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26 3 06 (Viene de la página anterior) porque, además de no ser un programa de su mandato el de esta colección magnífica de la Imprenta Artesana de Madrid, lo que está haciendo con el centro Conde Duque no es precisamente alentador. Abandonado a su suerte bajo la promesa, una vez más, de grandes obras y un futuro prometedor, todo sigue como lo dejó Tierno y las goteras y la falta de sitio para cosas tan importantes como la Hemeroteca, el Archivo y la Biblioteca Histórica. Eso sí, todo está lleno de planes, planos y presupuestos aprobados, pero nadie atisba a ver algo en esta legislatura. POR AMOR AL CAMBIO uando Don Alberto se decide a transformar cosas, el asunto se pone casi peor como con el Teatro Español o El Centro Cultural de la Villa. En nombre de una mayor agilidad crea una agencia que es una sociedad anónima con capital 100 por ciento municipal pero con gestión empresarial para gestionar estas dos instituciones. La empresa se llama M. A. C. S. A. (Madrid Arte y Cultura S. A) De esta empresa van a depender las plantillas de dichos centros con carácter laboral, incrementa personal, burocracia de tramitación y se convierte en una maquina de contratación sin que nadie observe mejora en la programación de dichas instituciones, a menos que se consideren mejoras los abucheos al alcalde por no respetar los convenios laborales anteriormente contraídos. Todavía muchos no entendemos bien qué pasó con una de las mejores directoras culturales que ha tenido Madrid, Teresa Moreno, hija del exiliado catedrático Enrique Moreno Báez, que trabajó plural y eficientemente en el Centro Cultural de la Villa desde Tierno Galván, y fue destituida por el amable Gallardón, cuando su labor por productiva, diversa y sin censuras, complacía a derechas e izquierdas, a intelectuales y público. A lo mejor precisamente por eso tuvo que dejar la dirección tras tantos años al frente. Su padre, que recibiese en Londres a exiliados como él, de la talla de Luis Cernuda, y ella misma han sido agasajados en la Universidad de Santiago de Compostela, a la que se ha cedido su biblioteca. Y es que, señor Gallardón, no basta con prometer y querer cambiar las cosas, además hay que saber cómo y respetar a los que saben hacerlo. Ya lo ha dicho el poeta Derek Walcott: El poeta ama la palabra; los políticos la violan C Camila Parker, la sabia, con su esposo, el Príncipe Carlos, lector de Agatha Christie El mejor partido es un arqueólogo Pasarela ROSA BELMONTE H ace tiempo que Sharon Stone pasó la línea de sombra de la que escribió Joseph Conrad, ese foso invisible que separa la juventud y la madurez, aunque la muy asquerosa se pase la línea por el cruce de piernas. En parte gracias a Dios, en parte gracias a la buena elección de cirujano (desapareció y de pronto apareció en el Festival de Cannes del año pasado como si se hubiera caído en la marmita de Gerovital) en parte gracias a Dior. A los veinte años se tiene la belleza de su propia edad. A los cuarenta, aquella que se ha elegido dice la tía en la publicidad de la casa de cosméticos. Pues anda que no hay marmolillas. Pudiendo elegir la cara de la Stone, eligen tener la de la bruja del Oeste. Por gusto, no te digo. Pero ya me corto bastante a la hora de decir quién es atractivo y quién no. Sobre todo desde que he conocido esa encuesta de In touch que ha elegido a Maddox el más guapo hijo de famosos. Debe de ser alguna querencia por lo exótico. Bien está que no se elija a Paquirrín o a la hija de Kurt Kobain y Courtney Love, que se ha convertido en una osa, pero el hijo de Angelina Jolie tiene una sola ceja y la cara como si se hubiera estampado contra una puerta. En fin, vuelvo a Sharon Stone, a la que tenía en un pedestal. Por maciza y porque una vez echó a su marido (el director de periódico) a que se lo comiera un dragón de Komodo como el que no quiere la cosa. Nadie la culpó en su día, pero seguro que fue ella la que lo convenció de que se metiera en la jaula con las zapatillas blancas que tanto gustan a los Sharon Stone, con su tarta, después de la risa tonta EFE bichos esos. La tenía en un pedestal y se me ha dado un batacazo por una risa tonta. Le regalan una tarta de cumpleaños en la rueda de prensa del Villamagna y a la rubia lista le da la risa tonta. Una risa de las que hunden. Sin embargo, a Penélope Cruz no la hunde nadie. En serio, si no lo hace la pinta de su padre, con esas gorras, levitas y botas de piel de serpiente que gasta no la hunde ni un torpedo. Aunque abra la boca. Aunque tenga esa voz. Con la Tintín en Egipto. No, Camila en Egipto. Con salacot. Ésta sí que ha cruzado ampliamente la línea de la sombra. Pero le da igual. Ha superado cualquier prueba de aceptación