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20 Nacional ALTO EL FUEGO DE ETA DOMINGO 26 3 2006 ABC (Viene de la página anterior) na de 1992. Tiene razón el ex presidente González al señalar, como acaba de hacer, que el golpe dado a la banda inmediatamente antes en Bidart, en marzo de ese mismo año, fue de una eficacia más que considerable. Tras una larga investigación de la Guardia Civil, la policía francesa detiene en esa localidad vascofrancesa a la cúpula de ETA. La banda quedó descabezada y desarbolada y, al mismo tiempo, se reveló que empezaba a ser falso el mito tantos años repetido de que, en la lucha policial, no se podía ir más allá de un desanimante empate infinito ETA ensaya una nueva tregua pretendiendo iniciar conversaciones con el Gobierno en Sato Domingo, en donde estaba Eugenio Etxebeste, que no se materializan. Aparece la lucha callejera Aparece entonces la lucha callejera y la estrategia de asesinar a los militantes de los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP. Pero el daño que el terrorismo causaba no ocultaba el que había sufrido la propia ETA que, en su Alternativa Democrática de 1995, propiciaba, más que la negociación con el Estado, la unión de los na- tó después hacerlo mediante los asesinatos. El Gobierno de Aznar se convenció de que, ajustando la firmeza al Estado de Derecho y a la aceptación de que la batalla era tan dura como duradera, inició una enérgica política antiterrorista convencido de que se podía acabar con ETA. Implicaba además la idea práctica de que la banda no eran solo los pistoleros, sino también el entramado que ETA había construido y en el que se enraizaba sus apoyos políticos y económicos, la capacidad de chantaje y la protección institucional. Se añadió a ello el eficacísimo Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que añadía la permanencia de una política independientemente de que gobernaran populares o socialistas y el aislamiento de la banda y de quienes, de una u otra manera, colaboraran o se aprovecharan de ella. La debilidad ÁLVARO DELGADO- GAL EQUILIBRIO PROVISIONAL E En 1998 se quiso apartar a los constitucionalistas mediante el acuerdo de Estella; después, mediante asesinatos Zapatero, Aznar y Arenas, en la firma del Pacto Antiterrorista cionalistas para conseguir los objetivos que decían tener en común, ya que discrepaban en los medios Ese mismo año se lleva a cabo en Vallecas otro de los más sangrientos atentados en el que muren seis personas que trabajaban para la Armada. Pero al final de esa década, en 1998, se alcanza ese buscado acuerdo con los partidos nacionalistas que dará lugar al Acuerdo de Estella y la tregua que duró hasta diciembre del siguiente año. La tregua y las exigencias se ofrecían a los partidos nacionalistas y se formulaban contra los que no lo eran, a los que se pretendía excluir de un futuro espacio político vasco. Pero fueron esas exigencias las que hicieron imposible el acuerdo después de otro fracaso negociador concretado en la reunión en Suiza de dirigentes de ETA con representantes del Gobierno español. Se quiso apartar a los constitucionalistas mediante el Acuerdo y se inten- CHEMA BARROSO La historia de ETA puede escribirse también de otro modo: con los nombres de los 840 asesinados de ETA, fruto de esta política, es el dato objetivo con el que el actual Gobierno confiaba en el fin de la violencia. Al parecer, ha habido también contactos directos e indirectos hasta el alto el fuego permanente del pasado día 24. Pero la historia de ETA, aquí resumida hasta el extremo, puede escribirse también de otro modo: reproduciendo los nombres de las 840 víctimas mortales, de los secuestrados, amenazados, dañados en su vida y en su hacienda, aterrados. Y subrayando la enfermedad moral que en el País Vasco y fuera de él ha producido. l miércoles pasado ETA anunció un alto el fuego permanente El adjetivo permanente aplicado a alto el fuego suena raro, rarísimo. Los alto el fuego pertenecen a la especie o categoría de las treguas, y las treguas son pausas: empiezan con la cesación voluntaria de una actividad y concluyen con su reanudación, voluntaria también. Cuando no se sabe cuándo tendrá lugar lo segundo, o si tendrá lugar en absoluto, se habla de tregua indefinida Pero jamás de tregua permanente que vale por perpetua Las treguas perpetuas encierran un oxímoron, una paradoja, o por lo menos, una violencia a la gramática. Hago estas ponderaciones previas, porque la doblez a que acabo de referirme se repite a lo largo de todo el comunicado. La