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26 3 06 SIETE DE SIETE (Viene de la página anterior) bre negociaciones y sobre la disposición de ETA a dejar de matar. DE TRUFAS Y CHIVATOS tro nombre: Alberto Sáez. Muchas flechas apuntan estos días hacia el CNI y hacia los análisis e informes del CNI. Sáez es incondicional de Bono, que le nombró, pero ha conectado muy bien con Zapatero y hay quien asegura que en este proceso ha informado al presidente de forma directa y no al ministro de Defensa, al que han dejado al margen al igual que el resto de los ministros con excepción de María Teresa Fernández de la Vega y, un poco, José Antonio Alonso. Y aún me apuntan algo más: ETA está más trufada que un gruyère, por eso Sáez dispone de muy buena información. Pero además el CNI tiene entre sus topos a un dirigente de Batasuna. No sería la primera vez que hay chivatos en el mundo abertzale, nadie habla ya de un famosísimo abogado de etarras de los tiempos duros del terrorismo, que despachaba habitualmente con el comisario Ballesteros, responsable entonces de la lucha contra ETA. Esperemos acontecimientos. Hay mucha gente reticente ante la tregua- -Mayor Oreja se lleva la palma- -y que además utiliza argumentos aparentemente sólidos para justificar esas reticencias. Pero lo que te pide el cuerpo es no creerlos, para que podamos disfrutar de este cuarto de hora de esperanza antes de que se tuerzan las cosas. O no. Con un poco de suerte no se tuercen y dentro de unos meses, años según Zapatero, estamos brindando por el fin definitivo del terrorismo y sin cesiones que nos llenarían de vergüenza. Soñar no cuesta dinero. O Ángel Ron, savia nueva para la presidencia del Popu aunque no por sorpresa J. PRIETO El adiós de de sagas Economía JESÚS GARCÍA ¿Y EL ESTATUT? Q ue los árboles no nos impidan ver el bosque, que la tregua no impida que sigamos de cerca el debate sobre el estatuto catalán, que esta semana tendrá su día de gloria cuando sea aprobado por el pleno del Congreso. Me dice Rubalcaba que ni uno solo de los diputados del PSOE le ha hecho ningún tipo de guiño, guiño triste, por verse obligados a aceptar lo que quieren rechazar. Es lógico, los que nos lloran en el hombro a algunos periodistas no son precisamente valientes muchachos dispuestos a poner en riesgo escaño y sueldo. Prefieren el silencio y el saludo amable al portavoz de su grupo parlamentario. na nueva generación de ejecutivos pide paso en esta España que cada día se asoma al precipicio energético. Esta semana, el Banco Popular ha dicho adiós a la saga de los Valls, elegantes, cultos, independientes. Y en los próximos días se despide otro clásico, Íñigo de Oriol, de Iberdrola. Pocas veces en tan poco tiempo se habían tomado decisiones tan importantes en el cuartel general del Banco Popular, la entidad en boca de todos esta semana. Decíamos aquí que Luis Valls, el banquero florentino hecho de una pieza, se había ido sin dejar solucionada su sucesión ligada a la idea de independencia. Han pasado escasos quince días para arreglar la sucesión que ha recaído como mandan los cánones en Ángel Ron, 43 años, savia nueva, pero conocida para la entidad. La idea de la copresidencia ya no tenía sentido y Javier Valls, 75 años, no ha tardado en dejar el camino expedito al joven que con 21 años entró en el grupo en Galicia como asistente jurídico y que ha llegado a lo más alto 22 años después a base de duro trabajo codo a codo con Luis Valls. El que ha sido el banco más rentable de España por excelencia, la caja de los bancos ha sufrido estos días con la salida de Javier Valls un fuerte calentón en su acción. En el mercado se ha llegado a U La salida de Javier Valls ha coincidido con un calentón del Popular en Bolsa. La eficiencia del banco es un blindaje contra las ofertas, pero tal vez novios no le falten plantear la posibilidad de que hasta el BBVA pudiera estar interesado en crecer hacia dentro, vistas las dificultades existentes en el exterior. Al fin y al cabo el Popu vale 15.000 millones de euros en bolsa, algo más que el precio que pedían por BNL. Eso sí, por lo menos habría que pagar un 20 por ciento más. La eficiencia del banco es ya de por sí un blindaje contra las ofertas pero también lo es el 10 por ciento de la sindicatura de accionistas, el 6,1 que tiene el multimillonario portugués Américo Amorín y el 9 de Allianz, que se ha visto obligado a hacer pública su lealtad al banco para que dejen de llamar a su puerta. Novios no le faltan, sobre todo en Francia. Ángel Ron debe definir el futuro de la entidad, solo como hasta ahora o sumando otros, y buscar revulsivos para la acción más allá de las especulaciones. En los dos últimos años el Popu apenas había mejorado un 5 por ciento y ahora en tres meses avanza un 20 y siempre se le ha criticado lo cicatero en el dividendo. La independencia había sido hasta ahora la bandera de los Valls que salvaron al banco de las aventuras latinoamericanas a