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ABC LUNES 27 3 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA ESPAÑA DEL SENTIDO COMÚN Cuando está en juego el interés nacional, no importan las ambiciones personales, el deseo de saldar cuentas pendientes, el descargo de las conciencias abrumadas o las cuotas de oyentes o de lectores... A gente decente quiere el final de ETA. Las víctimas, ejemplo de virtud cívica, más que nadie. En el marco, por supuesto, de un principio irrenunciable en el orden ético y político: que gane la España constitucional y que pierdan los asesinos y sus secuaces. Desafío de alto riesgo. De hecho, está en juego la dignidad de la sociedad española, de las instituciones democráticas y de la clase política. Una vez más- -ojalá sea la última- -capuchas y serpientes asumen el protagonismo. ¿Qué pretenden ahora? Las pruebas son concluyentes. Banda de criminales en declive busca interlocutor apropiado. Zapatero recoge la herencia de Aznar para llevarse- -si le sale bien- -una parte sustancial de la gloria. Injusto, tal vez, pero la política es un simple espejo de la vida. El Pacto por las Libertades (en concreto, la ley de Partidos) es el punto de inflexión. ETA sabe que ha llegado la hora de buscar la puerta de salida. Más débil que nunca por causa de la policía y de los jueces. Con las finanzas ahogadas por la expulsión de Batasuna del juego político legal. El mundo civilizado, otras veces comprensivo, rechaza sin fisuras el terrorismo de resistencia a partir del 11 de septiembre. Faltan jóvenes dispuestos a dejarse engañar por la gran mentira revolucionaria. El momento resulta oportuno también para el Gobierno socialista. La hoja de ruta de la legislatura se está cumpliendo sólo a medias. Primera parte con resultados discretos. El Estatuto catalán sólo convence a quienes menos conviene. Segunda parte. Ahora llega lo mejor: el talante se traduce en paz por medio del diálogo. Apoteosis del socialismo postmoderno. Sin embargo, como decía Constant, sólo hay verdad en los matices Veamos cuáles son. L que no se vulneren las reglas- -muy exigentes- -del Estado de Derecho. Por vía directa o indirecta, eso ya se verá, no le faltarán al nacionalismo radical los cauces de participación y la financiación correspondiente. Llegamos así al mal llamado precio político No es posible adivinar a estas alturas hasta dónde puede llegar el PSOE y hasta dónde quiere llegar el PSE. Es sabido que Cataluña gana nación en el preámbulo y mejora de largo en competencias y recursos. Pero los nacionalistas vascos ya tienen casi todo lo que necesitan, salvo Navarra. Saben que nadie puede escribir autodeterminación o soberanía nacional En cambio, los derechos históricos dan mucho juego para aproximarse al límite mismo del esquema confederal. No en vano son hijos del romanticismo organicista y no de la razón ilustrada. ¿Quién redactará esta vez el preámbulo? a sociedad española intuye que nadie se atreve a trazar una raya entre vencedores y vencidos. Se debate así en el límite sutil entre la esperanza y la indignación, más una dosis considerable de hastío. En todo caso, la España del sentido común no quiere que pase de largo una oportunidad como ésta. Para que todo salga bien, habrá que actualizar el sólido capital moral generado durante la vigencia (material) del Pacto. Es la expresión de un hermoso derecho de resistencia contra la injusticia, cuya secuela han sido las manifestaciones de apoyo a las víctimas. El Gobierno tiene que gestionar con delicadeza y buena fe este caudal de emociones vivas y operantes. Hasta ahora no ha sabido o no ha querido hacerlo. Hace falta un gesto de grandeza que conlleva cierta renuncia a los beneficios partidistas o electorales de la sedicente paz en el País Vasco. Beneficios relativos, si lo piensan con cuidado, más allá de la euforia o incluso de la sonrisa. A efectos de imagen, ETA ya casi ha cumplido su parte. Nadie espera, por supuesto, una rendición con luz y taquígrafos. A partir de ahora, todo será desgaste: un preso que vuelve a casa, un acto semilegal de Batasuna, algún exceso verbal inevitable... Cualquier residuo de extorsión, de acoso físico o moral o de violencia callejera jugará en contra del negociador débil El programa salta por los aires si vuelve a correr la sangre- -Dios no lo quiera- -aunque sea por culpa de sectores ofuscados o marginales. Una banda de asesinos no es un ejército honorable aunque pretenda utilizar un lenguaje similar al de Clausewitz. El PP debe afrontar el desafío con una actitud valiente. Aquí se mide la madurez del cen- L tro- derecha. También, dadas las circunstancias, se juegan muchas de las opciones electorales a corto y medio plazo. Rajoy está en condiciones de hacer valer la trayectoria irreprochable de su partido en la lucha contra el terrorismo. Condición necesaria, pero no suficiente: recibir información fiable y sin reservas. Hay algo más. Si se trata de una causa común, el Gobierno tiene que compartir méritos, sin mezquindades partidistas. Las palabras de Zapatero en el Congreso de los Diputados no sirven de nada si encubren una simple maniobra táctica. La sinceridad se demuestra con hechos. Los populares deben situarse en primera línea del proceso para garantizar el triunfo de la sociedad democrática, como exige el comunicado de las víctimas. Lealtad crítica y actitud vigilante: que no se interrumpan los mecanismos del Estado de Derecho; que los ciudadanos honrados no sufran menoscabo en su dignidad individual y colectiva; que ninguna concesión directa o indirecta ponga en peligro el principio intangible de la soberanía nacional... La oposición no puede equivocar su estrategia: no sólo representa a muchos millones de votantes, sino que debe actuar como referencia de una sociedad desquiciada pero- -paradojas de la psicología colectiva- -también esperanzada. Así las cosas, refugiarse en la indignación sería un regalo inesperado para los promotores del aislamiento. La prudencia más elemental aconseja no ofrecer bazas gratuitas al adversario. urno breve para los medios de comunicación. Cuando está en juego el interés nacional, no importan las ambiciones personales, el deseo de saldar cuentas pendientes, el descargo de las conciencias abrumadas o las cuotas de oyentes o de lectores. Partidos y medios ocupan ámbitos diferentes en una sociedad libre. En democracia no hay lugar para las correas de transmisión ni para las campañas en favor o en contra de una carrera política. Todas las fórmulas están inventadas en la historia- -no siempre ejemplar- -de las relaciones entre la prensa y el poder. Nadie tiene la exclusiva en la defensa de la nación española o en la lucha contra los terroristas. Mucha gente, bastante más de la que parece, reclama moderación y buen sentido. No son tibios o cobardes, compañeros de viaje o enemigos emboscados. Son ciudadanos que se mueven por convicciones. También por decoro. Sobre todo- -que quede claro- -por patriotismo. T L lamamos precio a tres cuestiones distintas, enlazadas entre sí en forma de círculo vicioso: presos, Batasuna y autodeterminación. Es probable que sobre las dos primeras ya estén dibujadas las líneas nucleares del acuerdo. Ante todo, exprimir a tope la política penitenciaria (beneficios, acercamiento, permisos) Luego, gestionar con prudencia las condenas reales y potenciales. Por supuesto que una aplicación gradual de las medidas y el acuerdo con el PP ayudan a encauzar el asunto. En cuanto a Batasuna está ya casi de vuelta, si es que alguna vez se ha ido. Sin embargo, no será posible derogar de forma expresa la ley de Partidos. Acaso cabe eludir su aplicación mediante soluciones imaginativas. Nueva ronda de consultas con expertos y juristas, porque habrá mucha gente vigilando BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas