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4 Opinión MARTES 28 3 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil UCRANIA, DE REVOLUCIÓN A COHABITACIÓN AS elecciones legislativas y municipales celebradas este fin de semana en Ucrania han servido para matizar las conclusiones apresuradas que algunos analistas sacaron de los turbulentos días de la llamada revolución naranja en el invierno de 2004. Afortunadamente, en estos meses la semilla de la democracia parece haber prendido en los usos políticos, y ésa es la mejor esperanza de futuro para un país martirizado por el peso de la herencia de la dictadura comunista. Pero, al mismo tiempo, hay que constatar que las divisiones sociopolíticas que llevaron entonces al país al borde de la confrontación civil siguen intactas y no presentan síntomas de ablandarse: los partidarios de acercarse lo más rápidamente posible a Europa y los que, por el contrario, prefieren reforzar los vínculos tradicionales con Rusia continúan firmemente anclados en sus respectivas posiciones y áreas geográficas de influencia. Que en esta ocasión hayan ganado la votación los segundos, representados por el Partido de las Regiones y su líder, Victor Yanúcovich, confirma que el carisma que se forjó el presidente Victor Yúshenko en aquellos días de la revolución naranja no era, ni mucho menos, una garantía absoluta de acierto en la gestión. Yúshenko ha pagado en las urnas el precio de sus divisiones con los demás líderes de aquel movimiento, como Julia Timoshenko, y de los escasos resultados palpables de un año y medio de gestión. Como suele decirse, no es lo mismo predicar que dar trigo, y en este caso, con la crisis económica, los ucranianos están más necesitados de trigo que de sermones. Ucrania se aboca ahora hacia una compleja cohabitación política en la que la cuestión vital de las relaciones estratégicas con Rusia va a jugar un papel determinante. Yúshenko tendrá que apoyarse en sus antiguos aliados, que son partidarios de ahondar la separación con la vecina Rusia, a pesar de que los electores han dado claramente la victoria a los partidarios de reanudar las relaciones tradicionales con Moscú. El debate resulta de importancia vital para Europa, no solamente porque tarde o temprano puede volver a entrecruzarse con el asunto del tránsito de los suministros de gas, sino porque prueba que las instituciones euroatlánticas no podrán permanecer nunca más al margen de la evolución política de Ucrania. En el caso de Rusia, la lección más importante es que debe abandonar también para siempre las trasnochadas tácticas conspirativas con las que en 2004 intentó torcer el resultado electoral a su favor. El Kremlin haría bien en convencerse de que Ucrania es un país independiente y que tiene más posibilidades de seguir teniendo allí una influencia decisiva si sabe convencer a los ucranianos de su buena fe, en vez de intentar doblegarlos de frío cortándoles el gas en pleno invierno. L CONDICIONES PARA UN ENTENDIMIENTO E L alto el fuego anunciado por la banda terrorista ETA ha forzado indirecta, pero explícitamente, el reconocimiento del papel esencial que debe tener el Partido Popular en este posible fin del terrorismo. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lo asumió en tales términos en la entrevista concedida a ABC, lo que marcó un punto de inflexión, al menos gestual, en lo que hasta ese momento había sido un continuo desencuentro. La reunión que hoy mantendrán ambos líderes en La Moncloa debería consolidar el nuevo rumbo de las relaciones entre el Gobierno y la oposición, pero no sobre nuevos actos de fe, sino sobre hechos tangibles. Las actitudes previas de uno y otra apuntan a una voluntad constructiva. Ahora bien, el reconocimiento al PP, para ser creíble, debe tener contenidos concretos, más allá de la bondad de trato que ahora está recibiendo por parte del PSOE y de los homenajes retrospectivos a la política antiterrorista desarrollada por los Gobiernos de Aznar. Hoy, lo que cabe esperar y exigir es que Rodríguez Zapatero proponga a Mariano Rajoy un acuerdo político y no un contrato de adhesión. El PP, al igual que el PSOE, ha preparado con discreción la reunión de su líder en La Moncloa, a pesar del escepticismo justificado que anida en una buena parte de la sociedad española sobre los fundamentos y el desenlace del proceso de diálogo con ETA. Pero Rajoy está actuando como corresponde al líder de la oposición, acogiéndose a la prudencia que demanda la situación y evitando adelantarse a los acontecimientos. Juega a su favor que habrá tiempo para todo. Para apoyar y para criticar al Gobierno, para respaldar decisiones concretas y demandar explicaciones necesarias, incluso para denunciar la deriva del proceso. El activo del PP reside en dosificar su labor de oposición, no en prescindir de ella. Por eso, Rajoy, que