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56 Cultura LUNES 27 3 2006 ABC Fallece Richard Fleischer, uno de los directores más versátiles de Hollywood Realizó 20.000 leguas de viaje submarino ABC NUEVA YORK. El director de cine Richard Fleischer, famoso por el clásico 20.000 leguas de viaje submarino (1954) basado en la novela de Julio Verne, murió el pasado sábado en Los Ángeles, a los 89 años de edad. Fleischer fue sin duda alguna uno de los directores más versátiles de Hollywood, ya que no dudaba en abordar todo tipo de géneros. En el de aventuras destacan filmes como Los Vikingos (1958) Fuga sin fin (1971) o la ya mencionada 20.000 leguas... En el de oeste dirigió Asalto al coche blindado (1950) Bandido (1956) Duelo en el barro (1959) o Tres forajidos y un pistolero (1974) También se acercó a la ciencia ficción con Viaje alucinante (1966) basado en una novela de Isaac Asimov, o Cuando el destino nos alcance (1973) En el género de la intriga destacan Impulso criminal (1959) El estrangulador de Boston (1968) o El estrangulador de Rillington Place (1971) Su cine bélico cuenta con títulos como Los Diablos del Pacífico CLÁSICA Ciclo Grandes intérpretes Obras de Schumann, Schubert, S rensen y Beethoven. Intérprete: Leif- Ove Andsnes, piano. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid CREACIÓN Y RECREACIÓN ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Richard Fleischer AP (1956) o Tora, Tora, Tora (1970) Dirigió además la versión original de Doctor Dolittle (1967) y títulos como Terror ciego (1971) o Los nuevos centuriones (1972) El padre de Fleischer, Max, uno de los pioneros del cine de animación, hizo competencia al ratón Mickey de Walt Disney, creando personajes como Popeye el Marino o Betty Boo on muchas las virtudes que acompañan al pianista noruego Leif- Ove Andsnes. Sin duda, la primera de todas ellas es la sensatez. Hoy, en el justo momento en el que se insiste en la quiebra de la identidad cultural es decir del estilo; en el instante en el que se impone la originalidad, no buscada con el fin de fabricar una nueva llave para cada cerrojo como escribiera Busoni, sino con el ánimo de encontrar un mecanismo para la diferencia, el todavía joven Andsnes es capaz de sentarse al piano y expresarse con orden y sin aspavientos. Es decir, transmitiendo un sentimiento de limpieza, claridad y moderación. Y puede hacerlo porque domina el instrumento con una seguridad pasmosa, lo hace sonar produciendo esa grata impresión del sonido lleno, que surge desde dentro, y se sirve de él para ofrecer versiones afirmativas, sinceras y con musculatura. Andsnes ha actuado por tercera vez S en el Ciclo de Grandes Intérpretes, desde aquella primera aparición hace ahora cinco años, pero sigue fiel a su voluntad por reafirmarse en una expresión exenta de adorno, ajena al espectáculo, capaz de mirar de frente. Hay algo en su forma de tocar, siempre cercano al teclado, sin movimientos innecesarios y concentrado al margen de toses, estornudos y caramelos, que denota un deseo por traspasar la superficie. Sonaron así las infrecuentes Cuatro piezas, opus 32 de Schumann y lo hicieron en un versión muy armada, densa y negada a todo preciosismo. Porque no es Andsnes amigo de juguetear con la música ni con sus estructuras, como muy bien demostró la retórica puesta en juego ante la Fuga final de la Sonata, opus 110 de Beethoven, pivotada toda ella alrededor del Adagio central, allí donde el sonido se hizo más concentrado. Y entre Schumann y Beethoven la Sonata, D 958 de Schubert, compositor que Andsnes ha tratado especialmente estos años, y ante el que ha vuelto a manifestar una empatía especial, muy cercana al espíritu de ese divagante y misterioso rondó que, una y otra vez, asoma sin llegar a reconocer su propio estribillo. Por eso no es arbitrario considerar que, además de ser un músico robusto, Andsnes posee un alto grado de consciente ensoñación. Quizá tan nórdica como las acuáticas Sombras del silencio de S rensen, toda una tentación de tener en el escenario a algún amigo del artificio.