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26 3 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Cardenales Mil años bajo el peso de la púrpura Ser cardenal hoy es una gran carga de trabajo que en nada se parece a las leyendas que se formaron en el Renacimiento, pese a que la ceremonia de nombramiento sigue conservando su solemnidad POR JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL EN ROMA l vistoso color rojo púrpura ha sido, desde hace milenios, el de la máxima dignidad. Era exclusivo de los emperadores de Roma y es, desde tiempo inmemorial, el color distintivo de los cardenales, dispuestos a derramar la propia sangre por la fe cristiana, por la paz y la tranquilidad del pueblo de Dios, y por la libertad de la Iglesia Los quince nuevos cardenales- -incluido el español Antonio Cañizares- -que escucharon esas pa- E labras a Benedicto XVI el viernes en la Plaza de San Pedro, sabían perfectamente que entraban en terreno peligroso. Recibir la birreta púrpura de manos del Papa añade un peso sobrehumano, y casi debería llevar escrita una advertencia: este distintivo puede dañar gravemente la salud Las novelas populares gustan de intrigas cardenalicias al estilo del Renacimiento, pero hoy los purpurados llevan una carga muy intensa, mezclada con el jet lag Aunque la literatura popular y el torrente de novelas de intriga en el Vaticano suelen recrear estilos de los cardenales del Renacimiento- -con frecuencia, abanderados de grandes familias italianas- -la realidad es mucho menos apasionante que la ficción. Ser cardenal ya no es un gran cargo sino, sobre todo, una gran carga Las ceremonias en la Plaza de San Pedro son muy vistosas- -quizá las mejores del mundo- pero el trabajo que cada purpurado tiene que realizar en la Curia vaticana o en su ciudad de origen ha crecido de modo arrollador en los últimos decenios a medida que el público espera que su obispo o su cardenal resuelva todos los problemas y de modo inmediato. El Colegio Cardenalicio cuenta más de mil años y se ha adaptado a cada momento histórico pero, en los últimos tiempos, su tarea no ha hecho más que aumentar. Por eso, en la ceremonia del viernes, la lectura del Evangelio no podía ser más desalentadora: Jesús, camino de Jerusalén, advertía a unos apóstoles desconcertados su inminente arresto, tortura, y ejecución de modo ignominioso. Los nuevos purpurados cogían al vuelo el mensaje. Sobre todo los arzobispos de frontera como el de Hong Kong, Joseph Zen Ze- kiun, quien tiene que vérselas con el régimen comunista chino; el de Caracas, Jorge Liberato Urosa Savino, que lidia con Hugo Chávez; o el de Seúl, Nicolás Cheongjin- suk, que debe hacer de puente entre dos Gobiernos enfrentados y ayudar a los cristianos perseguidos en Corea del Norte. Como un Senado del Papa Pero en todo caso, a pesar de las preocupaciones, la ceremonia era muy alegre, y el encuentro desbordaba clima de fiesta. El Papa había escogido a cada uno de ellos como colaborador directo en esta especie de Senado que colabora estrechamente con el sucesor de Pedro en la tarea de su ministerio apostólico universal Para quien era, ya antes de recibir la birreta, arzobispo de una gran sede histórica como Toledo o de una gran ciudad como Caracas, el nombramiento de cardenal no le quita ninguna de sus responsabilidades en la diócesis y, en cambio, añade la de ayudar directamente al Papa y la de velar por la Iglesia universal. Si un obispo tiene, en muchos aspectos, preocupaciones similares a las de un padre de familia muy numerosa, la púrpura añade el deber de preocuparse por los problemas de toda la Iglesia y los de todo el mundo, que no son pocos. Como cardenales, son consejeros personales del Papa, no solo cuando les cita en Roma sino en El cardenal Peter Poreku Dery de Ghana es transportado en su silla de ruedas hasta Benedicto XVI para la imposición del anillo REUTERS