ayer recibió el respaldo de todos los estamentos de su partido ante la cita de La Moncloa, acude hoy a la misma sin haber prejuzgado su posición más allá de las bases que estableció en sus primeras manifestaciones: el apoyo al Gobierno tiene como objetivo el fin de ETA sin precio político, conforme al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. No es, por tanto, un cheque en blanco, ni debe serlo, porque al PP le corresponde, por de- recho propio, ser consciente de su aportación decisiva al debilitamiento de ETA mediante la construcción de una política antiterrorista inédita, basada en la utilización de todos los recursos legales y políticos del Estado. Si hoy es posible un final de ETA es gracias a la determinante actitud de los Gobiernos del PP de no aceptar más desenlace que la derrota de los terroristas. Es legítimo que el PP plantee este posible proceso como una aceleración de la derrota de ETA, y no como una perpetuación, al estilo del IRA, de la banda terrorista. Los avales de Rajoy son poderosos e inapelables para pedir contenidos concretos al entendimiento con el Gobierno. La lealtad que pretende obtener de él Rodríguez Zapatero debe basarse en una nueva consideración hacia el PP. El líder de la oposición, en primer lugar, debe ser puesto al corriente de los contactos previos entre el Gobierno y el PSOE con Batasuna y ETA, y de los compromisos que se hayan asumido en virtud de esos contactos. El PP tiene que saber para qué proceso se pide su apoyo. Además, Gobierno y oposición deben fijar los límites infranqueables del diálogo con ETA y con sus testaferros, para evitar que el desdoblamiento de mesas sea un juego con dos barajas. En tercer lugar, si este proceso de diálogo va a durar más de una legislatura, como ha afirmado el propio Rodríguez Zapatero, la obligación del Gobierno es afrontar el posible fin de ETA como una estrategia compartida con el PP, pues sólo así recibirá el trato de asunto de Estado que merece y una continuidad política inmune a los resultados electorales. Dicho esto, también hay que reconocer al PP el derecho a juzgar con criterios propios la información que reciba del Gobierno y a fijar públicamente su posición al respecto. La opinión pública secunda un optimismo generalizado sobre las expectativas del alto el fuego pero el sentido crítico no puede quedar proscrito en un proceso de esta gravedad. El PP es un partido creíble y con autoridad para asumir una posición fiscalizadora en este proceso y debe tener margen para hacerlo con prudencia, sin mordazas y con la confianza de los militantes, votantes y ciudadanos que ven en Rajoy la actitud sensata que requiere el momento. CLONACIÓN, MANZANA PROHIBIDA A investigación con células madre embrionarias y su más polémica variante, la clonación terapéutica, ha vuelto a colocar al Gobierno y al Episcopado en posiciones antagonistas que se vislumbran irreconciliables en una materia a la que es especialmente sensible la sociedad española. El presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, reiteró ayer que la manipulación de los embriones es inmoral y arriesgada y defendió la idea de que el embrión no es ni un cúmulo ni un amasijo indiferenciado de células sino una nueva individualidad en los inicios de su ciclo vital En la inauguración de un centro de investigación, el presidente Rodríguez Zapatero utilizó su recurrente argumento de que las creencias personales no pueden detener el progreso científico e insistió en que nada puede ser más moral que preservar la salud Aunque las posiciones de ambas partes son defendibles, el Gobierno se equivoca y se desliza con pasmosa ligereza hacia un territorio desconocido y peligroso, como es la clonación terapéutica, una manzana prohibida en la ma- L yoría de los países más desarrollados. El marco legal que se había alcanzado en España al final de la pasada legislatura permitía avanzar razonablemente en el campo de la medicina regenerativa, con células de embriones inviables y bajo estrictas condiciones, pero el Gobierno socialista apuesta por la clonación terapéutica justo cuando sus mayores progresos han resultado ser un fraude. Esta polémica técnica está prohibida por el Código Penal y la Convención de Bioética del Consejo de Europa, que impiden la creación de embriones con fines distintos a la procreación. El Gobierno esgrime que el resultado de la transferencia del núcleo de una célula adulta a un ovocito no es un embrión, sino un conjunto de células que se desarrollan a partir de un óvulo no activado por un espermatozoide. Esa estrategia semántica puede que sirva para no incumplir la legalidad, pero se topa con la realidad. Experimentos de clonación con animales revelan que si se implantan en un útero ese conjunto de células, llámense embrión o no, crecen y se desarrollan hasta originar un ser vivo completo.