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26 Internacional LUNES 27 3 2006 ABC No tienen ni voz ni voto en los comicios de mañana, pero sufrirán las consecuencias del Gobierno israelí que surja de las urnas. Se impone, mucho antes de la victoria de Hamás, la separación unilateral Palestinos, los electores invisibles TEXTO JUAN CIERCO CORRESPONSAL. FOTO AFP RAMALA. La victoria de Hamás en las elecciones palestinas supone un antes y un después en lo que a la relación de la comunidad internacional con los palestinos se refiere, pero no en los planes de los políticos israelíes para Gaza y Cisjordania. Estados Unidos y Europa no saben bien cómo lidiar con el nuevo Gobierno de Hamás que desde hoy y hasta el miércoles se juega sus cuartos, con todas las cartas marcadas a su favor, en el Consejo Legislativo. Israel y sus máximos dirigentes, con el primer ministro en coma, Ariel Sharón, a la cabeza, tenían muy claro sus próximos pasos mucho antes de que los fundamentalistas islámicos se impusieran en las urnas. Por eso se ha hablado tan poco de los palestinos en la campaña electoral israelí. Porque existe un consenso generalizado al respecto entre casi todos los partidos que concurren a los comicios de mañana. El muro ilegal de Cisjordania es anterior a la victoria de Hamás en las elecciones. La evacuación unilateral de Gaza se planeó antes de que los verdes tocaran el cielo. La falta de voluntad de unos y otros para negociar cara a cara no nace del triunfo de los radicales islámicos. Las ideas de separación unilateral y de creación de unas fronteras permanentes y definitivas no fueron concebidas por Ariel Sharón y sus delfines al hilo de la llegada al poder de Hamás sino que tiene que ver con la amenaza demográfica sobre la mayoría judía en el Estado. Y eso, los palestinos, que a pesar de haberse decantado por Hamás en su cita con las urnas desean negociar un acuerdo de paz con Israel (así lo manifiesta el 75 por ciento de los encuestados) lo saben de sobra. u otro partido en Israel. Para ellos todos son iguales y ninguno apuesta por ofrecer un futuro digno y justo explica el ex ministro de Trabajo, Ghassan al- Jatib, en su oficina de Ramala. La separación unilateral que propone Olmert hará mucho daño y reforzará, por desgracia, el papel predominante de Hamás en la sociedad palestina. Mahmud Abbas tiene las manos atadas y sólo un diálogo cara a cara, constructivo, con negociaciones en que las dos partes pierdan pero gane la posible resolución del conflicto podría hacer cambiar la situación puntualiza. La otra cara de la moneda palestina en estas elecciones son los árabes- israelíes. Son, en teoría, nunca en la práctica, parte integrante del Estado pero sufren la discriminación política, económica, social, laboral y educativa que no se cansan de denunciar, pero que no acierta nadie a resolver una vez constituido el Gobierno correspondiente. No es de extrañar que en estos comicios, según las previsiones, el 60 por ciento de este electorado de medio millón de personas (los árabes- israelíes representan el 20 por ciento de la población) apueste por la abstención. Más aún cuando de las filas más extremistas judías, encabezadas por Avigdor Lieberman y su partido rusófilo, Israel Beitenu, se proclame la intención de transferir a esa parte de la población israelí a los territorios palestinos. Ehud Olmert, el primer ministro de Israel en funciones, lavaba ayer los platos en la cocina de su casa, en Jerusalén AFP Reforzará a Hamás Los israelíes acuden mañana a las urnas para elegir al partido que forme Gobierno y rija su vida día a día los próximos cuatro años. Los palestinos, los electores invisibles, no tienen ni voz ni voto, como es lógico, pero estarán a su vez pendientes de ese Ejecutivo de coalición que se moldee en las próximas semanas porque, cosas de la ocupación, también regirá su día a día tanto, o más, que el que presida Ismail Haniyeh. De Tel Aviv dependen el suministro de gas, alimentos, medicinas, y la libertad, o no, de movimientos. Los palestinos no votan por uno Hallados más de 30 cadáveres en una zona suní de Irak, en su mayoría decapitados ABC BAGDAD. Los cuerpos de seguridad iraquíes descubrieron ayer los cadáveres de treinta personas, la mayoría de ellos decapitados, cerca de Al Mulaa Abud, en las inmediaciones de Baquba, 65 kilómetros al noreste de Bagdad. Fuentes del Ministerio de Interior explicaron que se envió a la zona a militares iraquíes y a agentes de los cuerpos especiales de la Policía para investigar lo sucedido. Baquba y la provincia de Diyala, donde viven suníes y chiíes, ha sido uno de los escenarios más sangrientos desde que se inició la ola de violencia sectaria en Irak tras el atentado, el 22 de febrero, contra un santuario chií en Samarra. Al descubrimiento de Baquba se suman los cadáveres encontrados ayer de otros diez hombres asesinados a tiros y ahorcados en diferentes áreas de la capital iraquí. Algunos de los cuerpos presentaban signos de haber sido torturados, precisó el capitán de Policía Wisam Saad. Se teme que la mayor parte de los asesinatos se deban a la acción de escuadrones de la muerte chiíes. Cerco a Al Sadr Por otra parte, al menos dieciocho personas murieron ayer en combates cerca de una mezquita chií en el este de Bagdad, informaron la Policía y fuentes allegadas al clérigo chií Muqtada al Sadr. Los militares estadounidenses dijeron que investigaban las diferentes versiones del enfrentamiento, que tuvo lugar en la mezquita Al Moustafa, en el barrio bagdadí de Ur. El director de la oficina de Al Sadr en Bagdad, Abdulzahra al Suaidi, señaló que soldados estadounidenses e iraquíes atacaron sin mediar provocación la mezquita, matando a 18 personas. Mientras, el teniente de la Policía iraquí Hassan Hmoud dijo que 18 personas habían perdido la vida en la mezquita, aunque no proporcionó más detalles. Los enfrentamientos en Bagdad se producen el mismo día en que dos miembros de la milicia radical chií Ejercito del Mahdi de Al Sadr resultaron heridos al estallar dos proyectiles de morteros que impactaron en una vivienda de la ciudad santa chií de Nayaf, a unos 180 kilómetros al sur de Bagdad. Las dos bombas cayeron cerca de la casa de Al Sadr.