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ABC LUNES 27 3 2006 Madrid 35 Los agentes inspeccionan dos vehículos en uno de los accesos a la localidad de Buitrago del Lozoya Detenida la banda de los ordenadores el puesto de la Guardia Civil de Buitrago del Lozoya ha vuelto a su actividad normal, donde los delitos contra el patrimonio son los más frecuentes El recuerdo de los seis agentes muertos en la A- 1 El sargento José Callejón volvió a nacer el 8 de marzo de 2005, al tiempo que morían seis de sus compañeros cuando desmontaban un control en la A- 1. Él estaba allí, pero se libró porque, instantes antes de que un camión los arrollara, emprendió la persecución hacia un BMW sospechoso. Cada vez que pasa por el lugar de los hechos no puede evitar recordar lo que sintió cuando se encontró los cuerpos sin vida de sus colegas. Tampoco olvida el puro que se fumó con uno de ellos antes de empezar el servicio: Me dijo que esa tarde se encontraba raro, que ni siquiera había podido dormir la siesta, pero que no sabía qué le pasaba afirma el sargento. Ninguno de los supervivientes dejó de trabajar ni se cogió la baja. Ese tipo de cosas son las que animan a seguir en el día a día. Real, Guadalajara, Madrid e, incluso, Holanda. Suena el walkie ¡Alunizaje en Fuencarral! Han huido por la carretera de Colmenar, pero podrían coger más tarde la de Burgos escupe la emisora. La alerta en el puesto de Buitrago durará varias horas, aunque finalmente no habrá rastro por la zona de los aluniceros Robregordo, Gascones, Madarcos, Aoslos... En esta zona, el problema son las distancias, como los 28 kilómetros que separan Buitrago de La Hiruela: se tarda hasta 40 minutos en llegar. En Somosierra hay un hotel y una gasolinera. Algunos independentistas los utilizan, para no dejarse dinero en Madrid. No se enteran de que esto no es Segovia. Aunque por muy poco, sigue siendo Madrid El lado oscuro de la Sierra Norte TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTOS: JAIME GARCÍA MADRID. Miguel tiene 25 años y vive dentro de un coche. Del suyo. No quiere que nadie se lo robe. Miguel tiene casa donde dormir, la de sus padres, delante de la cual está estacionado su vehículo. Pero pasa las madrugadas dentro de él. Su extravagancia le ha supuesto ya alguna paliza por parte de los jóvenes del pueblo. Pero a él le da igual. Hace unos días le hicieron un examen psicológico y, aparentemente, su mente no tiene nada extraño. Es tan sólo una de las historias con las que, cada noche, se enfrentan los agentes de la Guardia Civil del puesto de Buitrago del Lozoya, del que depende la friolera de 22 municipios de la Sierra Norte: sólo 4.500 habitantes. Esta zona de la región apenas conoce qué es que la sangre de un vecino mane tras un navajazo mortal o un tiroteo. Pero sufre ese tipo de delitos que más incomoda el día a día de una de las demarcaciones más tranquilas: los que van contra el patrimonio, sobre todo, robos con fuerza en el interior de domicilios, especialmente en viviendas abandonadas o de segundas residencias. Hace algunas semanas, fue víctima también de la famosa banda de los ordenadores Cogimos a dos en Buitrago, y otros dos huyeron, pero nos quedamos con sus pasaportes. Pese a que en un primer momento quedaron en libertad, eso ayudó para dar con el grupo afirma el sargento José Callejón. La llegada al ayuntamiento de Villavieja vuelve a traer el recuerdo de este grupo de rumanos, que accedió al edificio consistorial por una de sus venta- El ayuntamiento de Villavieja fue asaltado por la banda de los ordenadores nas. Estos municipios, tan pequeños, jamás pensaron que podrían vivir una situación similar. Durante esas semanas, aparte de estos asaltos, apenas hubo más movimiento dice Callejón en referencia al despliegue especial de agentes que tomó la zona. Esto estaba aburridísimo bromea. Aunque, desde el incremento de policías en las localidades mayores, la delincuencia se ha trasladado a la Sierra. nudo y que estamos cerca; se sienten más seguros dice el sargento, quien añade que otra de sus misiones es controlar que nadie robe a los numerosos camioneros que transitan por la A- 1. Mientras duermen en las cabinas, aparecen las bandas que abren los tráilers y no dejan nada dentro. Los meses entre noviembre y enero, en plena campaña de Navidad, son sus predilectos. Suelen ser dos vehículos y todo ocurre muy rápido. El primero inspecciona el terreno; en el otro vienen quienes rajan las lonas o rompen las puertas de los camiones y cargan rápidamente la mercancía dice el sargento. La madrugada avanza, y, con ella, las identificaciones y controles de alcoholemia a conductores, procedentes de lugares dispares: Burgos, Ciudad Asaltantes de camiones Otro de los puntos de ataque son las estaciones de servicio. Buitrago controla cinco. La cercanía al ciudadano es el gran activo con el que cuentan estos guardias civiles, que conocen al dedillo su demarcación. A estos trabajadores les gusta ver que pasamos a me-