenaza demográfica y de la presión del terrorismo. ¡Qué pena que se percate de lo dura y equivocada que era esa vía cuando otros sugirieron llegar a una separación de los palestinos a través de un acuerdo! La os israelíes acuden hoy a las urnas para elegir la nueva Knesset. Según todos los sondeos, el Parlamento israelí estará dominado por Kadima, formación creada por Ariel Sharón y dirigida por su delfín Ehud Olmert, y se registrará una elevada abstención, ya que buena parte del electorado considera estos comicios como un mero trámite, dada la ausencia de alternativas reales y el consenso generalizado en torno a cuál debe ser la prioridad del próximo gobierno: la imposición unilateral de las nuevas fronteras de Israel. El más que probable éxito que Kadima cosechará en las urnas no puede entenderse sin aludir a la situación de parálisis en la que se encuentran las dos principales formaciones sionistas: el Partido Laborista y el Likud. El primero está en pleno proce- L so de recambio generacional y renovación ideológica debido, en gran medida, al ascenso del sindicalista Amir Peretz, pero también a la huída de dos de sus principales dirigentes (Simón Peres es número dos del centrista Kadima y Yossi Beilin número uno del izquierdista Meretz) El Likud de Benjamín Netanyahu, por su parte, intenta recobrarse, sin mucho éxito según los sondeos, del varapalo que significó la división del partido: su propia supervivencia parece depender de que alcance una alianza estratégica con los partidos ultranacionalistas que intentan mantener a cualquier precio el control judío de la Tierra de Israel (el territorio situado entre el Mediterráneo y el Jordán) siendo bastante probable que buena parte de sus simpatizantes se decanten por la lista Israel Nuestra Casa, que aboga por una masiva expulsión de la población árabe. De cumplirse los pronósticos, Kadima podría estar en condiciones de formar, junto al Partido Laborista y al Meretz, una coalición de gobierno fuerte que no dependa, para sacar adelante su programa, del habitual mercadeo con las formaciones minoritarias. La pregunta del millón es saber hasta dónde está dispuesto a llegar Olmert. Es evidente que ningún gobierno israelí se plantea el retorno a las fronteras de 1967, pero también parece obvio que los palestinos no aceptarán nunca el Estado de bantustanes al que les condena el muro de Cisjordania. Este parece ser el dilema de Olmert: bien imponer de manera unilateral un Estado palestino de mínimos en algunas de las porciones de Cisjordania que todavía no han sido colonizadas, bien pactar con la parte palestina las fronteras de un Estado con continuidad territorial y, por lo tanto, con viabilidad futura, algo difícilmente imaginable mientras gobierne Hamás.