banda no renuncia, en sustancia, a sus reclamaciones clásicas: autodeterminación y territorio. Ahora bien, tampoco las llama por su nombre. Parece como si se hubiese estado indagando una fórmula orientada a conciliar la doctrina etarra tradicional, con la necesidad en que se halla el Gobierno de entablar conversaciones formales sin que cobre cuerpo la sensación de que se ha tirado en plancha a la piscina. Ello induce a pensar que nos enfrentamos a un texto consensuado. Si lo del consenso parece demasiado fuerte, dejémoslo en guiños de ojo y levantamientos de ceja, como en el mus. La confirmación de que los contactos con la banda vienen de lejos, avala la conjetura. Resulta conveniente, y muy revelador, comparar el Pacto Antiterrorista suscrito por el PP y el PSOE en diciembre del 2000, con la declaración congresual del 2005. El mensaje, en el primer caso, era inequívoco: se descartaban las concesiones políticas, a la vez que se proclamaba la vigencia de la Constitución y el Estatuto de Guernica. En otras palabras: se decía, negro sobre blanco, de qué no se podía discutir con ETA. La moción del Congreso, sin embargo, defiende, y simultáneamente veda, la negociación política. En el apartado segundo, los congresistas aseveran que la política puede y debe contribuir al fin de la violencia al tiempo que se limitan a exigir a los terroristas, como premisa del diálogo, la clara voluntad de rendir las armas. Poco más abajo, cambian las tornas. Leemos que la violencia no tiene precio político Es obvio que hay aquí algo que no encaja. En el trato político, se dan y se reciben cosas. Las cosas que se dan constituyen, por definición, un precio político. Aceptar implícitamente un precio político, y negarlo a continuación, es hacer trampa. Surgen también dudas legítimas sobre qué demonios significa la clara voluntad de rendirse. Tener la clara voluntad de rendirse, no es rendirse. Equivale más bien a justificar la esperanza o expectativa de una rendición. Entre ambos hechos o actitudes se interpone una distancia... interesante. En mi opinión, la distancia que el Gobierno ha estado dispuesto a tolerar llegó a ser considerable en cierto momento. En una entrevista al director de ABC en el mes de febrero, Zapatero afirmó que el Gobierno no estimaba imprescindible una declaración de ETA para iniciar una negociación formal. Se daría por contento si existían indicios suficientes de que ETA preparaba su disolución. Estas vaguedades dejan, por decirlo suavemente, las manos muy sueltas a los malabaristas de la política. Por fortuna para Zapatero, ETA se ha determinado a ser locuaz. Por supuesto, no se ha rendido. Pero ha echado un cable precioso al Gobierno. El caso es que, salvo sorpresas, habrá negociación, una negociación a lo largo de la cual se intercambiarán bienes y servicios. ¿De qué genero? Según los maquiavélicos, existen protocolos secretos, escritos en una escritura invisible que los maquiavélicos leen e interpretan conforme a lo que les dicta su fantasía libérrima. Yo prefiero una interpretación distinta. Estimo que el Gobierno y ETA han llegado a un punto de equilibrio provisional. ETA quiere entrar en contacto con el dinero de las diputaciones, y necesita, en consecuencia, que HB haya sido legalizada antes de que se celebren las elecciones forales del 2007. Por eso ha movido ficha. El deseo de ETA es absolutamente comprensible. Pero ¿qué persigue el Gobierno? La respuesta no es simple. Casi con seguridad, Zapatero y un sector del PSOE siguen cultivando la teoría de que los terroristas terminarán encajándose en el entramado civil si se larga carrete y se les permite deambular un rato entre las bambalinas de la política respetable, o en todo caso, no criminal. Además, el Gobierno no quiere que su gran iniciativa se estanque indefinidamente. El estancamiento conduce a la parálisis, y al cabo, a la pudrición. Gobierno y ETA, en una palabra, alojan intereses complementarios a corto plazo. Cada uno intenta subirse sobre el otro para ganar altura. ¿Y el largo plazo? Presumo que ETA procurará calentar el ambiente y crear una crecida oceánica a favor de la autodeterminación. O intentará debilitar aún más al Estado por el procedimiento de que se asigne a un organismo internacional la supervisión de un proceso que derivaría rápidamente en bilateral. Expresado alternativamente: que desmentiría, por su propia naturaleza, el derecho del Congreso a decidir qué forma parte de España, y qué no. Sobre los proyectos futuros del Gobierno, carezco de hipótesis coherentes.