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ABC LUNES 27 3 2006 Nacional 21 Síntoma de una clara fractura social BARCELONA. Aunque en ocasiones lo pueda parecer, la violencia no es gratuita, es un síntoma Ésta es la tesis que sostiene el profesor de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona Joan Pujol, especializado en el análisis de problemas sociales. Pujol se explica los estallidos de violencia de los últimos años a partir de la clara fractura que se percibe entre ciudadanía y ciudad. Ahí, el profesor distingue dos épocas claramente diferencidas, Una, alrededor de los años olímpicos, en la que había una innegable comunión entre los ciudadanos y el proyecto Y otra, que se podría calificar como de etapa post fórum donde se constata una clara desafección entre ambos. En este sentido, Pujol entiende los episodios de violencia como una manifestación del sentimiento de expulsión de ciertos sectores, que perciben cómo el progreso de la ciudad- -turistas por doquier, indicadores económicos al alza- -no sólo no les alcanza, sino que les expulsa de la misma. La precarización laboral que se ceba en ciertos sectores o el precio de la vivienda explicarían el no horizonte que alimenta la furia y la violencia. Al respecto, Joan Pujol alerta de la formación de categorías absolutas- -tipo antisistema que acaban por crear y reforzar un fantasma de perfiles indefinidos. Al final, la generalización se vuelve en contra, ya que resta armas para combatir el problema sentencia el profesor en su tesis. El último botellón derivó en un estallido de violencia en las calles del Raval de marzo de 2002. El alcalde Joan Clos habla de manera clara de técnicas de guerrilla urbana incluso de cabecillas que desde las azoteas dirigían los altercados. La utilización de bidones de gasolina y de mazos para reventar cristaleras, o el arrojo que demostraron algunos de los participantes lleva a pensar en auténticos profesionales del disturbio. En un momento de la noche incluso se llegó a desmontar un andamio para usarlo como arma contra los policías. La imagen de contenedores ardiendo en medio de las Ramblas, frente al Liceo, o la de varios jóvenes saqueando un supermercado después de reventar la cristalera, tardarán en borrarse. Aunque las técnicas que utilizaron los alborotadores recuerdan a los de la kale borroka fuentes policiales descartan la componente política de estos incidentes, menos aún la conexión vasca, tradicionalmente anhelada desde algunos sectores del independentismo radical catalán. Según la tesis de los populares, la permisividad con la que los okupas campan en el distrito de Gracia, por ejemplo, estaría detrás de los incidentes en la fiesta mayor, pese a que desde el Consistorio se ha negado repetidamente la implicación squatter en los incidentes. Precisamente, el pasado viernes el pleno del Ayuntamiento rechazó una propuesta del PP para elaborar un plan de seguridad para contener este tipo de violencia. De igual forma, se reclamó una mayor coordinación entre los Mossos d Esquadra y la Guardia Urbana, visiblemente enfrentados después de los errores en el despliegue de la noche del botellón. Un plan de seguridad Desde el grupo municipal del PP siempre se ha acusado al Consistorio de no ser lo bastante contundente con este tipo de grupos, una supuesta tolerancia que ha acabado por desbordar a las Fuerzas de Seguridad y propiciado los estallidos de violencia antes descritos. La cara negra de la antiglobalización La cumbre europea de marzo de 2002 coincidió con el momento de máxima efervescencia del movimiento antiglobalización mundial. A Barcelona llegaron activistas de múltiples países para asistir a un programa de protestas que acabó en una gran manifestación. Reventadores, se diría que profesionales- -se habló en aquel momento de los temidos black bloc detrás de los incidentes en el G 8 de Génova- aprovecharon el final de la marcha para enfrentarse violentamente con la policía. Hubo numerosos heridos. Alcohol, fiesta mayor y disturbios La fiesta mayor del barrio de Gracia ha sido tradicionalmente escenario de episodios violentos. En la edición del pasado año, la intención de la policía local de desalojar las plazas una vez concluidos los conciertos acabó en graves incidentes, unos hechos que sirvieron para precipitar el debate en torno al incivismo y posteriormente la aprobación de una nueva ordenanza al respecto. La masiva presencia de turistas- -también presentes en el botellón en el Raval- -ha internacionalizado la violencia made in Barcelona